Babasónicos viene a Neuquén con “Romantisísmico”

El grupo estará en la última noche de la Fiesta de la Confluencia. Antes de su arribo el tecladista Diego Tuñón habló con “Río Negro”.

Por Redacción

Música

El escenario mayor de la Tercera Fiesta de la Confluencia, contará -la noche de clausura del domingo 22- con las presencias de La Moto, La Estafa Dub, Los Cafres y Babasónicos, banda que se formó a comienzos de los 90 cuando su voz líder Adrián “Dárgelos” Rodríguez y el tecladista Diego “Uma-T” Tuñón buscaban un sonido alejado de los parámetros establecidos por entonces. Ellos con Diego “Uma” Rodríguez, hermano de Adrián, Panza Castellano, Mariano Domínguez, Carca y Tuta Torres, ofrecerán en la Fiesta de la Confluencia en la isla 132, entre otras muchas canciones de su extensísimo, reconocido y coreado repertorio lo stams de su último disco “Romantisísmico”. Diego Tuñón charló con “Río Negro” en el estudio de Babasónicos en la calurosa tarde de Buenos Aires. “Estoy trabajando con el bajista (Torres) y el baterista (Castellano) en el remix de una banda mexicana y a la mañana mezclamos un disco que se relaciona con los diez años de “Infame” que todavía es proyecto. Muchas cosas… En diciembre te hubiera dicho que necesitaba descanso, pero no ahora… Somos buscadores y para encontrar hay que buscar y buscar. Imaginate que viajamos mucho, entonces tenemos mucho tiempo de vida malgastado esperando en los aeropuertos, en situaciones no relacionadas con tocar y el poco rato que estamos acá lo dedicamos a los afectos y el resto a buscar, a investigar música. Tratando de ir más allá, de volver a encontrar la excitación en todo. A veces, descubrir cosas nuevas después de tantos años y sobre todo en este estudio, lleva mucho tiempo. Hay que ver cómo localizar la agilidad para tener un equilibrio y un desequilibrio, también”, cuenta. “Últimamente, si bien siempre quisimos un nivel de excelencia, en lo personal creo que acabo de tener un click y quiero ser el mejor, ¿viste? Quiero hallar el impulso de aquel jovencito de veinte años que empezó con Adrián y de este hombre con más de mil recitales adentro y toda la cantidad de discos grabados. En ese universo abstracto que es la música moderna, encontrar los pequeños detalles que hacen que no solo parezca sino que sea algo nuevo”, explica. -Desde “Pasto” hasta “Romantisísmico” han pasado dos décadas. ¿Cuáles serían, en trazo grueso, los cambios que tuvo Babasónicos en el ejercicio musical? – Los primeros discos tienen la irreverencia de saber que íbamos a ser músicos amateurs sin tomar el camino de estudiar. Siempre fue como andar por la arena movediza del post-punk rock no sabido. Muchas cuestiones las fuimos aprendiendo en el camino. Cuando armamos la banda, el único que tenía una experiencia discográfica era yo, por haber grabado con Melero y el que tenía conocimiento de escenario era Gabo que tocaba en Juana La Loca. Habíamos tenido bandas con Adrián y hecho, no sé, veinte, treinta recitales. Ahora tenemos la posibilidad de manejar una especie de orquesta, te diría, porque en Babasónicos se puede hacer un montón de cosas, lo que da un cariz más orquestal que únicamente de rock. No es sólo cuestión de guitarras eléctricas y batería… Antes nos encimábamos todos y construíamos una bola musical, esa cosa de “somos la pelota” que está en “Pasto”, una bola de ruido semi-armónico con swing. Y luego se fue desarrollando un instinto hacia un lugar mucho más delicado y hacia una provocación más ruda en otros aspectos. Ha sido mucho más distorsionada y seria, digamos. Pasamos por tantísimas etapas y eso, en cierta forma, nos mantiene activos, vivos. Pero creo que acabamos de entrar en una bisagra absoluta. Después de “Romantisísmico” se viene una especie de (Diego silabea lentamente, buscando los términos precisos) apertura categórica, aunque todo lo que hubo hasta aquí fue producto de la libertad total. -Sigue habiendo caminos, universos posibles… – Bueno, sonidos, palabras, melodías. Sí, sí y sí… Eso procuramos y ahora, quizás intentemos la desestructura y seguir teniendo potencial pop. Enriquecer las notas produce una suerte de orquestación relacionada con la delicadeza que te vengo mencionando, con producir una apertura cerebral y en todos los sentidos que la música activa cuando uno se deja llevar. Pero, enfrascados en la sutileza. Entonces, la bola del principio se transforma en un tipo de consomé de instrumentos con muchas horas de elaboración, muchos ingredientes que se van decantado, colando, licuando, logrando la abstracción que es lo más interesante de la música, para mí. Ese sondeo entre el laberinto lingüístico y lo que puede producir una nota triste, un acorde alegre, un sonido que tensiona y otro que baja. Y, a la vez, el dejarse llevar, tener humor. Todo, todo lo que asusta de la libertad. -¿Cómo se fue modificando la relación con el público a lo largo del millar largo de conciertos? -Y… Son siempre pruebas de fuego. Pero, es según cómo se enciende esa llama en la gente, cómo se la apacigua. Qué sé yo… Hay muchas formas de hacerlo y cada uno ve e intenta encontrar hasta qué color de guitarra colgarse… Pasa por muchos lados. Me parece banal hablar solo de un aspecto estético, pero sé que Mariano sabe que su viola celeste suena muy diferente a su dorada. Es como un juego… Sé que sociopolíticamente, en el ámbito donde Babasónicos toca yo tengo cierto poder. Ahora, ¿cómo hago para seguir teniéndolo o aumentarlo? (Ríe Tuñón). Hay que ver si me cuelgo ¿la celeste o la dorada? Algo que aprendí de Brian Eno (1948, compositor inglés de música experimental y electrónica) es que nunca se improvisa en vivo. Las cosas tienen que estar entre ensayadas y experimentadas. Es importante saber que ya no somos esa bola de sonido que anhelábamos de jóvenes. Somos una entidad, una marca y hay que ir resuelto y ensayado. A divertirse…

Eduardo Rouillet


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