Impulsado por GNL y de 200 metros de largo: así es el monstruoso buque que trajo al país los autos importados de China
El "Explorer No. 1" de BYD no solo impacta por capacidad de carga de hasta 7.000 vehículos, sino por su ingeniería. Mide casi dos cuadras, tiene 13 pisos y utiliza gas natural licuado (GNL) como combustible, un sistema que reduce emisiones y marca el futuro del transporte marítimo.
La imagen del «Explorer No. 1» en los muelles de Zárate dejó una postal imponente: una pared de acero de casi 200 metros de largo que completó esta semana el desembarco de casi 5.800 vehículos eléctricos e híbridos de la marca BYD. La embarcación se destaca por su tecnología de propulsión, un detalle técnico que toca de cerca la agenda energética de la región.
Fabricado por el astillero CIMC Raffles, este gigante es el primero de una flota propia encargada por la automotriz BYD para garantizar su logística global. Su diseño tiene una particularidad clave: funciona mayoritariamente a gas.
Un gigante a GNL
En una industria marítima que históricamente dependió del fueloil pesado (bunker) —altamente contaminante—, el Explorer No. 1 se destaca por su sistema de propulsión dual. El buque está equipado con dos enormes tanques de almacenamiento de Gas Natural Licuado (GNL).
Esta tecnología le permite una autonomía de navegación de 15.800 millas náuticas (más de 29.000 kilómetros), suficiente para conectar su lugar de origen con los compradores de nuestro continente. Para la industria energética, es una demostración fáctica del rol del gas como «combustible de transición» en el transporte pesado global.
Un estacionamiento de 13 pisos
Por dentro, el buque funciona como un «edificio flotante». Cuenta con 13 cubiertas de carga diseñadas específicamente para maximizar el espacio. Su capacidad total de transporte es de 7.000 vehículos por viaje, aunque en esta primera travesía a la Argentina descargó poco más de 5.000 unidades.
La estructura está reforzada para soportar el peso extra que implican las baterías de los autos eléctricos, una diferencia sustancial respecto a los buques tradicionales. Con casi 38 metros de ancho, esta mole de acero es operada por una tripulación técnica reducida, encargada de monitorear tanto la carga millonaria como los sistemas de gas que impulsan la nave.
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