“Retrato de Feinmann”
No se trata de un cagatinta que tira dos libros por año. Se trata de un pensador que vale lo que pesa en oro. Lo conocí delgado y elegante en 1961 cuando cursaba cuarto año del bachillerato normal 4 Nicolás Avellaneda en Palermo, Capital. Fue compañero de aula de mi hermano mayor. Junto a un tal Guinzburg, si no me falla la memoria, producía originales de cómics manuscritos para lectura del resto de los chicos. Con los adolescentes mayores de su edad iba los fines de semana a los teatros independientes que tanto prosperaban en los alrededores de la calle Corrientes. En los entreactos atendía sonriente y elegante a los jóvenes amigos en círculo a su alrededor. Con atención precoz los abordaba en aquello que más tenían de interesante. También a mí, aunque yo aparecía a su lado de colado… Inclinado a muchachas inteligentes para oírlo, siempre mayores que él, a las cuales otorgaba propiedades providenciales, salvíficas, parteaguas de su irredenta existencia, terminó casado con Martha, de quien se divorció mucho después de haberse quebrado violentamente mi dependencia y su paciencia para conmigo. Los científicos especializados en conducta animal cuentan que los machos de palomas cuando salen a cielo abierto perseguidos por algún gavilán, si tienen la suerte de salvar sus plumas y regresan al nido, se sirven compulsivamente a todas las hembras. Si, en cambio, regresan en varias ocasiones sin ser perseguidos, las picotean ensañadamente una y otra vez hasta matarlas. Pobre Feinmann, no perteneció a ninguna organización armada. Por el contrario, contra quienes vieron en él una conducta cobarde, consideró el alzamiento y la final derrota foquista heredada del Che como errada por haberse no sin valentía distanciado de las masas. Al igual que otros pensadores argentinos que no se marcharon al exilio, sintió la permanente amenaza del terrorismo de Estado sobre su cabeza. Según contó públicamente, su quiebra sobrevino por un tumor en una de sus glándulas sexuales. Los cancerólogos le aconsejaron eliminar el mal de raíz y continuar la quimioterapia sobre las células cancerosas que huían a los escondrijos capilares. Paralelamente, en el barro de la historia la cetrería gavilana perseguía a sus insurrectos derrotados por callejuelas últimas que nada sabían de la analogía sufrida por las células espermáticas del joven filósofo. El odio, el miedo, la culpa, se cobran el karma común de los cardúmenes. Pero el pez por la boca mata y muere. Nunca sabré por qué José Pablo se divorció de Martha, de quien yo estaba secretamente enamorado aunque la había visto tan sólo una vez. En cuanto a la corbata mal atada bajo la papada, la melena voladora para disimular la cabeza desproporcionadamente chica en relación con el prominente abdomen y su sobrepeso heroico que nadie puede detener… no provienen de un defecto endócrino a causa de la maldad de los tumores sino de una alteración genética probablemente heredada de padres notoriamente obesos. Tampoco sabremos por qué llama “filosofía” a lo que más ensaya, a saber: reproducir por televisión las enseñanzas de historiadores de un tiempo en que ser revisionista no conllevaba premio ni recompensa alguna. No es lo mismo pagarle a la Rubia Albión ahora chata y obsoleta que hacerlo cuando Julito Ibarguren y Pepe Rosa reinaban solitos en el desierto del mar. Así que vivo se reescribe la Historia… Luis Wainerman, DNI 4.528.137 Cipolletti
Luis Wainerman, DNI 4.528.137 Cipolletti