Carlos Aguirre

El pianista y compositor entrerriano se presentará elpróximo viernesen Neuquén y el sábado en Roca con su nuevo trabajo discográfico.

Por Redacción

El pianista y compositor entrerriano Carlos Aguirre modificó una obra que ha aportado notablemente al folclore argentino para dar forma a “Orillania”, un álbum al que definió como “un trabajo que se pone a pensar en algo abarcador, en una patria grande”.

“Apelo a una serie de ritmos que no aparecen en sus formas más puras porque más bien tenía el deseo de mezclar, pero conservando una respiración latinoamericana”, señaló Aguirre, que el próximo fin de semana estará en la región presentando justamente este disco (ver aparte).

Como fundamento del color regional de la placa, el cantante combinó temas propios y colaboraciones y apenas dos versiones: “Pueblos tristes”, del venezolano Otilio Galíndez y “Casamiento de negros”, de la chilena Violeta Parra.

“Los quise incluir a ambos porque se trata de autores que son fundacionales de un decir latinoamericano”, destacó el artista que con su grupo publicó los álbumes “Crema”, “Rojo” y “Violeta” y, en yunta con la vocalista chilena Francesca Ancarola, “Arrullos”.

Al narrar ese pulso latinoamericano que dotó a “Orillania”, repasó que “la mayor parte del disco tiene composiciones de la década del 90 que fue la época en la que empecé a viajar por Latinoamérica, pero con una mirada actual en el abordaje y en los arreglos”.

“Cuando tenía un dúo con Lucho González –evocó– y a él le ofrecieron hacer temporada en un boliche de Lima, se me abrió todo un panorama que no tenía presupuestado en mi vida: conocer músicos de otros países e ir a visitarlos. Fui generando pequeñas giras por Perú y Chile hasta que en el 92 me radiqué un año en Perú y desde allí me conecté con Ecuador y Venezuela”.

El “Negro” sostuvo que al calor de esas experiencias a las que luego se sumaron viajes por Brasil y Uruguay, “fui aprendiendo músicas de cada lugar y tuve mucha avidez por ir conociendo esas influencias”.

En ese recorrido que es musical pero también vivencial, Aguirre indicó que “como a partir de 2000 estuve más enfocado en el proyecto grupal ligado al folclore argentino, seguí componiendo con aquella impronta pero únicamente para mí hasta que se armó un repertorio pero, en ese camino, pasaron entre 15 y 20 años”.

Consultado acerca del título de la placa, comentó que “el nombre alude a las orillas tanto marítimas como fluviales porque los países que fui conociendo me llevaron hacia las costas y me pareció que estaba bueno crear una suerte de continente de orillas”.

Pese a su origen entrerriano, el músico informó que “como hasta los 14 años viví en un pueblo de campo que se llama Seguí, llegar a Paraná y ver el río me llevó a querer ese paisaje y a frecuentar a gente que habitaba, navegaba y frecuentaba ese río”.

“Es más, dentro de Paraná –abundó– fui buscando aproximarme cada vez más al río y desde hace tres años habito una casa en un barrio de pescadores que está a 50 metros del río y que me permitió recuperar el contacto con los pájaros y con los árboles”.

De las influencias a lo personal, el repertorio de “Orillania” también cuenta con colaboraciones autorales de Livia Vives, Walter Heinze y de su compañero de estética, el rosarino Jorge Fandermole.

La referencia al autor de gemas como “Río marrón”, “Era en abril”, “Oración del remanso”, “Tiempo de silencio” y “Canto versos”, llevó a que Carlos lo definiera como “mi guía”.

“A Jorge lo conocí en 1985 en un taller latinoamericano de música popular que se dictó en Río de Janeiro donde compartimos un taller dictado por Leo Maslíah. Entonces me preguntó si tenía alguna canción para mostrarle y lo hice con mucha timidez y le dejé grabada dos canciones que, tiempo después, incorporó a sus recitales, lo que implicó un gran impulso para mí”, confesó.

La sonoridad que acompaña a este nuevo viaje orillero implicó la conformación de una banda para la que sumó al guitarrista uruguayo Nicolás Ibarburu y al entrerriano Sebastián Macchi en piano, teclado y acordeón para, avisó, “alcanzar un carácter más eléctrico y expansivo”.

Aguirre, comentó que “convoqué a Sebastián para estar un poco más liberado para cantar porque, además, hace un tiempo que estoy componiendo unas músicas a las que pienso para gestar en vivo cosas con la participación de la gente desde un criterio bastante más abierto”.

Aguirre expresó que “vengo teniendo la preocupación de mostrar el componente afro que hay en nuestra cultura pero del que no nos hacemos cargo y yo mismo tenía el complejo de la música bailable como algo más frívolo pero entendí que la conexión con el sentir no es para nada menor”.

“Ahora –anunció el pianista– aspiro a gestar un repertorio diferente a la vez del otro que cultivo, que tenga más que ver con los tambores, con el baile y necesito estar un poco más libre en el escenario para proponerle cosas a la gente”. (Télam)