La casa donde Alfonsín era «Raulito»: el refugio histórico que un exfutbolista transformó en hotel de diseño 

La antigua casona del expresidente en Chascomús, donde crecieron sus hijos, ejerció de abogado y cimentó su carrera política, es hoy un hotel boutique. Secretos de una reconversión que empezó cuando el exarquero Gastón Sessa dijo: “La compramos”. 

Por Javier Avena

Asú luce hoy la fachada del hotel. Fotos: Casa Laurel

Apenas a un paso de la autovía que lleva a la Costa Atlántica, a 125 kilómetros de Buenos Aires y bordeada por la inmensidad de la laguna, Chascomús dejó de ser solo una postal de escapada de fin de semana o una deliciosa escala para desayunar con las medialunas de Atalaya camino al mar.


La ciudad vibra en una transformación que no se detiene: registra cinco nuevos residentes por cada nacimiento, un alto flujo de vecinos que la eligen en busca de una mejor calidad de vida.

De acuerdo con el Censo 2022, su población es de 42.628 habitantes, un crecimiento del 26% respecto del Censo 2010. Esa tasa supera por más del doble al promedio de la provincia de Buenos Aires, del 11 %. De acuerdo con esos datos oficiales, en Chascomús hay 18.555 viviendas. Una de ellas brilla por su porte y su historia.


La casa de Raulito

Ubicada en el corazón del casco histórico, a pocos metros de la plaza Independencia y sobre una calle empedrada que parece detenida en el tiempo, la casona de Lavalle 227 fue durante ca si dos décadas el búnker íntimo y cotidiano de Raúl Alfonsín.
Los vecinos le decían Raulito, sus correligionarios El Gallego y la historia le reservó un lugar ilustre como el padre de la democracia. El 30 de octubre de 1983 se convirtió en el primer presidente consagrado por los votos luego de la última dictadura militar. El viernes pasado se cumplieron 43 años de ese histórico día.

La familia. Raúl Alfonsín, María Lorenza Barreneche y los hijos.

Suite presidente. El espacio estrella del hotel.

Hoy, tras una reconversión que respetó su esencia, aquel hogar mítico se convirtió en Casa Laurel, un hotel boutique donde conviven la memoria y el diseño.


El «Gato» Sessa, del Atlético Chascomús al hotel boutique

Detrás de la reconversión de la casona están el exarquero Gastón Sessa y su pareja, María Eugenia Muñoz. Vivían en un barrio privado al sur del Gran Buenos Aires y decidieron, como tantos otros, buscar nuevos aires.

Gastón Sessa brilló en clubes de Primera División y se retiró a los 44 años en el Club Atlético Chascomús en el Torneo Federal C. Foto: El Suplente.


“Era como una burbuja esa vida, queríamos cambiar”, dijo Sessa al explicar por qué se radicaron en la ciudad. Tras atajar para Atlético Chascomús en el Federal C, dejó el fútbol y tomó nuevos rumbos: primero un haras, luego una constructora.


La casa que fue de Alfonsín funcionaba por entonces como un hotel-museo temático con un nuevo dueño, pero la pandemia que detuvo al mundo obligó a bajar las persianas y a venderla: sin turistas, no logró sostenerse.

La casona durante la pandemia. Así lucía cuando la compraron Gastón Sessa y María Eugenia Muñoz.

Allí quedó, a la espera de otra oportunidad. Exactamente lo que vieron Gastón Sessa y María Eugenia: decidieron comprarla.
Adquirieron también el terreno lindero para relanzarla a otra escala y crear un hotel de 13 suites.

Codo a codo con la arquitecta de Chascomús Sofía Medici, la pareja asumió el desafío de preservar la fachada y el valor patrimonial exigido por el municipio.

Concibieron el espacio como una extensión de su proyecto de interiorismo y su premisa fue evitar la solemnidad de un museo para que la casa conservara el pulso de un hogar habitado.

El diseño se da la mano con la memoria.

«Hay cosas que están igual, como su dormitorio y el escritorio donde recibía a la gente«, dijo el exfutbolista. Y agregó: “Familiares de Raúl nos han donado muchas cosas para mostrarlas”.


Esencia preservada

Declarada Edificio de Valor Patrimonial, la casona conserva la estructura de las tradicionales casas de pueblo: fachada simétrica, aberturas altas y angostas, cornisas cuidadas y el clásico zaguán. Detrás de ese umbral, el proyecto ensambló el pasado colonial con una cálida estética actual.

Pileta y bar. Los espacios elegidos del verano.


En su distribución original, contaba con tres habitaciones principales, comedor amplio, dos patios (uno con aljibe tradicional), cocina, el estudio jurídico donde el futuro mandatario atendía a sus clientes y daba sus primeros pasos en la política y el gran portón de hierro forjado: fue la puerta del garaje que Alfonsín mandó a abrir tras comprarle una lonja de terreno a un vecino que no tenía auto.

