Biodiversidad y diversidad lingüística
TOMÁS BUCH (*)
El de biodiversidad es un concepto que se está abriendo paso en la conciencia de los habitantes de la Tierra: hay millones de especies de seres vivos, de los que sólo los mamíferos “superiores” nos inspiran lástima y campañas para salvarlas, como muy especialmente las ballenas. Hay otros grandes mamíferos que están en la lista de las especies amenazadas gravemente de extinguirse por la acción humana. Nuestros ejemplos clásicos son el huemul y la mara; en otras regiones sudamericanas son el yacaré, el gato montés y otros felinos; en Asia y África son los tigres, los rinocerontes, los leopardos y los gorilas; en Europa, los linces y varias especies de cabras salvajes. Nadie ha catalogado los animales inferiores, los corales en peligro por la acidificación de los mares y muchas especies cuya existencia no conocemos siquiera o que no nos interesan, como anfibios que viven de insectos que dañan nuestras cosechas o las abejas que matamos con agroquímicos y que son esenciales para la polinización. También hay vegetales en peligro debido al continuado desmonte de los bosques nativos, ricos en especies vegetales, animales, hongos y nadie sabe qué más. Ni siquiera sabemos con seguridad cuántas especies existen, ¿varios millones, contando las bacterias y las Archaea, de las que se descubren especies nuevas en los ambientes más inverosímiles? Tenemos la sensación de que la pérdida de cada especie nos empobrece, aunque no sabemos bien por qué. Los ecólogos dicen que cada especie cumple una función en la estabilidad de nuestro mundo y las cuatro o cinco extinciones masivas de eones anteriores se repusieron con nuevas especies, como la extinción de los dinosaurios creó espacios ecológicos accesibles a los mamíferos. Existe otra epidemia de extinción masiva: la de las lenguas habladas por grupos étnicos aislados que dejan de estarlo por el avance de la “civilización” en todos los ámbitos de la Tierra. Ni el interior de Nueva Guinea –uno de los sitios más ricos en variedades de lenguas– está libre de la invasión de las culturas mayoritarias. Sin embargo, se detectaron más de 600 lenguas en esa isla. En África son 1.700. En Sudamérica, 557. Muchas de éstas son locales y los hablantes deben recurrir a las lenguas de los antiguos colonizadores para entenderse. Y sufren por ello, como una maya que no sabía castellano y pasó varios años en la cárcel sin saber por qué. Así como nadie sabe cuántas especies vivas existen, tampoco los idiomas humanos son todos conocidos. Muchos pertenecen a grupos lingüísticos mayores, otros son aislados. Se estima que existen más de 7.000 lenguas diferentes, muchas de las cuales pertenecen a grupos lingüísticos bien estudiados –como los idiomas indoeuropeos, que provienen de una raíz común aunque están muy lejos de comprenderse entre sí–. En América se hablaban cientos de lenguas, muchas de las cuales fueron avasalladas por los conquistadores, que impusieron el castellano, el portugués, el francés y el inglés por sobre el quechua, el aimara, el mapuche, el guaraní, el iroqués, etcétera. La desaparición de muchas de estas lenguas es irreversible. Otras se recuperan, porque sus hablantes han vuelto al orgullo de sus orígenes. Pero ya no hay hablantes del tehuelche meridional ni de muchas lenguas del grupo náhuatl y maya. Se habla de lenguas muertas –y si éstas han dejado registros escritos generalmente es posible reconstituirlas– como el asirio y el acádico, con su escritura cuneiforme. Actualmente se conocen 7.105 lenguas vivas, de las cuales las diez más habladas son, por orden, el chino (mandarín), el español, el inglés, el hindi, el árabe, el portugués, el bengalí, el ruso, el japonés y el punjabi. Nótese que, entre éstas, tres son lenguas indias y el español es superado sólo por el chino. Así como con las especies vivas, se calcula la probabilidad de extinción de una lengua por el número de hablantes –a veces son unos pocos o algunas decenas– y la edad de los mismos, ya que son los más viejos los que tienden a conservar “la lengua” pero sólo si hay hablantes en edad reproductiva hay alguna posibilidad de que la enseñen a sus niños como lengua materna. A veces una lengua creída muerta resulta tener hablantes vivos, como el sánscrito, idioma sagrado de los hindúes, que se creyó extinguido hasta que se encontró un par de cientos de miles de hablantes en la India. En todo caso, el sánscrito es una lengua escrita, de modo que se mantuvo viva en los escritos, como el latín, el griego homérico y muchas lenguas europeas y asiáticas, que siguieron mutando hasta que los registros escritos de hace mil años son ilegibles al lego. Muchas de las lenguas de China no se entienden entre sí pero comparten la escritura; en otras existen cientos de variantes menores –dialectos– y los lingüistas debaten cuándo un dialecto es una lengua separada. Un ejemplo es el suizo alemán, incomprensible para un alemán. Pero la gran mayoría de los millares de lenguas vivas es ágrafa, carece de formas escritas –y están destinadas a vivir sólo si una comunidad hace uso cotidiano de ellas–. Algunas se han transliterado; es decir, si carecían de lengua escrita, han sido trasladadas a las que la tenían. Así, las lenguas americanas que no se han extinguido se conservan en escritura latina y hasta se han hecho gramáticas y diccionarios de algunas. A veces se han debido inventar signos para designar fonemas inexistentes en las lenguas occidentales o el chino. El caso más conocido es el de muchas lenguas africanas que poseen fonemas del tipo de chasquidos o cliqueos que no existen en otras lenguas. A la medida de la globalización y la penetración de los idiomas principales, muchas de estas lenguas van a desaparecer. Hay gente que se ocupa de mantenerlas vivas, un problema etnográfico difícil. Hay lenguas de las que se sabe de un solo hablante, o de diez. ¿Vale la pena hacer un esfuerzo para salvarlas de la extinción? Siempre se pierde alguna particularidad cultural o de modo de pensar. Pero ¿qué puede ganarse con salvar la lengua uru, de Bolivia, con menos de diez hablantes y absorbida por el aimara? Y, sobre todo: ¿qué quiere decir “salvarla”? (*) Físico y químico
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