Así es un trekking en las alturas del cerro López
Es un trekking exigente, pero no exclusivo para especialistas. Relativamente corto y de pendientes fuertes, el premio es disfrutar de los maravillosos paisajes que rodean Bariloche.
Un trekking exigente, pero no tanto como para reservarlo a los especialistas. El ascenso al cerro López es una oportunidad única para tomar contacto de primera mano con la montaña y disfrutar de vistas mágicas.
A diferencia de otras travesías que desandan largos valles y terminan en una laguna de altura, el López es un trayecto relativamente corto, de pendientes fuertes, con el atractivo extra de alcanzar una cumbre y “ver lo que hay del otro lado”.
Y lo que hay es una magnífica vista de la cordillera, en la que dominan el cerro Tronador con sus enormes ventisqueros, los volcanes chilenos como el Osorno y el Puntiagudo, y en los días límpidos también se alcanza a ver el Lanín. Al pie del faldeo oeste resalta el brazo Tristeza del lago Nahuel Huapi, y el pequeño valle del Bailey Willis, por donde baja la picada para ir hasta Laguna Negra.
En el comienzo del otoño la travesía ofrece escasos contactos con la nieve (aunque en el López siempre quedan restos del invierno anterior), pero a cambio imágenes espectaculares de la vegetación que comienza a mudar de colores.
La caminata comienza en Circuito Chico, a metros del puente sobre el arroyo López. La primera parte recorre un añoso bosque de coihues, cipreses y radales, con presencia también de vegetación exótica, que comienza a desaparecer a medida que se gana altura. La primera estación intermedia es el parador Roca Negra, que ofrece gastronomía regional. Luego el bosque comienza a perder densidad y la picada desemboca en el camino vehicular, que sirve para completar el trayecto hasta el refugio.
Allí es posible detenerse por un respiro y también para tomar buenas fotos del lago Nahuel Huapi, sus islas y penínsulas y los cerros circundantes.
La construcción de tres plantas, de características paredes rosadas, permite comer y pernoctar. Pero la mayoría opta por seguir camino hacia arriba.
Desde allí el terreno cambia por completo, porque es necesario trepar por una ladera rocosa con bastante ángulo, con cañadones y pequeñas vertientes. Para evitar rodeos y pérdidas de tiempo es clave mantenerse atento a las marcas rojas y abstenerse de vías alternativas.
Un gran escalón en la ladera aparece de pronto, con una pequeña laguna, denominada La Hoya, que suele conservar abundante nieve hasta los primeros días de enero. La senda la rodea por el norte y continúa el ascenso, con el gran anfiteatro a la derecha, hasta que las huellas llevan hasta un pequeño filo o espina que hacia el final se abre en dos opciones: el pico Negro y el pico Turista, ambos ubicados a unos 2.000 metros sobre el nivel del mar.
Es el momento de detenerse a beber agua y también todo el aire posible. Si los vientos son propicios, es frecuente encontrarse allí con algún cóndor curioso, que planea sin esfuerzo sobre los intrusos.
Los tiempos son variables y dependen de cada uno. Pero a buen ritmo es posible llegar desde la base hasta el refugio en dos horas y media. Desde allí la trepada hasta La Hoya lleva una hora y otros 45 minutos hasta la cumbre. La bajada se puede hacer en la mitad de tiempo.
La caminata comienza en Circuito Chico, a metros del puente sobre el arroyo López. La primera parte recorre un bosque de coihues, cipreses y radales.
Datos
- La caminata comienza en Circuito Chico, a metros del puente sobre el arroyo López. La primera parte recorre un bosque de coihues, cipreses y radales.