“Argentina, país de buena gente (pero aún con demasiados mafiosos)”

Hace un largo tiempo que estoy luchando, defendiendo a mi familia, en inferioridad de condiciones contra un grupo de sinvergüenzas muy bien organizados por quienes he sido acosado, amenazado y herido físicamente. Esto ha ocurrido en reiteradas oportunidades a través de los años por esta banda de rasgos mafiosos, al punto de quedar internado, perder la mitad de la dentadura, padecer fatiga crónica con estrés psicosomático, hipotiroidismo, hipertensión arterial, síndrome metabólico y fibromialgia y un sinnúmero de síntomas, así como la pérdida de gran parte de mi trabajo fijo y de todas mis posibilidades económicas, que no eran pocas precisamente debido a mis numerosas capacidades profesionales. He sido atacado aun dentro de mi propiedad en numerosas oportunidades sin poder siquiera mudarme a otra localidad lejos de esta banda de delincuentes y, al mismo tiempo, he tenido que lidiar con otras consecuencias de este acoso, como la burocracia criminal que reina en las diversas instituciones encargadas de dar respuestas y soluciones a este tipo de necesidades extremas, agresiones e insensateces, perdiendo por esta razón, además, las energías mínimas indispensables aun para redactar, escribir y/o denunciar. A tal punto llegó el daño que ejercieron estos psicópatas, que se encargan siempre de actuar en la oscuridad, fuera de la vista del público, de la gente buena, con trampas y artera alevosía e impunidad. Mi situación médica –más la de mi madre, quien al final de tanta agresión y contrariedades, ya con más de 85 años, quedó con demencia y postrada en cama– y la destrucción de mi capacidad laboral, en la miseria económica, me llevaron a grandes sufrimientos, con dolores agudos en todo el cuerpo, y a estar prácticamente postrado por largos cuatro años. La inacción judicial, el prejuicio, la burla y el desprecio, incluso de profesionales especializados, más la disolución familiar y la atención obligada de mi madre (no por la ley sino por mi amor y responsabilidad natural), víctima de los mismos personajes funestos, postrada ella también en cama, empeoraron aún más mi estado de salud. A la fecha me he encontrado “inhabilitado” literalmente para defenderme abiertamente de esta porquería de vecinos que tenemos todos los barilochenses (soy un hombre bien educado, pero para estos tipos que destruyeron prácticamente todas nuestras vidas no encuentro otros adjetivos mejores) por hallarme, como ya dije, sin las fuerzas adecuadas, pero también por estar amenazado, extorsionado, no sólo por estos individuos deleznables sino también por la inacción deliberada, la estupidez, la incompetencia, la falta total de humanidad y de sentido de democracia mencionadas. Por todo lo expuesto, y en vista de que el tema de la “inseguridad” está sobre el tapete, creo que este tipo de organizaciones mafiosas debe ser conocido en detalle por la sociedad toda, no sólo por nosotras, las numerosas pero aisladas víctimas, sino que tomen estado público; por ello lo que nos pasa se vuelve de interés social. Más de uno sabrán exactamente de qué hablo. Por el momento me reservo el derecho de dar los nombres. Alberto Paulina DNI 10.299.268 Bariloche


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“Argentina, país de buena gente (pero aún con demasiados mafiosos)”