Análisis: El laberinto del retroceso

Por Redacción

Seis meses demoró la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales para dar un solo paso.

Tamaña dificultad para completar el proceso de elección del decano revela qué tan grave es el deterioro institucional en el asentamiento roquense de la UNC. Y anticipa la complejidad del escenario a futuro para Juan Manuel Salgado, ratificado finalmente en el cargo que dejó el 10 de mayo.

La aventura «democratizadora» que iniciaron las agrupaciones estudiantiles con representación en el Consejo Directivo emergió como el obstáculo público para la normalización de la facultad.

Todo terminó como se preveía: el objetivo inicial desarticulado y la verdadera intransigencia de los grupos radicalizados a la vista de todos, condicionando hasta último momento la posibilidad de aquietar las aguas en un mar que no soportaba nuevas marejadas.

De todas maneras, atribuir responsabilidades absolutas a grupos que en algunos casos no tienen siquiera una mínima influencia en la vida de la región significaría contar la historia en forma parcializada.

En la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, paradójicamente formadora de profesionales del derecho y la comunicación, hubo reiteradas interpretaciones subjetivas sobre las normas, nula predisposición al diálogo y constantes presiones políticas internas. Y no fueron precisamente jóvenes soñadores con la democracia quienes alentaron, avalaron o protagonizaron esas acciones.

Por eso la paz tras la elección del decano tendrá fecha de vencimiento cercana si la comunidad educativa no reconoce sus incapacidades para generar un ámbito plural en el camino hacia cada decisión orgánica.

Salgado reasumirá el decanato en medio de la fragilidad que representa continuar con los siete consejeros que apoyaron a Omar Jurgeit en la oposición y sabiendo que el apoyo logrado el viernes de los tres representantes estudiantiles no será una constante.

Seis meses después, cabe preguntarse de qué sirvió el proceso protagonizado por estudiantes, consejeros y el resto de los que a diario conviven en al Facultad de Derecho.

El laberinto construido desde mayo no permite advertir más que un retroceso, precisamente en el sitio donde la diversidad debería ser una inagotable fuente de riquezas.


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