Al ingresar hoy, el visitante se cruza con un zaguán de mayólica (el clásico pasillo de entrada con azulejos artesanales de época estilo Art Nouveau) que antecede al antiguo despacho de Alfonsín.

La zona goumer empieza en la cafetería.

Lejos de la decoración acartonada, la curaduría artística —coordinada por María Eugenia Muñoz junto con los artistas Ricardo Calderón, Martín Enricci, Wanda Matulionis, Caro Etchepare, Sebastián Semino y Jessica Trosman— logró que las obras modernas armonicen con los muros antiguos y los materiales nobles.

El espacio estrella es la “Suite Presidente”, de 30 metros cuadrados, donde descansaba Alfonsín. Como guiños históricos, en los espacios comunes se exhiben objetos que le pertenecieron y que su familia aportó con generosidad, como su montura, un poncho y la campera de la icónica campaña de 1983.


La dimensión humana

Más allá de los ladrillos y las refacciones, la casa transpira anécdotas de un tiempo en el que la política se hacía con olor a café y charlas de sobremesa.

Como detalla el periodista local Fernando Pieske en su libro “Aquí vivió Raúl Alfonsín”, el dirigente compró la propiedad a fines de los años 50 con un crédito del Banco Hipotecario Nacional.

Raúl Alfonsín. Detrás, su antigua casa.

Allí cimentó su hogar junto a María Lorenza Barreneche y sus seis hijos. Como reconstruye Pieske, la casona era un torbellino de vida doméstica: chicos que corrían por los dos patios, adolescencias compartidas y celebraciones memorables, como la fiesta de casamiento de su hija Ana María.

No fue la única celebración: el caserón solía prestarse a vecinos y amigos, ya que era una de las pocas con las dimensiones necesarias para recibir a una gran cantidad de invitados.


Vecino ilustre

En las páginas del libro, y a través del testimonio de su colaborador Jorge Francisco Nimo, queda claro que aunque los homenajes tomen forma en bronce, el expresidente era “Raulito” en Chascomús, un vecino más que caminaba las cuadras del pueblo.


Las anécdotas de sobremesa abundan. Una de las más recordadas sucedió una tarde de 1962: mientras Nimo atendía la oficina del frente y Alfonsín escribía, sonó el timbre.

El homenaje de la Municipalidad.

Afuera esperaban dos dirigentes radicales de peso: nada menos que el futuro presidente de la Nación Arturo Illia y un líder histórico como Ricardo Balbín. Para sorpresa de toda la cuadra, pasaron a saludar de forma imprevista, sin custodia ni protocolos.

Años más tarde, cuando sus hijos crecieron y los costos de su carrera política en ascenso pesaron, Alfonsín debió vender la casa y mudarse a un lugar más chico. El tiempo pasó, y aquel refugio familiar volvió a abrir sus puertas.


Luz natural en el restaurante.

El hotel funciona hoy como un espacio integrado a la comunidad a través de su propuesta gastronómica y su bar —comandados por el chef Juan Augusto García—, que transformaron al viejo caserón en un punto de encuentro clásico para huéspedes y vecinos de Chascomús.

Sin bustos solemnes ni bajadas de línea partidaria, Casa Laurel atrae a un público heterogéneo —desde curiosos de la historia hasta parejas que buscan desconectarse del ritmo urbano— que confirma un entendimiento perfecto: las paredes de ladrillo antiguo y los pisos recuperados abren sus puertas para que la historia y el confort contemporáneo se den la mano.


El «Km 0 de la Democracia»

Chascomús rinde homenaje a Raúl Alfonsin. Foto: Marcela Passo.
  • A pocas cuadras de la casona de la calle Lavalle, en la esquina de Mitre y Crámer frente a la plaza principal, se encuentra la otra propiedad histórica de la familia Alfonsín.
  • A diferencia del hotel boutique, este inmueble fue donado al municipio por sus seis hijos (Ana María, Marcela, Inés, Raúl, Ricardo y Javier) en agosto de 2026 para ser transformado en un espacio cultural.
  • Se convertirá en la “Casa Raúl Alfonsín – Espacio Cultural y Patrimonial”, además de ser el núcleo del proyecto turístico e histórico “Kilómetro 0 de la Democracia”, por el aporte del expresidente a su consolidación en la Argentina.

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Asú luce hoy la fachada del hotel. Fotos: Casa Laurel

Apenas a un paso de la autovía que lleva a la Costa Atlántica, a 125 kilómetros de Buenos Aires y bordeada por la inmensidad de la laguna, Chascomús dejó de ser solo una postal de escapada de fin de semana o una deliciosa escala para desayunar con las medialunas de Atalaya camino al mar.

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