Carla corrió, pero no pudo resguardarse de las balas
Testigos relataron el ataque de Laila Díaz a la Clínica Radiológica del Sur. Declararon compañeras de la víctima y policías que intervinieron en la negociación. La mamá de la joven dijo que “no puede” perdonar.
SIGUE EL JUICIO A LAILA DÍAZ
CIPOLLETTI (AC).- Ayer, en la segunda jornada del juicio por el asesinato de la laboratorista Carla Milla, declararon compañeras de la víctima y los comisarios que participaron de la negociación con Laila Díaz durante el ataque a la clínica cipoleña. Una técnica contó que cuando la imputada extrajo el arma de fuego, ella y Carla corrieron hacia la sala intermedia. Esa fue la última vez que vio con vida a su compañera. También habló la secretaria del centro médico, quien encontró a Carla muerta detrás de un mostrador. Díaz ingresó a la Clínica Radiológica del Sur, donde había estado internada su madre, en la mañana del 23 de marzo de 2013. Subió al primer piso y exigió la presencia de dos médicos a quienes responsabilizaba por una supuesta mala praxis. Como una de las enfermeras le prohibió el ingreso a uno de los sectores, extrajo un revólver calibre 32 y desató una balacera. Hirió por la espalda a la joven Carla Milla, que era técnica en laboratorio. En la primera audiencia la imputada le pidió “perdón” a los padres de la víctima y aseguró que no les quiso “arruinar la vida” sino que sólo intentó “hacer justicia por mano propia” por lo sufrido por su madre. Beatriz, la madre de Carla, manifestó ayer en declaraciones que hizo a LU19 que “es una sensación muy rara, yo entiendo que ella cometió un error. Puedo perdonar el acto, pero no que haya matado a mi hija”. Los comisarios Pedro Garrido y Daniel Uribe, las primeras autoridades policiales en llegar al lugar, aseguraron que siguieron el protocolo de “crisis con rehenes” y que negociaron desde un entrepiso con Díaz. Había un descanso entre el primero y el segundo piso y ellos no alcanzaban a verla pero cada vez que intentaban subir escuchaban los disparos. Sabían, por cómo sonaban, que eran de grueso calibre. Laila exigía que los médicos Nuñez y Rodríguez pidieran “disculpas” ante las cámaras de televisión. Cuando un paciente le avisó que había herido a una persona la imputada arrojó el revólver y se entregó. Entonces los policías subieron y la encontraron sentada en su sillas de ruedas. Gabriela Dellabarba, otra técnica en laboratorio que estudió con Carla Milla, contó que estaban en una de las salas cuando Díaz discutió con la enfermera Eugenia Toppi, quien le prohibía el ingreso. Cuando sacó el arma y les apuntó ellas corrieron. “Carla corrió adelante mío, pero nos separamos. Yo me metí a la sala de los médicos y esa fue la última vez que la vi con vida, ahí estaba en la mesada”, declaró la joven. Cintia Seguel, una de las secretarias del sector de internación, contó que cuando escucharon los disparos se encerraron en su oficina. Estuvieron resguardadas durante más de dos horas y cuando Laila finalmente se entregó, los policías les avisaron que ya podían salir. Fue entonces cuando encontró a Carla tirada. “La dieron vuelta y estaba toda morada y llena de sangre”. En ese momento del relato la testigo se quebró y la invadió el llanto. Esa mañana la acusada efectuó 27 disparos y llevaba una caja con 50 balas. Díaz se moviliza con ayuda de una silla de ruedas por las secuelas que le dejó la aplicación de siliconas en los glúteos. Aquella intervención la hizo un enfermero, según relató. Tiene 51 años y a los 25 decidió cambiar su identidad de género para ser mujer. Su madre murió después de la balacera, internada en un hospital de Neuquén. El juicio continúa el jueves.
SIGUE EL JUICIO A LAILA DÍAZ
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora