Apenas un tarascón al viejo poder…

Mientras el MPN ha consolidado una fuerte hegemonía política a nivel provincial, las fuerzas de la oposición han logrado arrebatarle el poder en la mayoría de las ciudades importantes. Una reciente investigación de historiadoras regionales explora si esta tendencia puede ampliarse a otro nivel, con fortalezas y debilidades de los partidos que pretenden ser alternativa.

Redacción

Por Redacción

El 77,3% de los neuquinos vive en municipios opositores al MPN

Carlostorrengo

carlostorrengo@hotmail.com

La tendencia comenzó a plasmarse hace 15 años, cuando el todopoderoso municipio de Neuquén en manos de la oposición al grandote de la política de esa provincia: el MPN. De ahí en más se expandió la marcha opositora a otros municipios. Y desde el 2011, como expresión de esa corrida, el 77,3% de los neuquinos –o sea 426.000 habitantes de los 551.266 de la provincia en clave al Censo 2010– está gobernado a nivel local por fuerzas del arco opositor. ¿Está bajo jaque el vetusto poder del MPN, ese poder que hace medio siglo comenzó a formatear la vida pública e institucional en un Neuquén cuando, después de décadas de haber sido territorio nacional, era todo futuro?

Un ensayo recientemente publicado ayuda a reflexionar sobre el tema: “De oposición a oficialismo. Los ejecutivos municipales neuquinos, 1938-2011”, de las investigadoras María Vaccarisi y Emilia Campos. El trabajo forma parte de “La trama al revés en años de cambio”, compilación de investigaciones que, editada por las historiadoras Orietta Favaro y Graciela Iuorno, explora la historia más contemporánea de Río Negro y Neuquén desde el Centro de Estudios Históricos de Estado y Cultura (Cehepyc) con la colaboración de Clacso.

El trabajo fue publicado por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNC. Para reflexionar sobre el tema al que están dedicadas estas páginas, “Debate” conversó con una de la autoras del ensayo, María Vaccarisi, mientras que Emilia Campos escribió una columna desmenuzando las características de los concejos deliberantes de los municipios opositores.

–Ante el avance de la oposición en el manejo de intendencias, ¿está en peligro el poder del MPN en el Estado provincial, o se trata de raspón a su poder y nada más, al menos por ahora?

–Si reflexionamos en términos de un por ahora largo, lo segundo me parece más apropiado. No niego la posibilidad de que el MPN pueda ser desalojado de la gobernación. Pero no me parece que eso suceda “ya”. Sobrelleva, sí, crecientes problemas en su interior. Un caso: el recambio generacional se plasma en dosis. Basta con pasar revista al presente del MPN para corroborarlo. En la calesita siempre están los mismos. Y esto anquilosa intereses, lastima expectativas de movilidad, genera distintos grados de tensiones que, aunque no se expresen en términos de fracturas, están, laten…

–¿Qué es Jorge Sapag en el marco de ese hormigonado?

–Es un producto de esa cultura. No es un accidente en esa historia.

–¿Qué sería un accidente en esa cultura o historia del MPN?

–Protagonizar poder, ejercer poder en términos acentuadamente diferentes de los dictados que esas prácticas definen al MPN desde siempre. En toda la zaga de de gobernadores del movimiento, él es quizá el hombre de mayor formación intelectual que hubo en el cargo. Incluso su gestualidad, su estilo de relacionarse desde el mando, son más plásticos, más abiertos que el grueso de sus antecesores, pero no más. Hay también mudanzas de lógicas, de idearios que siempre se blandieron en el MPN. Cambios que generan resistencias…

–En algunos de los trabajos compilados en el libro hace hincapié en cierto deterioro de la identidad federalista que siempre distinguió al MPN. ¿Esto genera problemas en el frente interno del partido provincial?

