Borges y el tango: cuatro “charlas” que se hicieron libro
Una serie de conferencias, dadas en 1965, vieron la luz cincuenta años después bajo el título “El tango. Cuatro conferencias”, recientemente editado por Sudamericana. Allí el gran escritor argentino opta por el tango orillero y crítica su posterior “adecentamiento”.
Jorge Luis Borges ofreció cuatro disertaciones sobre tango en 1965, que durante largo tiempo quedaron en el olvido y por estos días son recuperadas en un libro inédito, cuya publicación coincide con el trigésimo aniversario de la muerte del gran escritor argentino.
Un Borges chispeante se permite recitar e incluso cantar ante el auditorio, mientras repasa el origen, los símbolos y los mitos de la música emblemática del Río de la Plata en “El tango. Cuatro conferencias”, recientemente editado por Editorial Sudamericana.
El escritor afirma que el tango surge clandestinamente en Buenos Aires en el año 1880. Y, al igual que poco después el jazz en Estados Unidos, aparece en las “casas malas” (burdeles). Borges evoca haber visto a principios del siglo XX a parejas de hombres bailando, porque “las mujeres del pueblo conocían la raíz infame del tango y no querían bailarlo”.
Pero luego los “niños bien” lo llevaron a la capital francesa. “Y cuando el baile fue aprobado y adecentado en París, entonces, el barrio Norte, digamos, lo impuso a la ciudad de Buenos Aires, que ahora lo acepta”, observa el escritor fallecido el 14 de junio de 1986 en Ginebra.
Borges recuerda que inicialmente el tango es “un baile valeroso y feliz”, pero luego “va languideciendo y entristeciéndose”. Y no se ahorra críticas al mítico Carlos Gardel: “Tomó la letra del tango y la convirtió en una breve escena dramática, una escena en la cual un hombre abandonado por una mujer, por ejemplo, se queja”.
Las grabaciones siguieron un largo periplo hasta convertirse en libro. Recién en 2003, la viuda de Borges, María Kodama, escuchó las cintas y confirmó su autenticidad en 2013.
Estos encuentros, a los que Borges prefiere denominar “charlas”, se realizaron en un departamento del barrio porteño de Constitución, en el sur de la ciudad, tan entrañable para el escritor. “El sur es una suerte de corazón secreto de Buenos Aires”, afirma.
Martín Hadis, especialista en la obra de Borges que trabajó en el cuidado del texto definitivo del libro, cuenta a DPA que, sobre todo al comienzo, al escritor le daba timidez dar conferencias. Pero con los años logró sobreponerse “y definitivamente se convirtió en una actividad que disfrutaba”.
Al comienzo del libro Borges rememora que con el dinero obtenido por el segundo Premio Municipal de Literatura, dedicó el año 1929 a una investigación sobre el poeta argentino Evaristo Carriego, que se transformó en un estudio sobre el mundo del tango.
Más de tres décadas después, Borges concluye las conferencias indicando que “el tango nos da a todos un pasado imaginario”, y que “oyendo el tango todos sentimos que, de un modo mágico, hemos muerto ‘peleando en una esquina del suburbio’”. El tango, y sobre todo la milonga, “fue un símbolo de felicidad”, añade el genial escritor.
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