Historias neuquinas: Arturo Kruuse, el campeón manejando marcha atrás

Fue corredor de las primeras competencias del turismo carretera. En una carrera que unió Argentina y Chile se le rompió la caja de cambio, pero aun así logró el primer lugar.

Arturo Kruuse fue uno de los corredores patagónicos en participar de las primeras carreras automovilistas que se realizaron en rutas argentinas y fue el ganador del Gran Premio Internacional “Virginio F. Grego”, en tiempos donde los autos no contaban con mucha tecnología, no era fácil acondicionarlos para que rindieran al máximo y los caminos no eran sendas del todo seguras para transitar.

A los largo de su trayectoria en el automovilismo y debido a las tantas carreras ganadas, este hombre nacido en Viedma, Río Negro, y neuquino por adopción, se convirtió en uno de los pilotos más populares de la época.

Años después, alejado ya del turismo carretera, fue intendente de Zapala, localidad en la que falleció al ser embestido por un camión, cuando conducía su último auto de carrera, transformado ya en automóvil de calle.

Su debut fue en 1935 en la carrera de 4.000 kilómetros que incluía en su recorrido las provincias argentinas de Buenos Aires y Mendoza y de Chile, Santiago y Temuco, con una meta que se lograba al regresar al punto de partida. Kruuse compitió con un Plymouth, modelo 34 e inscribió en la historia su primer hazaña.

Cuentan las crónicas que luego de cruzar al Cordillera de los Andes, se vio obligado a conducir marcha atrás porque se le había roto la caja de cambios. Así llegó a la localidad bonaerense de Florencio Varela y se convirtió en Campeón.
Una de sus últimas presentaciones fue en la Vuelta de la América del Sud de 1948, que unía Buenos Aires con Caracas.

Y una vez, la participación de Kruuse volvió a estar en boca de todos. En un camino de montaña de Perú, su auto volcó y el corredor sufrió fracturas en ambas piernas. Pero no se detuvo. Luego de recibir asistencia médica inmediata, retomó la carrera que ya estaba en la etapa del regreso a Buenos Aires y al llegar se quedó con el puesto 12.

Años después, dejó de apretar el acelerador en las rutas argentinas y ya radicado en Zapala, se convirtió en comisionado o intendente de la localidad. Allí restauró su auto Plymouth 34 que tantos logros le dio, para convertirlo en auto de calle.

Un 11 de octubre, una vez más el destino lo enfrentaría con una adversidad a bordo de su auto, pero está vez no hubo habilidad automovilística ni guiño de destino que lo pusiera a salvo.

Ese día Arturo Kruuse cumplía 79 años y luego de un almuerzo familiar se dirigía junto a su esposa a la iglesia para asistir a misa. Iban a bordo del auto protagonista de la hazaña de 1935. Un camión arrolló al auto y la pareja perdió la vida instantáneamente.
La familia donó los restos del Plymouth al museo automovilístico Juan Manuel Fangio de Balcarce, donde se exhibe totalmente restaurado.

Le decían el “Indio rubio”. En Buenos Aires estaban convencidos de que debía tener rasgos indígenas por ser de la Patagonia. Al conocerlo se dieron cuenta que tenía el pelo amarillo.


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