Don Benito Segura, histórico enfermero neuquino

Por Beatriz Chávez


Declarado Vecino Destacado de la ciudad de Neuquén 2014.


El 10 de abril, antes de cumplir sus 91 años, partió a otra vida alguien a quien hemos homenajeado en varias oportunidades. Benito nació el 23 de abril de 1932 en Santo Tomás. Era hijo de Bernardino Segura y Emma Morales, casados en 1915. Bernardino había nacido en Chile, hijo de españoles que ingresaron al país hermano por el Océano Pacífico. Esto se sabe porque uno de los hijos de don Benito se encargó de rastrear los orígenes de la familia.

Bernardino trabajó en Sañicó, en la Estancia de Luis Zingoni. Luego la familia se trasladó a Santo Tomás, donde alquilaron un campo a la Dirección Nacional de Tierras para dedicarse a la crianza de animales y, en época estival, arrearlos a Chile. El matrimonio Segura tuvo quince hijos: Humberto, Hilda, Olga, Osvaldo, Eduardo, Ubaldino, Lidia del Carmen, Magdalena, María Petrona, Benito, Elsa, Celina Chela, Julio, María Asunción Chon, y Héctor. Benito, luego de realizar distintas actividades, se recibió de enfermero en 1955 en la escuela de enfermería con asiento en lo que era el Centro Tisiológico de Punilla. En diciembre de ese año inició las prácticas vinculadas a la sala de cirugía: una vez finalizadas, regresó a Neuquén. Era agosto de 1956. Aquí comenzó a trabajar en el Hospital Regional.

El panorama con el que se encontró fue que no había enfermeras recibidas: todas ingresaban como mucamas y por necesidad del servicio. Los más antiguos le enseñaban lo primordial: aplicar inyecciones y vendajes. El cuerpo médico estaba compuesto por el director, el doctor Rafael Vitale, y los doctores David Abraham, Ángel Nicanor Romero, Roberto Chevalier, Beatriz Batisti de Peláez, Víctor Peláez, Raúl Parodi y luego los doctores Gustavo Luque, Aldo Robiglio, Juan Manuel Castro, Juan Orbanich, Eugenio Pereyra, Jorge Jáuregui, Juan Carlos Urroz, entre otros. En 1957, por renuncia del doctor Vitale, asumió la dirección del hospital el doctor Romero, que formó un equipo quirúrgico en el que Benito era anestesista. En la foto lo vemos de festejos con colegas del Centro Materno Infantil.

El 2 de enero de 1958, ingresó como cabo enfermero al Sanatorio y Maternidad Neuquén. Como consecuencia del aumento considerable de pacientes con tuberculosis, se planteó la necesidad de contratar un médico tisiólogo. Por ello, el gobierno nacional decidió establecer en Neuquén una delegación para la Lucha Antituberculosa. En esa época no había en la provincia un laboratorio de análisis. Por ello, y para participar de esa campaña nacional, el bioquímico Venancio Calvo y don Benito organizaron el primero. Luego, arribó a Neuquén el doctor Enrique Zabert, que tuvo a su cargo la delegación Neuquén de Lucha Antituberculosa. También llegó el equipo de UNICEF, compuesto por dos médicos tisiólogos, un laboratorista, una auxiliar y dos radiólogos. Desde 1959, Benito cubrió las necesidades de la enfermería domiciliaria desde la confluencia hasta el límite oeste de Neuquén, es decir lo que era la propiedad de Zabaleta hacia las Perlas y hacia el norte la actual calle Cerros Colorados. Esa actividad la realizaba una vez terminado el trabajo en el Laboratorio.

Benito Segura es recordado, también, por la actividad como dirigente deportivo en la actividad de patín carrera: fue el fundador de la Federación Neuquina. Llevó a este deporte a un grado de excelencia tal que Neuquén ha dado varios campeones a nivel mundial. Por esta actividad realizada, hoy el Patinódromo Municipal de Plottier lleva su nombre. Benito formó su familia el 19 de diciembre de 1959 con Brígida del Carmen Arias, nacida en Neuquén Capital. Por entonces, Brígida era instrumentista en la sala de cirugía del Hospital Neuquén. Tuvieron seis hijos, una mujer y cinco varones, que les dieron varios nietos que alegran la numerosa familia.

Esta es la vida y la trayectoria de un enfermero abnegado, sencillo y humilde que dio su vida por la profesión: creo que no hubo neuquino de las décadas de los 60 y los 90, y aun en el siglo XX que no haya sido curado, con inyecciones o nebulizaciones, por don Benito. Muchos recuerdos transitaban su mente: nos contaba anécdotas cuando íbamos a visitarlo. Hoy lo volvemos a homenajear de la mejor manera: recordándolo, destacando sus valores y lo que todos saben de su noble corazón.