Calma chicha

Redacción

Por Redacción

Con cierto optimismo, el Banco Central acaba de dar a conocer que en su opinión la crisis financiera desatada por el colapso de la convertibilidad ya está bajo control y que los ahorristas han vuelto a confiar en los bancos, de ahí el crecimiento notable de los plazos fijos en las últimas semanas. Sin embargo, son muchos los economistas que creen que esta situación al parecer promisoria no necesariamente supone que por fin la recuperación esté en marcha. Como señaló hace poco el ministro Juan Llach, las tarifas públicas y los precios relativos actuales son insostenibles, el valor del dólar es tan alto que distorsiona las demás variables, entre ellas los salarios que son demasiado bajos como para reactivar y las deudas en dólares mantienen no sólo al gobierno sino también a muchas empresas en default. Mientras tanto, por razones políticas el gobierno del presidente Eduardo Duhalde no quiere o no puede intentar resolver los muchos problemas conflictivos que se dan -y ni hablar de emprender las reformas estructurales pendientes-, de suerte que es inevitable que la herencia que legará a su sucesor será aún más pesada que la encontrada por Fernando de la Rúa. Puesto que todo hace prever que el próximo gobierno será muy endeble, el vaticinio atribuido a Ricardo López Murphy de que «durará lo que un lirio» no parece una exageración. Mal que nos pese, a menos que el país cuente con un gobierno fuerte respaldado por buena parte de la clase política y una proporción significante de la ciudadanía, no le será posible hacer un esfuerzo serio por solucionar los problemas económicos básicos. En cuanto un futuro gobierno ponga manos a la obra, empero, la calma chicha que hemos estado disfrutando desde mediados del año llegará a su fin.

El informe del Banco Central refleja el estado de ánimo imperante en el gobierno que, según parece, se siente reconfortado por los fracasos ajenos, es decir, por el hecho de que ningún político haya conseguido entusiasmar a más que una pequeña minoría interesada, mientras que la sociedad en su conjunto parece haberse resignado a que le será inútil seguir esperando a que alguien la sorprenda confeccionando un «modelo» muy distinto del existente, ilusión ésta que se difundió a comienzos del año cuando muchos imaginaban que quienes habían criticado con virulencia la gestión de Carlos Menem primero y, después, de De la Rúa, sabían perfectamente lo que harían en su lugar. Aunque el propio Duhalde debe su eminencia actual en buena medida a su prédica incansable acerca de la necesidad urgente de impulsar cambios realmente drásticos, la conciencia de que todo seguirá aproximadamente igual no parece haberlo perjudicado, sin duda porque le ha tocado encarnar el statu quo.

La Argentina se encuentra ante un dilema nada agradable. Si el sucesor de Duhalde elige hacer la plancha, por decirlo así, dedicándose a esquivar las dificultades más antipáticas, el país terminará conformándose con un grado de mediocridad antes inconcebible, festejando si la tasa de desempleo baja del 20% al 18% y congratulándose porque en un trimestre determinado el producto bruto haya aumentado levemente. En cambio, de procurar un gobierno llevar a cabo las reformas necesarias para que la economía comience a crecer con rapidez, tendría que afrontar las protestas acaso violentas de los muchos sectores afectados que, como es natural, tratarán de defender sus «conquistas». Por desgracia, cuanto más grave sea una crisis sistémica, más conflictivas habrán de ser las medidas precisas para resolverla, pero por razones comprensibles en períodos tan inseguros como el actual son muy pocos los que estén dispuestos a correr riesgos. En efecto, la debacle que hemos protagonizado puede achacarse a que ya son tantos los grupos que temen al cambio que virtualmente todos están reclamando que nadie quiere ceder un ápice. Aunque el gobierno de Duhalde ha conseguido aprovechar el compás de espera resultante porque, a diferencia del encabezado por De la Rúa, no está siendo hostigado por quienes dicen disponer de una «alternativa» convincente, el que salga de las próximas elecciones no podrá adoptar la misma estrategia pasiva porque no le será posible negarse a hacer frente a la multitud de problemas de toda clase que recibirá.


Con cierto optimismo, el Banco Central acaba de dar a conocer que en su opinión la crisis financiera desatada por el colapso de la convertibilidad ya está bajo control y que los ahorristas han vuelto a confiar en los bancos, de ahí el crecimiento notable de los plazos fijos en las últimas semanas. Sin embargo, son muchos los economistas que creen que esta situación al parecer promisoria no necesariamente supone que por fin la recuperación esté en marcha. Como señaló hace poco el ministro Juan Llach, las tarifas públicas y los precios relativos actuales son insostenibles, el valor del dólar es tan alto que distorsiona las demás variables, entre ellas los salarios que son demasiado bajos como para reactivar y las deudas en dólares mantienen no sólo al gobierno sino también a muchas empresas en default. Mientras tanto, por razones políticas el gobierno del presidente Eduardo Duhalde no quiere o no puede intentar resolver los muchos problemas conflictivos que se dan -y ni hablar de emprender las reformas estructurales pendientes-, de suerte que es inevitable que la herencia que legará a su sucesor será aún más pesada que la encontrada por Fernando de la Rúa. Puesto que todo hace prever que el próximo gobierno será muy endeble, el vaticinio atribuido a Ricardo López Murphy de que "durará lo que un lirio" no parece una exageración. Mal que nos pese, a menos que el país cuente con un gobierno fuerte respaldado por buena parte de la clase política y una proporción significante de la ciudadanía, no le será posible hacer un esfuerzo serio por solucionar los problemas económicos básicos. En cuanto un futuro gobierno ponga manos a la obra, empero, la calma chicha que hemos estado disfrutando desde mediados del año llegará a su fin.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora