Andie McDowell se lo merece

La actriz, cara de una marca cosmética, habla del filme que hará con su hija y de su pasado.

Redacción

Por Redacción

Sentada junto a su hija de ojos azul intenso, la actriz Andie MacDowell repasa su historia, desde su pasado de “intocable” por su mala actuación en “La Leyenda de Tarzán” hace 30 años, hasta su presente de estrella rentable y rostro de belleza eterna para L’Oreal. La protagonista de “Sexo, Mentiras y de Video” y de “Cuatro Bodas y un Funeral” -un clásico entre las comedias románticas-, protagoniza junto a su hija Rainey Qualley “Mighty Fine”, una película independiente que se estrena el viernes en Estados Unidos y en la que ambas interpretan a madre e hija. “Trabajábamos como colegas en el set, pero luego volvíamos al hotel y ella podía ser mi mamá de nuevo”, dice Raynie, de 23 años, cantante y estudiante de actuación que debuta en la gran pantalla de la mano de su madre. “Ella se presentó a la audición”, aclara MacDowell. “Yo ya estaba en el elenco, pero no dije nada sobre mi hija. Nunca le pediría a nadie que contrate a mi hija”. En el drama familiar coprotagonizado por Chazz Palminteri, Rainey -hija del primer marido de MacDowell, el ex modelo Paul Qualley- interpreta a una estudiante de secundaria rebelde, mientras su madre encarna a una ama de casa de los años 1970. La actriz estadounidense de 54 años, que ha sido durante 25 la cara de L’Oreal, se ruboriza y dice “Ay, Dios mío” cuando se le recuerda que la revista “People” la nombró, en dos ocasiones, una de las 50 personas más hermosas del mundo. “Esa cosa de People”, desestima. Pero MacDowell asegura que, a medida que ha pasado a promocionar productos antiarrugas, se ha sentido cada vez más comprometida con la responsabilidad de ser una modelo de mediana edad. “Significa mucho más para mí representar a mujeres de 54 y decirles ‘Ustedes son hermosas, tienen valor’. Es fácil para nuestra cultura aceptar a la gente joven. Es más difícil aceptar a las mujeres cuando comienzan a envejecer y a ser menos hermosas”, dice la actriz, en la entrevista, en un hotel en Hollywood. “Como cualquiera, yo también me cuestiono a mí misma cuando estoy insegura. Una de las cosas que he tenido que hacer es analizar mi relación conmigo misma. Porque si yo voy a ser la mujer que dice ‘Porque tú lo vales’, yo también tengo que valer”, afirma, refiriéndose al eslogan del gigante francés de la cosmética. “Pero soy humana, así que es una lucha que tengo que hacer día a día”. Ella, como cualquier ser humano, también se maquilla en el automóvil de vez en cuando. “Hay que tener cuidado de no clavarse el lápiz en el ojo, hay que maquillarse cuando el semáforo está en rojo”, recomienda MacDowell, sin cirugías estéticas evidentes, afecta al yoga y de risa generosa. “La cuestión es que vamos a envejecer, punto. Y la alternativa es mucho peor. Así que es muy importante encontrar tus propios valores a medida que envejeces”. El salto de “intocable” a estrella Cuando se le pregunta sobre el peor episodio de su carrera, MacDowell acepta de buen grado hablar de ello. Tenía 23 años cuando protagonizó junto a Christopher Lambert “Greystoke: La Leyenda de Tarzán”, que se estrenó en 1984. La película tuvo un gran éxito de taquilla, pero en parte gracias a que la actriz Glenn Close dobló la voz de MacDowell, quien fue incapaz de simular el acento inglés. “Eso fue enorme. Es difícil tener éxito en esta industria. Pero superar eso, fue un milagro. Eso podía haberme matado”. ¿Cómo lo superó? “Tomé muchas clases”, responde. “Realmente no quería que ese fuera el final de mi carrera. Trabajé mucho y no me rendí en mucho tiempo, pero no fue fácil”. “Después Joel Schumacher me dio trabajo en ‘St. Elmo’s Fire’ ( “El primer año del resto de nuestras vidas”, 1985). Le debo mi vida. Él salvó mi carrera, porque yo era una intocable y él me contrató”. Pero siguió siendo una “intocable” hasta los 30 años, cuando trabajó para Steven Soderbergh en “Sexo, Mentiras y Video” (1989) a pesar de que los productores se habían opuesto a contratarla. Luego vinieron “Green Card” (1990), con Gérard Depardieu, “ Hechizo del tiempo”, con Bill Murray, y “Cuatro Bodas y Un Funeral”, con Hugh Grant (1994), y desde entonces se estableció como una estrella hollywoodense. “Y ya no tuve que ir a audiciones. Fue increíble. Fue de la noche a la mañana. La cuestión con este negocio, es que cuando a la gente le gusta tu trabajo, y les haces ganar dinero a los estudios, estás listo”, dice. Y suspira de alivio. (AFP)


