120 años de Gobierno Municipal neuquino
NEUQUÉN
En los albores del siglo XX, cuando la capitalidad neuquina acababa de efectivizarse, el Gobernador Carlos Bouquet Roldán tramitó ante las autoridades nacionales la constitución del gobierno municipal neuquino; el pueblo contaba con más de mil habitantes. La Ley N° 1532, que definía y organizaba los territorios nacionales, establecía que los miembros del concejo duraban dos años en sus funciones, el cargo era ad honorem y el cuerpo se renovaba por mitades cada dos años.
Las atribuciones del concejo eran: Actualizar el padrón electoral cada dos años; convocar y validar las elecciones para Juez de Paz y concejales; cuidar la limpieza de la ciudad; vigilar el expendio de sustancias alimenticias; establecer los impuestos municipales; establecer el presupuesto de ingresos y gastos; fijar las multas a infractores; proveer de aguas corrientes, usinas y otros servicios a la ciudad; conceder en venta las tierras fiscales dentro de su ejido.
El 11 de marzo de 1906 se produjeron las elecciones para el Concejo Municipal. Concurrieron todos los vecinos a votar, y resultaron elegidos Pedro Linares, Joaquín Portela, José M. Pérez, Miguel Mango y Domingo Mazzoni. Pedro Linares fue elegido presidente por sorteo, como primer intendente del municipio neuquino.
Las primeras reuniones se realizaron en la casa de Mango; posteriormente fueron alquilados locales, según consta en el libro copiador N°1 folio 3.
El primer intendente, don Pedro Linares, era hijo de españoles y estaba casado con Ana Canevaro; en 1900 nació su único hijo, Pedro Eduardo Linares. En 1902 arribaron a la Confluencia, se instalaron para dedicarse al comercio y la política. Asimismo, en 1904 Pedro formó parte de la Comisión Auxiliar de inmigración de Neuquén integrada por Bouquet Roldan, Francisco Bueno, Da Rocha, Linares, Abel Chaneton, y Enrique Nordenstrom.
En 1915 partió a Capital Federal por la educación de su hijo y falleció a los 64 años. Pedro, y su hermano Manuel abrieron un comercio Linares Hnos. y luego Manuel Linares y Cía. Manuel fue vicecónsul honorario de España. En 1902, Pedro había fundado
La Nacional de Varela, Linares y Cía., era una fábrica de sodas: refrescos “Bolita”, gaseosas “Berri”, y estaba situada enfrente a la estación del ferrocarril. Recrear esta historia, como tantas otras, nos hace visitar los libros copiadores de aquellas épocas para revivir los momentos de un Neuquén en formación.
Por ejemplo, aquellas calles de tierra y sus diagonales que habían trazado –desde una carpa- Bouquet Roldán y Talero-, es imaginar la necesidad de la construcción de cercos y veredas para combatir las dunas que se formaban por los vientos fuertes que azotaban el pequeño villorrio.
Hubo que dictar ordenanzas para reglamentar las casas de tolerancia, el cobro de patentes, abasto, reglamentación para fondas y cafés, la designación del médico municipal, el Dr. Pelagatti, entre tantas otras normas.
A su vez, el presidente del Concejo solicitaba a los gobiernos de otras ciudades, modelos de reglamentaciones y ordenanzas para que sirvieran de base al dictado de nuestras ordenanzas pioneras.
Esta recopilación de la historia la encontramos en la enorme tarea del Archivo Histórico Municipal y Bibliotecas Populares, organismo que “rinde su humilde homenaje a todos aquellos hombres y mujeres que hicieron grande la historia de esta gran ciudad del paraje Confluencia, y los cobija en sus entrañas custodiando su rica historia a través de los libros de Actas y Copiadores que atestiguan su función”.
La titánica tarea llevada a cabo por este organismo a lo largo de los años, ha permitido que hoy tengamos acceso a un vasto universo de imágenes y otras documentaciones digitalizadas, además que permite su guarda permanente tomando como precaución también de ello el almacenamiento en memorias externas.
Todo ello da cuenta de una importante fuente documental que permite la transmisión y conservación del material. Visitas de escuelas de la ciudad, cajas de las primeras tierras fiscales, digitalización de fotografías de la familia Olascoaga entregadas por el Museo Dr. Gregorio Álvarez, por ejemplo.
Del Archivo Municipal y Bibliotecas Populares es imposible nombrar toda la labor realizada.
Han transcurrido ciento veinte años desde que naciera aquel villorrio convertido hoy en una de las principales ciudades de la Nor Patagonia.
Todo logrado por el esfuerzo del trabajo de mujeres y hombres que “tomaron agua del Limay” y se quedaron para siempre, enamorados del Neuquén y de la Patagonia. Nuestro homenaje.
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