Carlos Balmaceda: medio siglo de complicidad y afecto entre amigos

Carlos Balmaceda acaba de lanzar su nueva novela, “Contigo a la distancia”, en la que muestra la relación de Manuel Puig y su amiga de la infancia Carmen Acuña, a partir de los diarios de ella.



“Contigo a la distancia”, editado por Planeta, el nuevo libro de Carlos Balmaceda “permite ver, a través de la sensibilidad de Carmen Acuña, y de los recuerdos que ella guarda y reconstruye, a un nuevo Manuel Puig, a uno que no estaba en los catálogos ni en los archivos, porque ella misma no lo estaba”, según explicó el autor en una entrevista con Télam.

Acuña y Puig se conocieron en 1940 en el cine de la localidad bonaerense de General Villegas, cuando ella tenía 14 años y él 8, y pese a que sus biografías tomaron rumbos muy distintos, siguieron unidos a través de cartas y contactos remotos, que luego ella registró en los diarios con los que Balmaceda se trazó un objetivo claro: “Contar una historia en la que el amor y la ternura juegan emociones más intensas que el odio y la intolerancia”.

P- ¿Quién es esta mujer que abre la puerta a un nuevo Puig?

R- Carmencita nació, creció y estudió en Villegas, y vivió ahí hasta que se casó. Después al marido le ofrecieron trabajo en la zona rural de Mar del Plata, y más tarde en una estancia en la zona de Chapadmalal. Y es una de las primeras personas a las que yo conocí de la familia de mi esposa, porque es su abuela. Entablamos una relación muy linda, de charlar mucho, hasta su muerte en 2013.

P- ¿Cómo hizo para regirse por los diarios de ella sin que eso lo limitara en la escritura de una ficción?

R- Esto es una novela, por lo cual hay un territorio de la realidad cruzado por la ficción. Me interesan mucho las tensiones que se producen entre ambos campos, y en este caso entre la biografía y la imaginación. Me interesaba contar una historia a partir de Carmencita, que es el gran personaje, interactuando con Puig. Quería contar qué pasa cuando dos personas se vinculan con un afecto que trasciende sus diferencias y sus contrastes. Lo que los unía era la sensibilidad humana y artística.

P- ¿Por qué decidió dividir la novela en distintos registros a los que llama “escenas, imágenes y retratos”?

R- Uno de los desafíos era encontrar un tono. La mayor complejidad fue definir quién iba a contar la historia. Entonces empecé a contar la historia como ya la conocí, y ahí surgió la posibilidad de representar esas emociones tal cual se estaban contando. Me pareció que esos procedimientos de montaje cinematográfico podían ser aptos: que aparecieran momentos dramáticos pero contados desde la esperanza, la piedad y la compasión. Carmencita sufre cuando a Puig le pasan cosas. Y él a ella también le dice: “Estoy lejos, pero te quiero y estoy con vos”. Veía que era interesante contar una historia muy difícil como la de Puig, que sufrió mucho la soledad y que padeció su identidad sexual mucho porque nunca la escondió y fue perseguido. Y en el caso de ella, de alguien que sufrió económica y políticamente. En medio de todo eso estaba la ternura, el amor y la compasión.

P- ¿Cómo encaró el riesgo de hacer hablar a Puig?

R- Hay una construcción de la voz de Puig que está basada en los propios registros de él, que fue alguien muy famoso. Pero acá había otra voz para conocerlo. En un momento decidí dejar de lado todos los registros propios de él para basarme en la imagen que de él podía tener Carmencita. El núcleo de todo era contar cómo era él en los diarios de ella. Carmencita descubre otro Puig, el suyo. Un Puig que no estaba en los archivos. Porque ella no estaba en la lista de aquellos que habían dado su testimonio para contar cómo era él. No estaba en las biografías.

P- El novelista español Javier Cercas advierte sobre las trampas que suele jugar la memoria a la hora de contar recuerdos. ¿Cómo prevenirse de eso?

R- Bueno, hay partes de la novela en las que ella cuenta cosas que en sus diarios no están, y cosas de los diarios, que ella leía y decía, “no, eso no puede ser”. Y ahí yo sumo el juego de la literatura. A mí me interesó mucho contar la historia porque no deja de ser una representación cabal de lo que es el hecho de contarnos la vida. La memoria es un abismo y a veces es poco confiable, y no sé si está mal que sea poco confiable. Acá había otra situación importante y era que es una historia que recorría 50 años, hasta la muerte de Puig en 1990. Yo quería contar qué pasa en el mundo de cada uno. El de él parece más emocionante, pero a veces le dice “yo no tengo la suerte que tenés vos de haber encontrado mi lugar en el mundo”.

P- En la novela se ve a un Puig que se debate entre el vértigo de una vida errante y la búsqueda de un lugar propio.

R- Hay que tener en cuenta que Puig tuvo una fama muy cosmopolita, y la tuvo bastante joven. Y al mismo tiempo era una persona con un plano de soledad enorme, porque no apareció el amor en su vida. Y si apareció, fue pasajero. Hay un Puig que a veces parece un personaje más propio del cine que de la literatura. Tanto él como Carmencita eran dos personas muy transparentes. No escondían nada.

La portada del libro editado por Planeta.

“Escribí sobre un Manuel Puig que no estaba en los catálogos ni figuraba en los archivos”,

cuenta el autor de “El puñal de Dido” al referirse a cómo abordó su flamante novela.

Ficciones cruzadas por la historia

Datos

“Escribí sobre un Manuel Puig que no estaba en los catálogos ni figuraba en los archivos”,
“La otra muerte” (1985) Libro que recibió la faja de honor de la SADE.
“La plegaria del vidente” (2001). Novela que fue llevada al cine.
“El evangelio de Evita” (2003”. Libro adaptado al teatro por su autor.
“La verdad sobre el hijo del diablo” (2010). La lucha entre el bien y el mal.
“Sinfonía para un maestro” (2013). La relación alumno-maestro.

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