Sentada junto a su hija de ojos azul intenso, la actriz Andie MacDowell repasa su historia, desde su pasado de “intocable” por su mala actuación en “La Leyenda de Tarzán” hace 30 años, hasta su presente de estrella rentable y rostro de belleza eterna para L’Oreal. La protagonista de “Sexo, Mentiras y de Video” y de “Cuatro Bodas y un Funeral” -un clásico entre las comedias románticas-, protagoniza junto a su hija Rainey Qualley “Mighty Fine”, una película independiente que se estrena el viernes en Estados Unidos y en la que ambas interpretan a madre e hija. “Trabajábamos como colegas en el set, pero luego volvíamos al hotel y ella podía ser mi mamá de nuevo”, dice Raynie, de 23 años, cantante y estudiante de actuación que debuta en la gran pantalla de la mano de su madre. “Ella se presentó a la audición”, aclara MacDowell. “Yo ya estaba en el elenco, pero no dije nada sobre mi hija. Nunca le pediría a nadie que contrate a mi hija”. En el drama familiar coprotagonizado por Chazz Palminteri, Rainey -hija del primer marido de MacDowell, el ex modelo Paul Qualley- interpreta a una estudiante de secundaria rebelde, mientras su madre encarna a una ama de casa de los años 1970. La actriz estadounidense de 54 años, que ha sido durante 25 la cara de L’Oreal, se ruboriza y dice “Ay, Dios mío” cuando se le recuerda que la revista “People” la nombró, en dos ocasiones, una de las 50 personas más hermosas del mundo. “Esa cosa de People”, desestima. Pero MacDowell asegura que, a medida que ha pasado a promocionar productos antiarrugas, se ha sentido cada vez más comprometida con la responsabilidad de ser una modelo de mediana edad. “Significa mucho más para mí representar a mujeres de 54 y decirles ‘Ustedes son hermosas, tienen valor’. Es fácil para nuestra cultura aceptar a la gente joven. Es más difícil aceptar a las mujeres cuando comienzan a envejecer y a ser menos hermosas”, dice la actriz, en la entrevista, en un hotel en Hollywood. “Como cualquiera, yo también me cuestiono a mí misma cuando estoy insegura. Una de las cosas que he tenido que hacer es analizar mi relación conmigo misma. Porque si yo voy a ser la mujer que dice ‘Porque tú lo vales’, yo también tengo que valer”, afirma, refiriéndose al eslogan del gigante francés de la cosmética. “Pero soy humana, así que es una lucha que tengo que hacer día a día”. Ella, como cualquier ser humano, también se maquilla en el automóvil de vez en cuando. “Hay que tener cuidado de no clavarse el lápiz en el ojo, hay que maquillarse cuando el semáforo está en rojo”, recomienda MacDowell, sin cirugías estéticas evidentes, afecta al yoga y de risa generosa. “La cuestión es que vamos a envejecer, punto. Y la alternativa es mucho peor. Así que es muy importante encontrar tus propios valores a medida que envejeces”. El salto de “intocable” a estrella Cuando se le pregunta sobre el peor episodio de su carrera, MacDowell acepta de buen grado hablar de ello. Tenía 23 años cuando protagonizó junto a Christopher Lambert “Greystoke: La Leyenda de Tarzán”, que se estrenó en 1984. La película tuvo un gran éxito de taquilla, pero en parte gracias a que la actriz Glenn Close dobló la voz de MacDowell, quien fue incapaz de simular el acento inglés. “Eso fue enorme. Es difícil tener éxito en esta industria. Pero superar eso, fue un milagro. Eso podía haberme matado”. ¿Cómo lo superó? “Tomé muchas clases”, responde. “Realmente no quería que ese fuera el final de mi carrera. Trabajé mucho y no me rendí en mucho tiempo, pero no fue fácil”. “Después Joel Schumacher me dio trabajo en ‘St. Elmo’s Fire’ ( “El primer año del resto de nuestras vidas”, 1985). Le debo mi vida. Él salvó mi carrera, porque yo era una intocable y él me contrató”. Pero siguió siendo una “intocable” hasta los 30 años, cuando trabajó para Steven Soderbergh en “Sexo, Mentiras y Video” (1989) a pesar de que los productores se habían opuesto a contratarla. Luego vinieron “Green Card” (1990), con Gérard Depardieu, “ Hechizo del tiempo”, con Bill Murray, y “Cuatro Bodas y Un Funeral”, con Hugh Grant (1994), y desde entonces se estableció como una estrella hollywoodense. “Y ya no tuve que ir a audiciones. Fue increíble. Fue de la noche a la mañana. La cuestión con este negocio, es que cuando a la gente le gusta tu trabajo, y les haces ganar dinero a los estudios, estás listo”, dice. Y suspira de alivio. (AFP)

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