“¡Buen viaje, Rafita!”
Querías irte y te acompañé a hacerlo, me lo agradeciste con una lagrimita que se asomó de tu ojo derecho y a los 20 minutos te fuiste. Mi cuerpo y mi alma se desgarraron con tu ausencia, con la ausencia física y el vacío que dejaste a mi alrededor: te busco, te siento, te escucho. En este momento es lo que más siento: quiero verte aparecer y abrazarte. Me parece un sueño, una situación ridícula que no imaginé ni en mis peores pesadillas (y tuve muchas). Siempre me dijiste, cuando fantaseábamos los dos con la muerte, que de ninguna manera te expusiera a la mirada de los otros. Te pedí y te pido perdón por no cumplirlo: había tanta gente que ansiaba despedirte, honrarte, acompañarte… Seguro que estarías protestando y pensando: “¿por qué me miran?” pero fue con el mayor de los respetos, agradecimiento y dolor. Yo te dije que hicieras de cuenta que estabas en la tele. Además, dicen los que te vieron, que estabas con una sonrisa. Vos sabés que nosotros ya nos habíamos despedido antes, cuando todavía estabas, después… después ya permaneciste grabado en mi cuerpo y alma, no hacía falta ver tu envase; ya eras parte de mí. También siempre me dijiste que tu deseo era que tiremos tus cenizas al Piltri y al lago. Eso te encantaba: la adrenalina, el riesgo. Aprovechaste todos los instantes de tu vida, como presintiendo la premura que te respiraba en la nuca. Yo, sin entender, te pedía que descanses, que te relajes… ¡Qué tonta! No sabía que tu tiempo acá era corto. Vino mucha gente a despedirte: conocidos, amigos, familiares, personas que yo nunca había visto, gente que te conocía “de la televisión”. Todos me contaban cómo eras vos… a mí. A mí que me enamoré justamente porque vi quién eras y durante nueve años viví tu trabajo, tus ideas, tus preocupaciones, tus dolores, tus angustias, las injusticias, los logros. Yo sé quién sos, Rafita, y te amo por eso. Pero fue muy emocionante, y desgarrador a la vez, escucharlo y sentirlo de toda una comunidad, todos te acompañaron. Vos ya lo sabías, porque siempre te lo manifestaban, pero estoy segura de que te gustó poder estar ahí. En todos los lugares que estuviste, marcaste la diferencia, porque ibas al frente, porque siempre estabas, porque te comprometías, porque a los problemas de los vecinos los hacías tuyos, porque tenías propuestas, porque trabajabas codo a codo como uno más… y así debe ser. Tu despedida fue bella: pañuelos que te saludaban desde las ventanas, compañeros con lágrimas corriendo por sus mejillas, funcionarios, amigos, periodistas, instituciones… estaban todos. Y eso, compañero, no lo logra cualquiera… Una vecina me dijo: “Usted no dimensiona lo que significa que una localidad como Bolsón hoy llore a un policía”. Y sí, rearmaste, recompusiste y estrechaste los lazos con la comunidad, mostrándote cómo sos: puro profesionalismo y humildad. No me imagino la vida sin vos. En realidad, nunca mi vida va ser sin vos, eternamente estarás en mí… Tengo que aprender que será de otra manera. Hoy duele mucho, duele en cada célula de mi cuerpo, en cada objeto tuyo, en cada frase tuya, en cada canción y en cada lugar. De mi parte, agradezco infinitamente a todos los que estuvieron, acompañaron, se entregaron y se pusieron a entera y total disposición –“para lo que necesite”–. Tanta grandeza hizo que sintiera mi mezquindad. Tengo tanto que aprender. Me sentí entera y completamente acompañada. Todos me dicen con tanta convicción y cariño: “fuerza”. Hoy no la tengo, pero de a poco empezaré a construirla, transitando el dolor. No hay otra manera. Vos elegiste quedarte acá, en las montañas y en el lago, en este lugar; yo elijo quedarme con vos. Gracias por elegirme, por haberme amado y por haber sido parte de tu vida. Te amé, te amo y te amaré hasta que nos volvamos a encontrar… y más allá también. Buen viaje, Rafita!, Subcomisario Rafael Godoy. Claudia Paladini DNI 17.668.195 – El Bolsón
Claudia Paladini DNI 17.668.195 – El Bolsón