Don Celestino Andrés Sagaseta, ferroviario y peronista
Fue echado de su tarea con la Revolución Libertadora de 1955. Cuando Perón regresó a la Argentina en 1972, don Celestino viajó en el avión con él.
NEUQUÉN
Repasamos la historia de Celestino Andrés Sagaseta, que ya hemos narrado en otras oportunidades: nació el 26 de febrero de 1929 en Neuquén. Hijo de Carmen Baeza, chilena, y de Andrés Eleuterio Sagaseta, vasco, que se radicó en la década del ‘20 en San Martín de los Andes. Luego se les unió un tío de España y se radicaron en Paso Miranda, donde abrieron una casa de Ramos Generales.
Desde ahí, los Sagaseta se trasladaron a Cervantes, donde abrieron otro negocio de Ramos Generales al que llamaron Los Andes.
Era la época de “comprar con libreta y pagar a fin de mes” nos contó hace unos años don Celestino. Con el tiempo se fundieron y les remataron todo, salvo una chata modelo 1929, que alcanzaron a esconder “y se salvó”. A sus seis años había concurrido con su padre a la inauguración del puente carretero en 1935, pues andaba con él en la jardinera y fueron al acto inaugural.
Vinieron a Neuquén capital: pusieron un bodegón en la calle Sarmiento, donde estaba la imprenta de Pintos. Su mamá compraba el trigo, lo tostaba, lo molía en el molinillo y hacía ñaco. Celestino ingresó al ferrocarril el 13 de abril de 1949 como peón: tenía veinte años. Se encargaba de limpiar la estación, de lustrar los objetos de bronce, como la campana. Controlaba las barreras del paso a nivel: luego estuvo en el Tráfico, en Cipolletti, con el señor Moreno. Se trasladó a Ingeniero Huergo por trabajo y volvió a la Confluencia a controlar la fruta de los vagones. Con el ferrocarril recorrió muchos lugares pues los trasladaban por el valle, por Bahía Blanca, a La Pampa. Como el ferrocarril estaba en manos de los ingleses, les exigía conocer el manejo del telégrafo y para ello conocer el sistema Morse: un señor Turner que trabajaba en el correo “nos enseñó a manejarlo, nos daba cursos. Debíamos tener veintiún palabras recibidas, veintiún palabras transmitidas”.
Recordó la cuadrilla, llamada “zorra” que se encargaba de reparar las vías, pero resaltó que “siempre sus trabajadores fueron los olvidados del escalafón: estaban a disposición las 24 horas del día y para todas tareas como limpiar cloacas” recordaba con su carácter profundamente solidario y repleto de sentimientos de justicia.
Su carrera ferroviaria terminó cuando ascendió a auxiliar hasta que el golpe de 1955 lo dejó sin trabajo y comenzó a trabajar en repartos de frigoríficos. Nos contó que “con Perón ya se hablaba del Trasandino como un proyecto a realizarse, se estaban construyendo algo de vías”. En su gran corazón peronista nos dijo:” Perón era un hombre de barricada. Decía abran las tranqueras porque estaban los obreros esclavizados en el campo”.
“Para mí no hubo ni habrá una mujer como Eva. En el partido Justicialista estábamos todos como los Sapag, pero cuando cayó Perón en el ‘55, pocos nos quedamos fieles a él: se creó el MPN y cuando se levantó la proscripción ellos continuaron con el nuevo partido. Pocos seguimos siendo peronistas fieles”. Fue un militante activo, concurría a las manifestaciones: fabricaban antorchas con estopa de los bujes de los vagones ferroviarios y salían a caminar las avenidas Argentina y Olascoaga a favor de Perón. “Eran épocas de honestidad, esta casa me la hice trabajando de changador”, nos narró en la entrevista que le hicimos hace unos años.
Llegó a ser diputado por el partido.
En la fotografía que acompaña este escrito, podemos observarlo cuando juraba la diputación.
Don Celestino recordaba con aprecio a Remigio Bosch, un inmigrante socialista dueño del taller metalúrgico La Aurora, de metalurgia en calle Perito Moreno. También, la fabricación del hidroavión como trabajo pionero. Rica historia de vida la de Celestino, en la que el ferrocarril y los ideales peronistas fueron su centro. Hoy partió un testigo del peronismo neuquino al que solía acudir cuando de narrar la historia del partido se trataba: nos unían largas charlas, admiraba su coraje, su honestidad, su lealtad. Lo despide y lo homenajea su familia y el Neuquén que lo vio en activa lucha por la defensa de sus ideales.