«¿Esto es ayahuasca?” Aldo llevó su mate y sus muebles de Dina Huapi a Milán y la rompe en la meca del diseño

De la pregunta que lo descolocó al suspenso por la valija perdida con sus muebles artesanales desarmados. Del "Pandita" para moverse en callecitas angostas al imán de la marca "Patagonia", Aldo Montes de Oca cuenta el detrás de escena de su gran aventura en la mega expo de Italia.

Por Javier Avena

El disenador industrial Aldo Montes de Oca llevó su muebles artesanales (y el mate) a la expo de diseño de Milán, la más prestigiosa del mundo, que termina hoy. Vive en Dina Huapi, a 15 km de Bariloche.. Fotos: @brendaaraneda.ph.

Cuando suenan las campanas de la iglesia, Aldo Montes de Oca sabe que es hora de levantarse en el departamento que alquiló con su novia Brenda Araneda en Seguro, un pueblito de postal a siete kilómetros de Milán en el poderoso norte de Italia. Minutos después parten hacia el centro de la ciudad para estar a las ocho en el stand que le asignaron en el Salone Satellite 2026. Allí, setecientos talentos sub 35 seleccionados por los curadores exhiben sus productos en el espacio de los creadores emergentes en la mega expo al que el rionegrino llevó sus muebles artesanales de alma patagónica, su sonrisa contagiosa y el mate, la yerba y la pava eléctrica que encontró donde enchufar en un rincón: ahí pasa desapercibida para los visitantes que recorren el predio.

-Es enorme. Imaginate cuatro o cinco La Rural -dice Aldo, asombrado.


Del «Pandita» por las calles de Milán al stand en el Salone Satellite

Después de escuchar las campanas, el detrás de la escena de su aventura continúa con el viaje hacia la meca del diseño en el Pandita, como le dicen a un pequeño y ágil Fiat Panda que les recomendaron alquilar por su precio económico y para poder moverse en las encantadoras callecitas estrechas del centro histórico.

La caminata por las callecitas de Milán.

Caminata con Brenda por Milán y unos mates al paso.


-Es una ciudad muy grande, parece Buenos Aires -dice Aldo, que vive en Dina Huapi, un pueblo de unos 7000 habitantes a orillas del lago Nahuel Huapi,  15 kilómetros al este de Bariloche.

Allí, donde la Patagonia se hace estepa, suele salir a caminar. Los cañadones, la arena, los arbustos bajitos mecidos por el viento y las capas geológicas que brillan en el horizonte agreste lo inspiraron para su colección Estratos: .una mesa ratona y otra de arrime, un banco largo y una silla de respaldo alto que talló en fenólico con la moladora en el taller de la antigua casa de ladrillos y machimbre grueso que restauraron él y su padre con sus propias manos. En la calle suele cambiar los repuestos a su noble Clío modelo 2000, su primer auto, que lo lleva a todos lados en la Patagonia.

Aldo, su auto y el banquito en la estación de tren de Dina Huapi.

En pleno trabajo en el taller en Dina Huapi.

En la estación de Dina Huapi.

Aldo y sus muebles en Ñirihuau, a 5 km de Dina Huapi. Fotos: @stefano.androetto

El susto de la valija perdida

En la casa que reciclaron funcionaba una remisería y en el cuarto que ahora ocupa Aldo antes se tomaban los pedidos de viajes. En la planta alta montó su estudio y abajo está el taller donde le dio forma a los muebles que viajaron con él desarmados en el ómnibus que los trasladó a Santiago de Chile. De allí volaron a Milán, mucho más barato que si hubiera sido desde Buenos Aires pero con un gran sobresalto: la valija de la colección Estratos, por la que pagó equipaje sobredimensionado, no aparecía; había quedado demorada por error en San Pablo. Se la entregaron recién un día después de llegar a Italia.

Llevó sus muebles desarmados a la expo: se hacen planos, se encastran y se terminan de fijar con tornillos. Y con una mini atornilladora a batería los montó rápido.

Aldo conversa con visitantes de la feria en su stand.

«¿Nos sacamos una foto?» Muchos asistentes a la feria se lo pidieron y compartieron la historia: Los muebles, la Patagonia, el mate, un combo que nadie se quería perder.

-Fue un susto grande, qué nervios pasamos -dice Aldo y se ríe mientras cuenta la historia en una llamada por WhatsApp que interrumpe con respeto cada vez que alguien se acerca. Avisó antes que así sería la charla y el que avisa no traiciona. Para eso está ahí: para mostrar lo que hace, contar cómo lo hace, para responder preguntas ahora que está en el escenario de las grandes ligas. Eso es un diseñador emergente, un cazador de oportunidades.


