Brujas derechistas
Que el rector de una universidad nacional haya querido echar a un subordinado por razones ideológicas es sin duda lamentable, pero en verdad no debería sorprender a nadie. En el mundo entero, sin excluir a los países con derecho a ufanarse de sus tradiciones democráticas y pluralistas, las internas académicas suelen adquirir un grado de virulencia que dejaría pasmados a muchos políticos tercermundistas. Con todo, esto no quiere decir que no haya sido preocupante la actitud asumida por el rector de la Universidad Nacional de Quilmes, Julio Villar, que ha pedido que renuncie el vicerrector Mariano Narodowski por el crimen de colaborar con quien aspiró a reemplazar a Aníbal Ibarra como jefe del gobierno porteño por Mauricio Macri, lo que a su entender muestra que es un hombre de “la extrema derecha” y, para colmo, “elitista”.
Lo preocupante no es tanto que Villar haya tratado de obligar a Narodowski a renunciar por considerarlo demasiado “derechista” cuanto que lo haya dicho de forma tan contundente, haciendo gala de la arrogancia de quien da por descontado que “el pueblo” encontraría perfectamente aceptable su explicación, en vez de limitarse a criticar a su adversario por sus supuestas deficiencias como administrador. Al actuar de tal modo, Villar hace más plausible la tesis de los que suponen que el gobierno del presidente Néstor Kirchner se ve acompañado por camarillas sectarias de la extrema izquierda que creen que ha llegado la hora de concretar su “proyecto”.
Por fortuna, dicho “proyecto”, si es que realmente existe fuera de la imaginación de un puñado de intelectuales comprometidos, sólo atraería a un pequeña minoría de iluminados. Si bien el grueso de la ciudadanía ha estado dispuesto a aplaudir las embestidas de Kirchner y sus allegados contra militares retirados, banqueros, economistas “neoliberales” y menemistas, no hay evidencia de que a partir del 25 de mayo el país haya girado hacia la izquierda representada por personajes como Villar. Además, por razones comprensibles se dan pocos pueblos en el mundo entero que se sientan más molestos que el argentino frente a cualquier manifestación de persecución ideológica, sobre todo en el ámbito universitario. Incluso los izquierdistas de inclinaciones totalitarias son por lo común reacios a discriminar abiertamente contra colegas de ideas distintas por entender muy bien que de iniciar ellos una ofensiva, no tardaría en provocar una nueva reacción derechista de consecuencias luctuosas para todos.
A su modo peculiar, Villar ha prestado un servicio al país con su extrema franqueza porque de ahora en adelante los preocupados por el autoritarismo que creen detectar en el “estilo” de Kirchner y de sus simpatizantes más locuaces estarán más alertas de lo que hubiera sido el caso si, como siempre han aconsejado los estrategas revolucionarios más astutos, hubiera actuado con mayor cautela. Si está en marcha un “proyecto” totalitario o meramente autoritario impulsado por individuos que creen estar en condiciones de aprovechar en beneficio propio la imagen excelente del presidente Kirchner, será mejor frenarlo cuanto antes, de este modo ahorrándonos conflictos peligrosos en el futuro. Gracias a Villar, partes importantes de la comunidad académica y aquellos que siguen con interés sus vicisitudes ya se han movilizado a fin de mantenernos informados acerca de las hipotéticas maniobras de los extremistas de izquierda, mientras que éstos continuarán advirtiéndonos sobre las actividades de sus propios enemigos.
En cuanto a Kirchner, no cabe duda de que su vehemencia habitual habrá alentado a grupos que no se sienten consustanciados con la “democracia burguesa” y, al igual que Villar, suponen que el pluralismo no puede incluir a quienes en su opinión se ubican en la mitad derecha del espectro ideológico, o sea, el cincuenta por ciento o más de la población del país. Sin embargo, de producirse más incidentes como el protagonizado por el rector quilmeño, Kirchner pronto se dará cuenta de que no le convendría en absoluto alejarse demasiado del centro porque las apariencias superficiales no obstante la Argentina es un país de moderados, no de guerreros ideológicos, razón por la que todos los gobiernos que han tratado de pasar por alto esta realidad sencilla han terminado mal.