Carambola

El gobernador electo Omar Gutiérrez estuvo en un acto de apoyo a Massa y al otro día aclaró que está con Scioli.

Por Redacción

gerardo bilardo gbilardo@rionegro.com.ar

Con intensidades diferentes, el MPN juega a tres bandas en estas elecciones presidenciales y aplica un estilo clásico de pragmatismo político para reposicionarse frente a la nueva estructura de poder que surgirá luego de las presidenciales del próximo domingo. El oficialismo cuenta con un menú variado de referentes para mostrarse junto a los candidatos Daniel Scioli, Mauricio Macri o Sergio Massa, y tiene una estructura ideológica que resiste fisuras internas cuando sus actores navegan en un amplio abanico de pensamientos. Sin embargo, esa diversidad a veces produce choques inesperados, como ocurrió esta semana cuando el gobernador electo Omar Gutiérrez concurrió al acto que el dirigente petrolero y senador nacional Guillermo Pereyra organizó para apoyar a Massa y al candidato a diputado nacional del MPN Rodolfo Kaiser. Gutiérrez dice que fue víctima de una operación política para dejarlo pegado al candidato de UNA, explica gente de su entorno. Las fuentes no abundaron en detalles, pero existe una línea que conectaría a este hecho con la interna del gremio de petroleros privados por la sucesión en el influyente sindicato. Con el método del dedo y un estilo ya consolidado que no deja espacio para el disenso dentro de la organización, Pereyra eligió a Ricardo Astrada, actual número dos de la conducción, para que continúe a partir del año próximo al frente del gremio. Pero el proyecto tiene una piedra en el zapato, Marcelo Rucci, hombre forjado en petroleros privados e intendente de Rincón de los Sauces. El dirigente es visto por el oficialismo del gremio como potencial competidor en la nueva etapa sin Pereyra por su relación horizontal con el gobernador actual y el electo. Con el fantasma de una acción malintencionada o no, la fotografía de Gutiérrez, micrófono en mano y con un afiche gigante de campaña de Massa detrás suyo, desacomodó al gobernador electo y al jugador que tiene en su poder el taco y la tiza para acertar con una jugada de carambola, el gobernador Jorge Sapag, que hizo su apuesta por Scioli. Con lenguaje bien calibrado como para no tener que volver a dar explicaciones, Gutiérrez dijo en el aniversario de Añelo que “a título personal” está “identificado” con el proyecto del candidato del Frente para la Victoria. Hizo una telegráfica declaración junto a Sapag, que le puso el marco a la estrategia del partido provincial: “Para las elecciones del 25, el MPN está unido apoyando la candidatura de Kaiser y Silvia de Otaño (al Parlasur). La Convención del partido no se expidió (sobre la presidencial) y el MPN es pluralista. Los diferentes sectores tienen sus posiciones y eso se respeta”, dijo el actual gobernador, que no acostumbra a dar pruebas de amor absolutas. El partido provincial juega a conservar una pequeña fuerza legislativa, pero con poder desequilibrante como para negociar en momentos clave con el oficialismo nacional. Por eso Sapag habla del voto 129 que es el número del quórum en Diputados, y en ese sentido hizo una convocatoria al “voto útil” para empujar a la boleta del MPN que juega en desventaja porque no lleva candidato presidencial, más allá de que Kaiser pueda participar en un acto de respaldo a Scioli a la mañana, en uno de Macri por la tarde y en otro de Massa a la noche. El MPN también tiene fichas puestas en la figura de Macri. Uno de los referentes alineados con el intendente porteño es el exdiputado José Brillo, un nombre que además suena como posible integrante del gabinete de Gutiérrez. De no haber segunda vuelta, la elección del domingo clausura la agenda electoral del 2015 y el MPN contará las fichas que le quedaron y analizará el escenario en el que deberá moverse a partir del 10 de diciembre. Con las dudas electorales despejadas, se confirmará el equipo de gobierno que acompañará a Gutiérrez a partir del próximo mes, una arquitectura ya insinuada para algunos puestos pero que será ajustada con el conocimiento del resultado final. Y si hay segunda vuelta, es posible que se dilaten las definiciones. Algunos sectores internos del partido esperan ese remanso político para hacer autocrítica sobre el desempeño del MPN a lo largo del año electoral. Hay dos resultados en particular que dejaron úlceras en la piel del oficialismo, el de Plottier y el de la ciudad de Neuquén. El primer caso es el más complejo de resolver internamente porque ganó un aliado del MPN, el actual intendente Andrés Peressini, que consiguió la reelección pero no logra encaminar las finanzas del Municipio, y a esta altura algunos en el gobierno ya lo consideran como un hijo adulto al que hay que mantener. En el distrito perdió por ajustada diferencia la candidata del oficialismo puro, Julieta Corroza, que se fue a su casa con el convencimiento de que su fuerza política jugó dividida, lo que marcó su destino. La derrota expresa el mar de fondo entre los actores que jugaron detrás de los candidatos. Corroza fue impulsada por el actual vicegobernador Rolando Figueroa y en sectores del MPN le atribuyen al triunfo de Peressini un respaldo oculto que llegó desde el Poder Ejecutivo. En el caso de la ciudad de Neuquén también quedaron facturas por pagar. Aquí se cuestiona la estrategia que definió el gobernador electo, con el aval de Sapag, y se pone en duda el verdadero interés del MPN por recuperar la capital. “Quiroga ni transpiró la camiseta”, graficó una alta fuente del partido interesada en revisar lo ocurrido, una puerta que habrá que ver si el partido se atreve a abrir.

Neuquén