El rescate de una Ford F1 de los años 50 que sorprende a todo Neuquén
El testimonio de un apasionado que recorre las rutas del sur desafiando al viento y custodiando la memoria automotriz a través de la Escudería Patagonia.
"Mi interés por los vehículos históricos nació por el programa de televisión The History Channel donde el protagonista de los restauradores tenía una F1 negra e iba a todos lados con ella”, resume el coleccionista.
El idilio entre el inmenso paisaje del sur argentino y los vehículos históricos posee una mística difícil de equiparar. En estas latitudes donde el viento es un acompañante perpetuo, conducir un automóvil clásico se convierte en un acto de preservación y romance.
Neuquén acelera su transición energética
Para esta crónica, el protagonista -quien solicitó expresamente preservar su nombre en la nota- dialogó sobre su rol como activo representante de la prestigiosa Escudería Patagonia, con sede en Neuquén Capital. Su viaje en el mundo de la restauración no comenzó en los talleres ni en las rutas, sino frente a una pantalla de televisión, encendiendo una chispa que años más tarde se transformaría en dos piezas de colección admiradas en toda la región.
“Mi interés por los vehículos históricos nació por el programa de televisión The History Channel donde el protagonista de los restauradores tenía una F1 (de los años 50) negra y iba a todos lados con la Ford F1, y me propuse conseguir una y a investigar la historia de la camioneta”, evoca el entrevistado con precisión sobre el inicio de su obsesión. Aquella imagen de robustez americana caló tan hondo que la búsqueda cartográfica se volvió inevitable.

Tras rastrear pistas por el sur del país, la silueta de la pick-up apareció en una localidad costera de Santa Cruz. “Hasta que la conseguí en Puerto San Julián, me contacté con el dueño y lo convencí de venderla”, relata sobre el arduo proceso de negociación. El operativo para trasladar la máquina requirió logística familiar y coraje: “Una vez que lo convencí, viajamos con mi esposa para traerla a tiro con una lanza fija, esto nos permitió que la camioneta remolcada no tenga tripulante”.
El arte de revivir el pasado
El arribo al Alto Valle fue apenas el puntapié inicial de una larga travesía artesanal. El coleccionista recuerda perfectamente el desafío de encontrar la mano de obra adecuada en la región: “Una vez en Neuquén empezamos a buscar un chapista, y después de un tiempo, finalmente lo encontramos en General Roca (Río Negro); luego de 3 años de trabajos quedó como se ve en las fotos”. El resultado de ese esfuerzo biprovincial devolvió la línea original a una camioneta icónica.
Sin embargo, el garaje de este representante de la Escudería Patagonia no se detuvo allí. El universo motor es amplio y las aspiraciones mutaron hacia la ingeniería y el diseño europeo de alta gama. “En cuanto al Mercedes, era otro sueño tener un auto descapotable techo rígido en lo posible, después de ahorrar y ahorrar dinero, nos pusimos en la búsqueda de otro clásico como es el Mercedes Kompressor, que estaba sin detalles”, detalla el entrevistado. A diferencia de la compleja odisea que significó la Ford F1, esta unidad alemana se encontraba en un estado de conservación absoluto, lista para disfrutar las rutas: “En esta ocasión no había que hacer nada, solamente disfrutar”.

Kilómetros de regularidad
Hoy en día, estas dos máquinas no descansan bajo lonas polvorientas en un garaje cerrado. Su hábitat natural es el asfalto y el viento de la región. “Los vehículos solamente los utilizo para fines de semana y carreras de regularidad con el club de Escudería Patagonia de Neuquén Capital”, explica el protagonista, remarcando la importancia de mantener vivas estas reliquias en movimiento a través de las actividades del club local. El paso de ambos rodados nunca pasa desapercibido para los vecinos de la región: “La gente se ve sorprendida por los 2 vehículos, por el estado y lo llamativo que son”.
A pesar de la espectacularidad y el esfuerzo invertido en cada unidad, el enfoque de este coleccionista se mantiene firme en la concreción de metas personales antes que en herencias melancólicas. “Vínculo emocional no tengo ahora, solamente fue cumplir el sueño de tener estos 2 vehículos emblemáticos de las distintas marcas”, confiesa con sincera honestidad, dejando en claro que su motor principal fue el desafío estético y técnico de rescatar y poseer dos verdaderos íconos de la industria automotriz mundial.

Un susto en el asfalto del sur
Detrás de cada vehículo clásico siempre hay una bitácora de viajes, y el rescate inicial de la pick-up americana en las rutas santacruceñas dejó una marca imborrable en la memoria del entrevistado. “En cuanto a la anécdota, te puedo contar que al traer la Ford F1 de Puerto San Julián, la camioneta (F1) copió el desnivel que dejan los camiones en el asfalto y me llevó los 2 vehículos a la mano contraria”, relata reviviendo la tensión de aquel instante en la ruta.
La situación puso a prueba los nervios del conductor en medio de la estepa desértica. “Por suerte no venía nadie de la mano contraria; después de volver a mi carril, tuve que frenar porque me temblaban las piernas del miedo, pensando lo que podría haber pasado”, concluye el representante de Escudería Patagonia. Hoy, aquella peligrosa vivencia forma parte de la mitología de una cochera que sintetiza el verdadero espíritu del coleccionismo regional: perseverancia, respeto por las rutas del sur y un profundo amor por los fierros clásicos.
El idilio entre el inmenso paisaje del sur argentino y los vehículos históricos posee una mística difícil de equiparar. En estas latitudes donde el viento es un acompañante perpetuo, conducir un automóvil clásico se convierte en un acto de preservación y romance.
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