Escuela neuquina abandonada

Por Redacción

La escuela primaria n° 61 “Nicolás Avellaneda”, conocida como “la escuela del Bajo de Neuquén”, es una de las más emblemáticas de la ciudad, ya que empezó a funcionar a partir de 1922, en locales alquilados. Pero gracias a la gestión del Consejo Nacional de Educación de aquella época, se le otorgó el terreno de la manzana 103 rodeada por las calles Misiones, Planas, Don Bosco y Alcorta, donde se realizó su construcción finalizada en el año 1954, la cual perdura hasta la actualidad.


En 1997 fue declarada de interés histórico municipal por Ordenanza N° 7988, pero desde entonces, tanto la Provincia como la Municipalidad de Neuquén, no han cumplido con lo establecido en esa norma legal, en cuanto a su preservación.


Todos los que hoy transitan por esas calles pueden observar su estado de abandono. Veredas y paredones rotos, patios y construcciones sin mantenimiento, yuyos crecidos. Una verdadera vergüenza.


Mientras tanto, ¿en qué se gastan los fondos públicos neuquinos? Unos $ 50 millones en una fiesta al lado del río; otros $ 80 millones en un puente en la Isla 132 (que ya tiene dos puentes muy seguros de hormigón armado), y varios millones de pesos en una carrera de motocross de un fin de semana en Villa La Angostura, entre otros.


¿Pero cuál es el criterio de utilidad social de esos gastos?


Las escuelas públicas funcionan durante todos los días del año y, constituyen el crisol donde se formarán las personas del futuro de Neuquén. Por lo tanto, son la primera prioridad y deben encontrarse en perfecto estado. Además, es el lugar donde padres y docentes conforman una verdadera comunidad educativa.


¿Qué debería hacer el Estado? Todos los años, cuando finaliza el dictado de clases a mediados de diciembre, un ejército de obreros debería estar trabajando dentro de las escuelas, para que estén en óptimas condiciones antes de comenzar el ciclo lectivo.


Resulta inaceptable, que tanto la Provincia de Neuquén como el Municipio, que disponen de cuantiosos recursos financieros del petróleo y el gas -como ninguna jurisdicción del país-, tengan escuelas públicas en estado de abandono.


Quizás la falta de empatía, se deba a que la mayoría de los funcionarios públicos llevan a sus hijos a establecimientos educativos privados.


La educación es una de las funciones esenciales del Estado y la conservación de su infraestructura se encuentra estipulada en las misiones y funciones de los organismos correspondientes, pero todos los años se repite la misma historia.


Neuquén debería tener todas sus escuelas primarias, secundarias –y hasta la Universidad del Comahue emplazada allí- en excelente estado y equipadas.

Enrique Omar Driussi
DNI 12.638.127

Neuquén


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