Alegra resucita viejos sillones en piezas únicas

Autodidacta y creativa, Jorgelina Mantecón tiene su propio taller. Restaura muebles con una cuidada selección de colores. Sueña con ampliar su emprendimiento.



´La joven se inició en el oficio haciendo muebles para su propia casa cuando se mudó del hogar paterno. (Foto: Yamil Regules)

´La joven se inició en el oficio haciendo muebles para su propia casa cuando se mudó del hogar paterno. (Foto: Yamil Regules)

“¿Por qué no a mí?” fue la pregunta que se hizo Jorgelina Mantecón antes de largar su emprendimiento de muebles de diseño, Alegra. Se animó y hoy, a poco más de un año de haber abierto su taller, busca alquilar un lugar más grande y seguir expandiéndose.

La joven de 26 años trabaja desde los 14 porque, según dijo, nació pobre y tiene gustos caros. Le gusta ir al cerro a esquiar y también practica kitesurf, deportes algo costosos. Por eso, tuvo trabajos que no siempre le gustaron, como el de promotora, pero que le permitían hacer otras cosas que sí le gustaban.

“Trabajaba por un tiempo, ahorraba y me iba de viaje”, contó Jorgelina.

Así fue que conoció gran parte de Europa y el sudeste asiático. “En India me encontré a mí misma”, enfatizó, y por eso al volver de su viaje decidió abrir un taller y comenzar con su emprendimiento de muebles de diseño.

Según contó, “la idea nació de la nada misma”, ya que no estudió en un colegio técnico, donde muchos suelen aprender el oficio, ni tampoco viene de una familia donde se practicara la carpintería. “Aprendí mirando tutoriales en Youtube y después fue todo prueba y error. No hice un curso de nada pero me gustaría estudiar diseño del hábitat. Es una materia pendiente”, sostuvo.

Aprendí todo mirando tutoriales de Youtube. Nunca hice un curso. Pero me gustaría estudiar diseño del hábitat”.

Jorgelina trabaja desde los 14 años. Tiene 26.

El emprendimiento “se fue dando”. Relató que cuando se fue a vivir sola comenzó a hacerse sus propios muebles, lo subía a las redes y la gente se mostraba interesada. Un día una amiga le preguntó si le vendía sus muebles, a lo que le contestó: “¿Cómo te voy a vender mis muebles?”. Entonces empezó a fabricar otros que sí estuvieran a la venta.

Montó un taller y a menos de un año ya le quedó chico. Además está buscando quien le administre las redes sociales, sobre todo Instagram, ya que “aunque parezca mentira, te saca mucho tiempo con el tema de contestar los mensajes y subir las fotos con regularidad”.

Jorgelina aseguró que venía de un año de buenas ventas, hasta que en agosto notó un ligero cese. “Las crisis las pasamos todos, te ajustás en un montón de cosas pero se pasan. Yo me asusto a veces porque mis muebles son muy caros pero hay gente que me compra”, destacó.

La joven se dedica a lo muebles antiguos. Como los esqueletos nuevos son muy caros, explicó que por ahora está restaurando estructuras viejas.

De todas formas, comentó que desecha todo y hace el mueble casi desde cero. “Los muebles viejos son algo aburridos y a mí me gusta trabajar con muchos colores. Busco que sea algo divertido”, indicó.

“Hay que creérsela y perder el miedo”

Acostumbrada a trabajar para costear sus “gustos caros”, Jorgelina subrayó que ahora disfruta plenamente de su emprendimiento. “Nunca antes me había pasado de concentrar mi energía en mi trabajo”, señaló y agregó: “Disfruto mucho de estar acá, las horas del día se me pasan volando”.

La joven contó que viajó por muchas partes del mundo, pero que cuando se puso a pensar en que tenía que asentarse en alguna parte sintió que quería quedarse en Neuquén. “¿Pero haciendo qué? Y fue cuando me fui a vivir sola y empecé a hacerme mis muebles que descubrí que me encanta la carpintería”, narró.

Animó a aquellos que aún no encuentran su vocación a que se animen. “Hay que creérsela. Uno muchas veces es infeliz trabajando en una oficina y no se anima a hacer lo que le gusta por miedo a que le vaya mal”, enfatizó. De todas formas, reconoció que es muy difícil hallarse a veces: “A mí me costó un montón. Tuve mucho miedo cuando abrí mi primer taller”, dijo.


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