Boudou empantanado
El abogado defensor del vicepresidente Amado Boudou, Diego Pirota, reaccionó automáticamente frente a la negativa de la Cámara Federal de Casación Penal de sobreseer a su cliente en la causa Ciccone calificando de “político” el fallo, dando a entender así que todo se debe a una maniobra opositora. Por desgracia, Pirota no se habrá equivocado por completo. Si bien es difícil saber cuánta influencia tienen las presiones políticas en los fallos de las diversas cámaras, no cabe duda de que suelen ser lo bastante fuertes como para beneficiar a algunos acusados y perjudicar enormemente a aquellos que carecen de padrinos bien ubicados. He aquí la razón por la que virtualmente todos entienden que el destino del vicepresidente depende menos de los detalles del caso en que desempeña un papel protagónico que de la actitud asumida por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Hasta ahora, Boudou ha conseguido aprovechar su proximidad a la cima del poder para mantener a raya a la Justicia, e incluso logró provocar la renuncia del procurador general de la Nación, el veterano peronista Esteban Righi, pero así y todo sigue siendo uno de los miembros más vulnerables del gobierno. Lo es no sólo porque le será difícil convencer a un juez, por mucho que lo quisiera ayudar, de que nunca se le ocurrió favorecer a sus allegados para que se apropiaran de la imprenta Ciccone, sino también porque, debido a la imagen pésima que se las ha arreglado para adquirir, el gobierno podría llegar a la conclusión de que le convendría dejarlo caer. Por lo demás, aunque voceros oficiales, como el jefe de Gabinete Jorge Capitanich, insisten en que Boudou es “víctima de un sistemático linchamiento mediático”, no ignoran que la evidencia en su contra es tan abundante que, de haber aceptado los jueces de la Cámara de Casación Penal el pedido de sobreseimiento que les fue presentado, el escándalo resultante hubiera sido mayúsculo. Con todo, si bien el prestigio personal de Boudou está por los suelos, felizmente para él aún cuenta con el respaldo firme de Cristina que, por motivos comprensibles, se muestra reacia a soltarle la mano aun cuando otros integrantes de su pequeño círculo áulico se hayan acostumbrado a tratarlo con desprecio, humillándolo toda vez que le toca reemplazar a su jefa, como sucedió durante su ausencia prolongada por enfermedad el año pasado. A esta altura, Cristina no podrá sino entender que fue un gran error de su parte elegir a un personaje tan impetuoso y transgresor como Boudou para ser su compañero de fórmula en las elecciones presidenciales del 2013, pero mal que le pese no le queda más alternativa que la de tolerar su presencia. Por cierto, no ignorará que, de caer Boudou a raíz de un juicio político o una renuncia forzada, se difundiría enseguida la impresión de que ella misma sería la próxima en la lista. Así las cosas, le parece mejor dejarlo en el lugar destacado que, por capricho y para desconcierto de todos sus allegados, le dio cuando las encuestas de opinión le sonreían y pocos oficialistas se animaban a cuestionar sus decisiones. En comparación con las actividades atribuidas a eventuales socios de la presidenta como el empresario santacruceño Lázaro Báez, las imputadas a Boudou, de haber colaborado con su presunto testaferro, Alejandro Vandenbroele, para adueñarse de la ex Ciccone Calcográfica, parecen casi rutinarias. En algunos países, basados en lo que ya es de dominio público, Boudou hubiera dejado el gobierno para ingresar en una cárcel hace mucho tiempo, pero, como todos sabemos, en la Argentina se da la paradoja aparente de que, si bien todos entienden que la corrupción es endémica, menos políticos terminan entre rejas de lo que es el caso en aquellos países en que la corrupción no constituye un problema muy grave. ¿Están por cambiar las generosas tradiciones nacionales en el ámbito así supuesto? A juzgar por lo que dicen muchos que se ven calificados de presidenciables, podríamos estar en vísperas de una versión local del operativo “manos limpias” que modificó drásticamente el panorama político de Italia pero que hizo muy poco por eliminar el flagelo de la corrupción. De ser así, Boudou se encontrará entre quienes encabezan la cola de “emblemáticos” que se verán sacrificados.
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