Hasta el final de cada charla, excepto que se presenten o le den una tarjeta, no sabe con quién habla, aunque por las preguntas va intuyendo si es un turista curioso que pasea, un potencial cliente, el dueño de una galería de arte o un reclutador de talentos. Ya se lo dijo Alexander, el alemán buena onda del stand de enfrente: hay que estar atento y siempre disponible para aprovechar cada encuentro.


Fotos de la estepa patagónica en el stand de Aldo.

Su nuevo amigo alemán ya estuvo ahí hace dos años y le compartió lo que aprendió. Trajo muebles sofisticados y muy pulidos de una madera que le recuerda a la lenga a Aldo, que se comunica con todos con el inglés que aprendió en el colegio secundario San Patricio en Bariloche. Con el resto de los vecinos también se lleva bien: hay holandeses, noruegos y estadounidenses, entre otras nacionalidades.


Los precios increíbles de la pasta sin TACC y el imán de la marca Patagonia

El diseñador industrial rionegrino pasa once horas por día en el puesto de exhibición y el almuerzo lo resuelve al paso pero rico y a buen precio: es celíaco y puede comprar pastas, pizza o empanadas sin TACC, entre una variedad de opciones imposible de encontrar en la Argentina. El precio también es difícil de creer: paga un euro y medio por un buen plato de fetucchinis, cuando en Bariloche cuestan 10.000 pesos.

-No se puede creer la diferencia -dice Aldo. En su primer viaje a Europa, entre los visitantes los que más lo impresionan son los japoneses, su educación y ese toque épico cuando hacen una reverencia.

-Son repiolas los japoneses -dice Aldo. Y así como Milán, motor económico y financiero de Italia, le recuerda por su porte a Buenos aires, los italianos le recuerdan a los argentinos: son afectuosos y conversan a los gritos. Y no le parece que sean muy diferentes a la hora de manejar. En el stand, a veces se lleva sorpresas, como el visitante de Taiwán que le preguntó si el mate era ayahuasca. Después de la carcajada, le contó de la yerba y el agua caliente y la conversación derivó a los muebles artesanales.

Aldo y Brenda recorrieron Milán antes de que empezara la expo. Ella es fotógrafa y cubrió el evento.

Milán es también la capital de la moda y el diseño y por esto está aquí Aldo, que cuenta con una ventaja comparativa entre los participantes de tantos países: el cartel de Patagonia Argentina atrae, despierta curiosidad, como un semáforo geográfico que hace desacelerar y detener la marcha en un predio gigantesco. Y de ahí a la charla enriquecedora con tanta gente de tantos países hay un solo paso.

Después de recibirse de bachiller en Bariloche, estudió unos meses ingeniería mecánica, hasta que supo que lo suyo no eran las estructuras rígidas sino el diseño industrial y se fue a estudiar a la Universidad Nacional de Córdoba. Ese bagaje, todo lo que aprendió de su padre artesano y fabricante de chimeneas y su propio camino de búsqueda y experimentación lo trajeron hasta Milán. Pronto devolverá el Pandita y volverá a su tierra, a 12.500 km de la meca del diseño. Faltan cuatro horas para que cierre la expo y está agotado de tanto ajetreo, pero feliz de haber mostrado sus productos: “Esto es emocionante”.

Contacto: https://www.instagram.com/aldo.mdo/


El disenador industrial Aldo Montes de Oca llevó su muebles artesanales (y el mate) a la expo de diseño de Milán, la más prestigiosa del mundo, que termina hoy. Vive en Dina Huapi, a 15 km de Bariloche.. Fotos: @brendaaraneda.ph.

Cuando suenan las campanas de la iglesia, Aldo Montes de Oca sabe que es hora de levantarse en el departamento que alquiló con su novia Brenda Araneda en Seguro, un pueblito de postal a siete kilómetros de Milán en el poderoso norte de Italia. Minutos después parten hacia el centro de la ciudad para estar a las ocho en el stand que le asignaron en el Salone Satellite 2026. Allí, setecientos talentos sub 35 seleccionados por los curadores exhiben sus productos en el espacio de los creadores emergentes en la mega expo al que el rionegrino llevó sus muebles artesanales de alma patagónica, su sonrisa contagiosa y el mate, la yerba y la pava eléctrica que encontró donde enchufar en un rincón: ahí pasa desapercibida para los visitantes que recorren el predio.

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