Blend de lanas: una trama que teje solidaridad y economía circular

Analía García une fibras, tejidos, a hilanderas y tejedoras que viven entre Valcheta y Bariloche para crear piezas con un 100% de trazabilidad patagónica. Pero sobre todo, busca establecer una relación de apoyo mutuo entre cada una de las puntas de este ovillo.





Analía García es una activista social que a través de los tejidos arma tramas de solidaridad, economía circular, sustentabilidad y diseño en contexto rural.


Si bien vive en Bariloche su zona de acción llega todos los alrededores de este paraíso cordillerano hasta Valcheta, donde conoce a cada una de las campesinas hilanderas y tejedoras en sus propios parajes. Se siente mentora y parte de un entretejido que arropa a los que vivimos por esta parte del mundo. Esta emprendedora de “Tierra de regalos-arte textil” llegó muy joven desde Buenos Aires a la zona. “A mis 21 años, a partir de mi actividad voluntaria para una organización que apoya la educación y el desarrollo rural en Patagonia y de la que aun formo parte, me permitió tener una gran experiencia como mujer y joven viviendo en el campo, educando en la ruralidad y reconociendo la realidad de las comunidades. Algo que sin duda marco todas mis elecciones de vida, ya que no puedo pensarme sin “lo rural”, comenta mientras toca y mezcla lanas recién hiladas y teñidas. Las revuelve, las ovillas y las levanta para que las disfrutemos.

“Viste que lindas que son. Pareciera que se buscaran y entrelazaran solas, entre ellas”. Es así como Analí habla de blends de lanas. Veamos por qué lo hace.

“El término blend , que se vincula al mundo de bebidas e infusiones ha traspasado fronteras , y en el mundo de fibras y los tejidos “habla” de ensamblar variedades de lanas, fibras, en hilados y en técnicas textiles. Y como a mi me gusta la variedad, juego con ellas infnitamente, diseñando y mezclando texturas, volúmenes, cruces entre urdimbre y trama que se materializa luego en piezas únicas y originales. También asocio la palabra como una manera de combinar saberes y culturas y mundos, entre lo ancestral y lo contemporáneo, lo rural y lo urbano, lo europeo y lo suramericano, ya que asumo que esas “mezclas” forman parte de mi propia identidad y experiencia de vida, y la expreso a través del tejer.

La iniciativa une a hilanderas, tejedoras y artesanas de toda esta región.


P – ¿Cómo accedés a las lanas?

R –
Mi vínculo con las lanas y quienes la producen e hilan viene de hace muchos años, primero como una actividad personal desde adolescente, luego como profesional técnica rural y ahora como creadora textil. En la Patagonia son muchas las cooperativas dedicadas a la producción de lana y fibras naturales de origen animal (ovina y caprina) como la Cooperativa Agropecuaria La Amistad de Valcheta y artesanas hilanderas de la Región Sur, que con muchísimo saber y esfuerzo se dedican a hilar una fracción mínima de toda ese material que se va a exportación. Así es que a partir de las necesidades de otras tejedoras de la zona andina que buscaban lana hilada fuimos contactando artesanas que hilan a mano con uso o rueca a pedal y también emprendimientos de Neuquén que se dedican a hilar en pequeñas plantas semiindustriales. Es allí donde conocí los primeros blends de merino y mohair o de merino y criolla, brindando una diversidad de texturas y de paletas de colores que no hicieron mas que enamorarme! Desde allí también analizamos no solo los atributos sino también las dificultades de nuestro sector para comercializar y para obtener un ingreso justo por la labor, teniendo que competir con el mercado de fibras sintéticas que imitan lo natural y la producción industrial. Las elijo porque quiero crear piezas con un 100% de trazabilidad patagónica.

