Agostina, un caso que interpela
Alejandro De Muro
DNI: 5.081.24
En Agostina Vega, de apenas 14 años, todo fue prematuro. Su incursión en un mundo de adultos, encabezado por un supuesto “amigovio” de su madre, de 32 y principal sospechoso de su desaparición y asesinato, no presagiaba nada alentador.
Sin contención familiar, carente de ejemplos, deambuló por laberintos. Quizá quiso ser “grande” antes de tiempo. Algo para lo cual no estaba facultada. En períodos en que la personalidad se forja sobre la base de escuela proba y amigos dignos, ella optó por el peor sendero.
Agostina murió y no debía. Es preciso que su caso sea un claro llamado de atención para quienes, a veces, priorizan sus objetivos personales y laborales y desdeñan el inexcusable deber de salvaguardar la vida de los adolescentes que tienen a cargo.
Todos, de alguna manera, mantenemos vínculos con menores a los cuales podemos y debemos proteger. A todos nos cabe interesarnos. Saber, a esta hora -por ejemplo- dónde están y con quién.
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