Boca, el campeón autodestructivo

Tras la renuncia del vice Mario Pergolini, Boca sigue acumulando escándalos. Ayer Campuzano chocó con su auto. Ganó los últimos dos torneos de primera división pero el equipo juega mal y el club casi siempre es noticia por temas extrafutbolísticos.





Es curioso el caso de Boca. En un país muy exitista, donde el campeón nunca es discutido, el ganador de los últimos dos torneos de primera es una máquina de generar escándalos.

A veces, las bombas llegan desde ‘‘campo enemigo’’, ajeno a la institución. Pero una característica del club en los últimos años es que se compra problemas donde no los tiene y todos los días en Boca es una historia nueva.

Por un lado, Jorge Amor Ameal, Juan Román Riquelme, Mario Pergolini y compañía, sabían que ganarle al macrismo no sería fácil y tendría sus consecuencias. Las operaciones y rumores son una constante y van limando la imagen de la directiva. Sin embargo, en el último tiempo es el actual oficialismo el que ha tomado decisiones cuyas esquirlas dañaron su fisonomía.

Cuando en diciembre de 2019 asumieron en la gestión, fueron varios los aciertos. Las apuestas por Miguel Ángel Russo para comandar al equipo desde el banco y de Pol Fernández para que lo hiciera dentro de la cancha, derivaron en la obtención de la Superliga en la cual compitió con River hasta la última fecha.
Pero el caso del mediocampista es paradigmático, porque cuando se tenía que arreglar el contrato y prolongar el préstamo, las partes no se acercaron y Boca nunca lo pudo reemplazar. Además, por decisión del Consejo de Fútbol, el DT no lo utilizó por varios partidos cuando todavía era empleado del club.

Desde el juego, el 7-1 sobre Vélez es cada vez más difícil de explicar. Fue una isla, con Edwin Cardona como abanderado. El empate con River fue más positivo que negativo, pero al partido siguiente se cruzaron Carlos Izquierdoz y Frank Fabra. El zaguero recriminó al lateral por su floja marca y el colombiano respondió con un cachetazo. No será la primera ni la última vez que dos compañeros tengan un altercado, pero esto fue a la vista de todo el mundo. Cuesta entender el manejo de vestuario en Boca, más teniendo con Consejo de Fútbol con nombres pesados.

Otra decisión que cuesta entender es el caso Wanchope Ábila. El delantero padeció muchas lesiones musculares y para evitarlas se operó. De repente, y pese a ser el delantero con mejor promedio de gol del equipo en los últimos dos años, Russo no lo citó más y fue cedido a préstamo al fútbol de Estados Unidos. Primero fue rumor, después se transformó en realidad.

Una de las posturas de Riquelme es no brindar entrevistas. Román habla con sus decisiones y en las últimas que ha tomado los argumentos no quedan para nada claros. En ese plano, la presencia de Pergolini parecía apuntar a mejorar la comunicación. Tras la renuncia del miércoles, ayer dejó una frase textual “cuando no se pueden hacer las cosas que uno propone, lo mejor es dar un paso al costado”.

La influencia de Riquelme es muy fuerte desde un comienzo, de hecho si no fuera por la presencia del ex futbolista en la lista ganadora, el presidente de Boca sería el macrista Cristian Gribaudo. Desde que asumió la gestión en la que preside Ameal, el poder del máximo ídolo de la historia del club y el Consejo de Fútbol ha sido cada vez más grande.
Su conocimiento de la disciplina está fuera de discusión pero la gestión dirigencial es muy cuestionada.

Sobre llovido, empapado. Ayer, camino al entrenamiento, Jorman Campuzano chocó con su camioneta a un efectivo policial que iba en su auto. El jugador salió ileso pero quedó demorado. El Comisario sufrió politraumatismos y fue trasladado al Hospital Fernández. A Boca tampoco lo acompaña la suerte.

Más allá de haber ganado los últimos dos títulos locales, el objetivo principal siempre es la Libertadores, trofeo que cada vez le queda más lejos, a juzgar por el nivel de juego. Dentro de la cancha, el equipo no tiene rumbo, ganó 4 de 14 partidos en el año y afuera siempre pasa algo.


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