–Sin que la sangre llegue al río, claro. Pero hay en planos de ese espacio cierto convencimiento de que, especialmente en esta segunda gestión, Jorge Sapag abandonó algunas banderas históricas del MPN que hacen al federalismo, que en la historia del partido siempre fue una estrategia, un instrumento para relacionarse con Nación. Porque blandiendo esas banderas, fue que el MPN formateó Neuquén desde lo político-institucional: en defensa de los intereses provinciales tal como el movimiento los interpretó a lo largo de su historia. Jamás se alineó automáticamente con los gobiernos nacionales. Negociaba, apoyaba, resistía, se acercaba pero se distanciaba también. Toda una cultura con fuerte raigambre. Con Jorge Sapag, muy alineado con la gestión de Cristina, mucha de aquella autonomía de criterios, de posicionamientos, se debilitó. Y si bien lejos están de generar un debate muy caliente y a todo o nada, en el interior del movimiento hay disconformidad sobre estos virajes. De todas maneras, el MPN, aun bajo asedio de la oposición en los municipios, está en condiciones de seguir reproduciendo poder. Cuando uno lo explora, lo investiga, lo pone cabeza abajo y cabeza arriba, como hemos hecho nosotros durante años, se llega a la conclusión que aún mantiene en su poder herramientas por ahora decisivas para mantenerse en el poder.

–¿El empleo público?

–Que hace a una cultura acumulada en décadas de manejo del aparato de Estado que genera muchos intereses hacia abajo, muchas dependencias…

Mitos y posibilidades

–¿Qué alcance hay que darle a la reflexión de “Pechi” Quiroga de que él “no es opositor, soy pos-MPN”?

–Hay que leerlo en clave a la percepción que Quiroga tiene del desgaste del MPN como protagonista de poder. Él, por ejemplo, se ha puesto al frente de reivindicaciones en materia de política de hidrocarburos agitando banderas que eran propias del MPN. Busca instaurar un camino alternativo no desde el rol o contenidos naturales que definen a un opositor, sino desde abonar la idea de un nuevo proyecto para Neuquén…

–¿El fin de un tiempo?

–Puede leerse en esos términos.

–La lectura del ensayo de ustedes genera cierto “desconcierto positivo”, lo cual lo torna muy interesante. Deja picando, abierto a la imaginación, qué sucederá con el poder opositor que se acumula en las intendencias. ¿Qué es lo que le resta hacer a este sector para dar el salto, para convertirse en una alternativa al MPN en la gobernación?

–No creo que dejemos abierto a la imaginación lo que sucederá con ese poder. Creo que desvestimos muy puntualmente lo fuerte y lo débil de ese poder…

–Pero más allá del poder institucional que han logrado, ¿qué avances hay de cara al imaginario de la sociedad neuquina?

–Algo que no es poco: rompieron con el mito que el MPN es el único que puede gobernar a lo largo y ancho de la provincia. Si uno rastrilla la historia y los protagonistas de esta dimensión opositora de intendentes encuentra que se ha votado, en general, a gente con compromiso con sus sociedades, con historia de compromiso político o de otro orden con ellas, gente conocida en el plano público y cuya tendencia de gestión ha sido positiva. Eso rompió el mito de que, de cara a la realidad de un poder monolítico como el MPN gobernando y gobernando la provincia, había que pertenecer a ese bloque de poder para manejar una intendencia. Pero no es así… Se quebró una mirada, una tradición. La gente valora el esfuerzo de esos intendentes y por eso los vota, los reelige…

–Volvamos a lo que le resta a esta oposición para proyectarse como alternativa para el manejo de la gobernación. ¿Cómo hacer del desplome de ese mito, un avance para derrumbar lo que quizá sea otro mito: sólo el MPN puede gobernar la provincia?

–Cómo mínimo, forjar un proyecto común para la provincia, algo que no parece estar cerca de lograrse. Es una oposición muy heterogénea. Y la heterogeneidad puede ser una debilidad o una riqueza. Pero para esto último se requiere construir acuerdos que brinden –de cara a la sociedad– la convicción que forma parte de una alternativa dispuesta a perdurar en el tiempo, en el largo plazo. Convencimiento de no inestabilidad. Hoy, por caso, hay un dato muy elocuente de la cultura de construir poder con que llega el grueso de esta oposición a los gobiernos municipales: llega vía alianzas electorales, pero inmediatamente comienza a gobernar con otras alianzas. Y esto… no es bueno para forjar imagen para un proyecto provincial…


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