Calibán
El derrumbe del modelo parece inexorable. La realidad muestra una formidable caída del flujo de inversiones extranjeras directas, una inflación rebelde que no cede y un creciente problema de empleo. Las consecuencias de las políticas de cepo cambiario, control de importaciones, restricciones a las exportaciones, congelamiento de precios y ahora la renovada amenaza de aplicar la ley de Abastecimiento, se empiezan a ver con toda intensidad. La ira desatada por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, frente al fracaso del congelamiento de precios y a la suba de la inflación, no sólo genera fastidio en la comunidad de negocios, sino también en la Casa Rosada y en las filas del kirchnerismo que se apresta a enfrentar una crucial elección de medio término. ¿Cómo parar la inflación cuando las inversiones se alejan de estas playas y cuando el país enfrenta su más grave crisis energética que le obliga a girar casi 15.000 millones de dólares anuales al exterior? América Latina recibió unos 175.000 millones de dólares de inversiones en el 2012, según el informe brindado por la Unctad. De este total, unos 12.500 millones de dólares vinieron a la Argentina. Es decir, la tercera economía del continente por PBI se lleva apenas el 7% de las inversiones extranjeras directas. ¿Algo andará mal? La cifra no debe inducir a equívocos, ya que se calcula que, de este total, unos 8.000 millones de dólares corresponden a la prohibición que tienen las empresas de origen extranjero para girar utilidades a sus casas matrices y, si no se contabilizan estas sumas, la Argentina es receptora de apenas un 2,5% del total de inversiones en la región. Esta veda, junto con el cepo cambiario, llevó a las principales multinacionales radicadas en el país a sacar de la agenda a la Argentina como prioridad. Otro síntoma del aislamiento internacional que el gobierno se empeña en negar. El modelo ya no tiene el encanto de otros tiempos y no sirve para vender electoralmente. El empleo está pagando la borrachera de poder y esa variable ha puesto al sindicalismo en pie de lucha. La actividad no levanta. Las recientes cifras de la recaudación tributaria así lo revelan. El IVA, un indicador del consumo y la actividad económica, aumentó 25,2% en línea con la inflación que el gobierno niega. El dato es aún más elocuente si se toma la evolución anual: 23,6%, menos que la inflación. Es decir, hay menos ventas. Otro gravamen, el impuesto al cheque, apenas subió un 20%. De nuevo, la actividad con menor marcha o un aumento de la economía en negro, lo cual es mucho más grave. Mientras tanto, la Administración pone todo su esfuerzo en seguir creando ficciones, mientras los agregados monetarios continúan en franca expansión, alimentando la ilusión de un consumo exacerbado, cebando la bomba de un modelo exangüe. En el medio quedó el debut del blanqueo que, por ahora, muestra una total apatía, a pesar del desesperado aliento oficial. A la par del comportamiento del secretario de Comercio, quien parece querer ponerse en la piel del horrible personaje de Calibán de “La tempestad” de William Shakespeare, el modelo que se dice progresista empieza a mostrar su realidad: menores inversiones, más dinero ficticio, más inflación y más pobreza, una ecuación poco favorable para los sueños palaciegos del kirchnerismo. (*) Analista económico de DyN
MIGUEL ángel rouco (*)
El derrumbe del modelo parece inexorable. La realidad muestra una formidable caída del flujo de inversiones extranjeras directas, una inflación rebelde que no cede y un creciente problema de empleo. Las consecuencias de las políticas de cepo cambiario, control de importaciones, restricciones a las exportaciones, congelamiento de precios y ahora la renovada amenaza de aplicar la ley de Abastecimiento, se empiezan a ver con toda intensidad. La ira desatada por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, frente al fracaso del congelamiento de precios y a la suba de la inflación, no sólo genera fastidio en la comunidad de negocios, sino también en la Casa Rosada y en las filas del kirchnerismo que se apresta a enfrentar una crucial elección de medio término. ¿Cómo parar la inflación cuando las inversiones se alejan de estas playas y cuando el país enfrenta su más grave crisis energética que le obliga a girar casi 15.000 millones de dólares anuales al exterior? América Latina recibió unos 175.000 millones de dólares de inversiones en el 2012, según el informe brindado por la Unctad. De este total, unos 12.500 millones de dólares vinieron a la Argentina. Es decir, la tercera economía del continente por PBI se lleva apenas el 7% de las inversiones extranjeras directas. ¿Algo andará mal? La cifra no debe inducir a equívocos, ya que se calcula que, de este total, unos 8.000 millones de dólares corresponden a la prohibición que tienen las empresas de origen extranjero para girar utilidades a sus casas matrices y, si no se contabilizan estas sumas, la Argentina es receptora de apenas un 2,5% del total de inversiones en la región. Esta veda, junto con el cepo cambiario, llevó a las principales multinacionales radicadas en el país a sacar de la agenda a la Argentina como prioridad. Otro síntoma del aislamiento internacional que el gobierno se empeña en negar. El modelo ya no tiene el encanto de otros tiempos y no sirve para vender electoralmente. El empleo está pagando la borrachera de poder y esa variable ha puesto al sindicalismo en pie de lucha. La actividad no levanta. Las recientes cifras de la recaudación tributaria así lo revelan. El IVA, un indicador del consumo y la actividad económica, aumentó 25,2% en línea con la inflación que el gobierno niega. El dato es aún más elocuente si se toma la evolución anual: 23,6%, menos que la inflación. Es decir, hay menos ventas. Otro gravamen, el impuesto al cheque, apenas subió un 20%. De nuevo, la actividad con menor marcha o un aumento de la economía en negro, lo cual es mucho más grave. Mientras tanto, la Administración pone todo su esfuerzo en seguir creando ficciones, mientras los agregados monetarios continúan en franca expansión, alimentando la ilusión de un consumo exacerbado, cebando la bomba de un modelo exangüe. En el medio quedó el debut del blanqueo que, por ahora, muestra una total apatía, a pesar del desesperado aliento oficial. A la par del comportamiento del secretario de Comercio, quien parece querer ponerse en la piel del horrible personaje de Calibán de “La tempestad” de William Shakespeare, el modelo que se dice progresista empieza a mostrar su realidad: menores inversiones, más dinero ficticio, más inflación y más pobreza, una ecuación poco favorable para los sueños palaciegos del kirchnerismo. (*) Analista económico de DyN
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