¿Camino al desastre?




Diego Lo Tártaro

Presidente del Instituto Argentino para el Desarrollo de las Economías Regionales (Iader).

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Llegó el momento de afrontar la realidad. Respetar a rajatabla la Constitución, las leyes y la Justicia; consensuar la modificación del sistema tributario y laboral; poner fin al desorden de las variables económicas; tener equilibrio fiscal


Muchos argentinos con total parsimonia, indiferencia e imprudencia continúan aceptando que se someta a la Justicia mediante la modificación de normas y reglamentos, cambiando y trasladando a jueces para que fallen ajustándose a los intereses y necesidades de quienes detentan el poder y que han infligido la ley cometiendo delitos de corrupción durante su paso por la función pública para lograr así impunidad.

Esta grave y peligrosa intervención del Poder Ejecutivo y su aliado el Legislativo sobre el Judicial que alcanza hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que trata temerosamente de hacer equilibro entre lo que indica la Constitución y la ley por un lado y su interés de supervivencia por el otro. Este bochornoso proceder pone al descubierto de forma indubitable y evidente el estado de inseguridad jurídica en que está atrapada la república y su cercanía a la dictadura.

En el mientras tanto el gobierno nacional que aparenta conducirse desorientado, sin rumbo, sin timonel, y simula una disputa de poder entre dos Fernández, cuando lo cierto es que quien ordena y manda es la vicepresidenta. El país en todos los ordenes va al colapso, basta observar el colosal quiebre de pymes, de grandes empresas que abandonan el país, de cuentapropistas que quedaron sin trabajo, de legiones de desocupados, de millones niños que padecen extrema pobreza, de los jóvenes más preparados que emigran, jubilados cuyos haberes son míseros, economías regionales exhaustas, todo esto y muchos más se acrecienta por el irresponsable manejo que se hizo de la cuarentena que el Ejecutivo con absoluto descaro muestra como exitoso.

Aceleradamente nos acercamos a la implosión de la crisis, quienes nos gobiernan tienen un desorden intelectual que no les permite advertir el desastre o, quizás peor aún, guiados por ideologías perimidas y extraviadas que promueven la incertidumbre, el temor, la pesadumbre, la pauperizarnos para llegar al acto final de este drama, el desborde social acompañado por la violencia para tener como epilogo transformarnos en una nueva Venezuela.

No permitamos que falsos cantos de sirena obnubilen nuestra percepción y buen juicio, el fin de la pandemia que no es inmediato; cuando se extinga dejará a la vista lo catastrófico de su paso. Con el FMI no tengamos dudas, vamos a arreglar porque ellos son corresponsales de este irresponsable endeudamiento, que por otra parte es solo posponer obligaciones que tal como estamos procediendo no podremos pagar. El artificial y breve respiro en la continua devaluación del peso, el anuncio de un supuesto ajuste presupuestario que no van a cumplir porque no se instrumentan las medidas que el mismo requiere, estos y otros anuncios solo son fuegos de artificio en la negra noche que nos cubre.

Entonces, ¿dónde está el problema? En nosotros. Sí o sí llegó el momento de afrontar esta realidad. ¿Qué significa esto? Terminar con los dogmas y los dogmáticos, respetar a rajatabla la Constitución, las leyes y la Justicia; consensuar la modificación y aggiornamento del sistema tributario y la legislación laboral; poner fin al colosal desorden de todas las variables económicas; tener equilibrio fiscal; y para ello se requiere reformar el Estado, priorizar la educación, abrirnos al mundo, aceptar la meritocracia. Solo haciendo las cosas mejor y con los mejores abandonaremos el lodazal en el que estamos empantanados.

No dudemos en apartar a quienes con su infernal conducta han hecho inmensos males al país, y que hoy con su proceder y prédica solo buscan profundizar la grieta que nos divide. Enfriemos las pasiones que nos separan y unámonos en un objetivo común, porque de lo contrario vamos camino al desastre.


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