¿Cómo no hacerlo con la riqueza productiva que disponemos? Su propuesta, en este sentido, no se acaba con solo adquirir hilados sino también en establecer una relación de apoyo mutuo donde “podamos pensarnos como parte de un ecosistema emprendedor donde es tan importante la familia productora como quien esquila, clasifica, hila, tiñe, diseña , teje, hasta quien comunica hacia quien luego compra el producto final, a partir de todo el valor añadido en el proceso y destacar todas las manos y saberes que se involucran. Para mi es inevitable ese compromiso y esa alianza donde todos ganamos. Y hacerlo en origen en nuestra región para el mundo es el desafío”, sostiene Analía.

Las lanas, recién hiladas y teñidas, que forman el blend.


P – ¿Cuáles son los productos que creás?

R –
Me dedico al tejido en telares y bastidores, en su mayoría piezas para abrigo y decoración en el hogar, mantas, pie de cama, fundas de almohadones y tapices decorativos de lana, y también maxicuellos, chales, ruanas y ponchos a pedido. En este momento tengo productos en vitrinas de algunos hoteles de la región y tejo a pedido. Con la pandemia se complicó un poco el año pasado por la falta de turismo en la región y como muchas emprendedoras estamos mutando en el sentido de ver otras oportunidades a través de herramientas digitales y también la exportación, proceso en el cual me estoy capacitando en este momento. También estoy enfocada en prestar servicios para el sector de diseño de interiores que está creciendo mucho últimamente. A partir de tanto encierro y virtualidad nuestros espacios pasaron a ser ámbitos cotidianos de vida y de trabajo y surge la necesidad de bienestar a través de objetos cargados de sentido.

P – ¿Cómo es tu encuentro con otras tejedoras de la región?

R –
Estamos juntándonos (virtualmente) y tuvimos una linda instancia de encuentro en la Primera Feria Ganadera productiva de Valcheta con varias familias y mujeres artesanas de la zona, ya que también estamos fortaleciendo un espacio como Red de Mujeres Rurales Patagónicas, desde donde pensar nuestros propios proyectos vinculados. De allí que justamente ahora fuimos seleccionadas para una mentoría con el programa Ganar Ganar de ONU Mujeres, donde nos están capacitando para diseñar un modelo de negocios vinculado al agregado de valor de la lana, un proyecto piloto de la Cooperativa La Amistad, que acompaño desde hace tiempo y de donde adquiero parte de los hilados que utilizo. La expectativa ahora es aplicar procesos en origen sobre una muestra piloto, con las mejores fibras y lanas de la región (que hoy se van como fardo sucio a las exportadoras) y analizar cuanto más trabajo puede generar a los productores y a las artesanas en la propia región, generando productos de calidad premium certificados. Y al estar conectadas y en red es más fácil compartir estrategias y alianzas que nos beneficie a todas, como por ejemplo vender productos en un hotel boutique en Valle Medio o en la zona andina.

Analía se dedica al tejido en telares y bastidores, en su mayoría piezas para abrigo y decoración en el hogar.


P – ¿Qué te sigue atrayendo de vivir esta parte del mundo?

R –
Ese no sé que es lo que hace al deseo y admiración de quien la visita por primera vez aún lo mantenga. Entre otras cosas fui guía de turismo y me dedico a asesorar en la temática del turismo rural , y es maravilloso ver el valor que le otorgan quienes nos visitan. Como no amar nuestra región, su mística, su inmensidad, su dolor, su naturaleza fuerte que vive en su gente. Me acuerdo una anécdota, con otra gran compañera y mujer que vive en El Manso, íbamos manejando por trabajo hacia algún paraje y ella me contaba: “mi hermano dice que tenemos suerte de trabajar todos los días en medio de un paisaje que el sueña con venir alguna vez de vacaciones”. Así me siento, privilegiada por habitar en el sur del mundo. Y más por aportar un poco a fortalecer este entretejido que somos, tan dispersas y distantes en un territorio basto pero unidas a través de hilos invisibles de solidaridad y fortaleza. Eso somos aquí en esta parte del mundo.


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