“Algo más que filosofar”
Dr. Héctor Ciapuscio: Me sorprendió su contribución en el diario “Río Negro” del 27 de julio último. Este es un tema muy alejado de las preocupaciones de la mayoría de las personas. La parte sobresaliente del artículo es, creo yo, la increíble y maravillosa respuesta que da Tolstoi a su amigo Chejov. Yo la envié a mis amigos sin dar detalles para dejarlos con la intriga, sólo mencioné su origen en el diario y algunos imaginaron que tendría relación con la política. En verdad, sí, tiene relación, pero con la política de un futuro todavía remoto. Luego, examinando algunos puntos sueltos del artículo, puedo notar los típicos prejuicios que vienen con este tema. Por ejemplo, dice Montaigne mientras juega con su gata: “¿Cómo estar seguro de que no juega ella conmigo?”. El tango responde: “Como juega el gato maula con el mísero ratón”. La gata juega y Montaigne se divierte, pero el ratón no. Los tres ocupan distintos lugares en la escala del poder. Tolstoi sintetizó un anhelo que sienten (aunque muchos no se percaten) todos los humanos, pero extender ese anhelo a todos los seres vivos entra ya en los misterios de la fe. La ciencia puede decir lo suyo porque ella también es una forma de fe: consiste en creer que todo tiene una explicación y que para lograrla hay que hacer experimentos y teorías y usar las matemáticas. Hay afirmaciones que merecerían una definición más precisa de sus términos, como las que hacen Spinoza y Schopenhauer. Muchos filósofos han dedicado parte de su tiempo a los animales y creo injusto olvidar a Albert Schweitzer, uno con un curriculum gigantesco como hombre total, que no sólo hizo filosofía sino que la puso en práctica y se acercó al anhelo de Tolstoi. También hay humanos, como la naturalista norteamericana Dianne Fossey y el monje budista de Sri Lanka Bowatte Indaratna que, ¡cada cual con su estilo !, dieron sus vidas en defensa de los animales. Esto ya es algo más que filosofar. Enrique J. Campitelli DNI 4.267.347 Bariloche
Enrique J. Campitelli DNI 4.267.347 Bariloche
Dr. Héctor Ciapuscio: Me sorprendió su contribución en el diario “Río Negro” del 27 de julio último. Este es un tema muy alejado de las preocupaciones de la mayoría de las personas. La parte sobresaliente del artículo es, creo yo, la increíble y maravillosa respuesta que da Tolstoi a su amigo Chejov. Yo la envié a mis amigos sin dar detalles para dejarlos con la intriga, sólo mencioné su origen en el diario y algunos imaginaron que tendría relación con la política. En verdad, sí, tiene relación, pero con la política de un futuro todavía remoto. Luego, examinando algunos puntos sueltos del artículo, puedo notar los típicos prejuicios que vienen con este tema. Por ejemplo, dice Montaigne mientras juega con su gata: “¿Cómo estar seguro de que no juega ella conmigo?”. El tango responde: “Como juega el gato maula con el mísero ratón”. La gata juega y Montaigne se divierte, pero el ratón no. Los tres ocupan distintos lugares en la escala del poder. Tolstoi sintetizó un anhelo que sienten (aunque muchos no se percaten) todos los humanos, pero extender ese anhelo a todos los seres vivos entra ya en los misterios de la fe. La ciencia puede decir lo suyo porque ella también es una forma de fe: consiste en creer que todo tiene una explicación y que para lograrla hay que hacer experimentos y teorías y usar las matemáticas. Hay afirmaciones que merecerían una definición más precisa de sus términos, como las que hacen Spinoza y Schopenhauer. Muchos filósofos han dedicado parte de su tiempo a los animales y creo injusto olvidar a Albert Schweitzer, uno con un curriculum gigantesco como hombre total, que no sólo hizo filosofía sino que la puso en práctica y se acercó al anhelo de Tolstoi. También hay humanos, como la naturalista norteamericana Dianne Fossey y el monje budista de Sri Lanka Bowatte Indaratna que, ¡cada cual con su estilo !, dieron sus vidas en defensa de los animales. Esto ya es algo más que filosofar. Enrique J. Campitelli DNI 4.267.347 Bariloche
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