Roberto Carlos Sánchez, un “canillita” de los ’80

La historia personal de Roberto es de superación, de esfuerzo y recompensa. Pudo, junto a su esposa, darle educación a su hijo, quien hoy es un joven historiador.

El 7 de noviembre celebramos el Día del Canillita, en homenaje a quienes venden diarios y revistas por las calles de la ciudad. La fecha fue instituida debido al fallecimiento del dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez, quien estrenó su obra “Canillita” el 2 de octubre de 1902 en la ciudad de Rosario; a partir de esa fecha comenzó a llamarse así a los niños, jóvenes y adultos que ejercen tan loable profesión. El término “canillita”, en lunfardo, hace referencia a los pantalones que le quedaban cortos al muchacho, dejando ver sus canillas (piernas) delgadas. Es por eso que hoy homenajeamos a Roberto Carlos Sánchez, canillita de Neuquén. Roberto es hijo de don José Alfonso Sánchez, nacido en el paraje Chochoy Mallín el 10 de diciembre de 1939.

Su vida se desarrolló en un contexto de trabajo duro de vida sencilla, lo que marcó su carácter y valores.

Desde joven se dedicó a ser criancero, con lo cual sostuvo a su familia y transmitió a sus hijos el valor del esfuerzo y la responsabilidad.

Contrajo matrimonio con Lucrecia Argentina Merino, con quien tuvo 9 hijos, entre ellos Roberto Carlos Sánchez.

La vida familiar estuvo atravesada por el desalojo de Guañacos y el éxodo de la localidad, pasando por Vista Alegre norte y asentándose finalmente en Neuquén Capital. Nuestro homenajeado nació el 16 de julio de 1972 en el Hospital Castro Rendón de Neuquén Capital. Realizó la primaria en la escuela Domingo Savio con el padre José Grigioni, y continuó por las escuelas 256 y la 147, mientras que el secundario los realizó en los CPEM 26 y 40. Continuó sus estudios terciarios en la Universidad de Flores, de donde egresó como Profesor universitario en educación física y Licenciado en actividad física y deporte. Vasto trabajo desarrolló en su corta vida: canillita en la terminal de ómnibus de calle Mitre, empleado de Radiadores Neuquén, en la mueblería “Sur Algarrobo”, en la Municipalidad de Neuquén capital y del Consejo Provincial de Educación del Neuquén. Roberto formó su familia con Mirtha Esther Zapata. De esa unión nació su hijo Mateo Ignacio Sánchez Zapata, nacido el 4 de diciembre de 2008 en Villa El Chocón, un joven estudioso de sus ancestros.

La familia Sánchez-Merino arribó a Neuquén Capital: en el año 1971 desde Vista Alegre norte llegaron al barrio Mariano Moreno de Neuquén capital. De acuerdo con el relato del joven hijo, debido a que las familias de Guañacos fueron notificadas de un juicio de desalojo. En 1971, el gobierno provincial intervino para reparar la situación: se restituyeron las tierras a los pobladores desalojados.

La familia, por decisión propia, eligió quedarse en la capital. Con ayuda de don Felipe Sapag tuvieron acceso a la vivienda en el naciente barrio El Progreso.

Hoy, Roberto es empleado público dependiente del ministerio de Obras Publicas y su esposa ama de casa. Desarrolló una gran participación en la comunidad (social, laboral, religiosa, cultural, política); es una persona activa, comunitaria, que siempre colabora cuando se lo piden y muy solidaria con las personas con discapacidad. Asimismo, es una persona responsable y que siempre está dispuesto para sus alumnos.

Ha publicado un libro junto con su esposa sobre la actividad física para el adulto y los adultos mayores, y en lo político es una persona que siempre actúa y obra políticamente para que Neuquén, su municipio y su provincia avancen en materia de deporte y en ayuda a los más necesitados y con las personas con discapacidad, como dijimos anteriormente.

Instruido cívicamente y con mucho respeto por el otro, es un luchador ya que supo transformar su niñez pobre en lo económico y que tuvo que ser canillita para poder cooperar en su casa con dinero, a ser hoy un licenciado y futuro magister en lo que más ama: la educación física, el deporte y el olimpismo. En la foto que acompaña el escrito, vemos a Sánchez cumpliendo su tarea.

A través de Roberto Carlos, vaya nuestro homenaje para todos los canillitas que hacen de su trabajo un emblema de cumplimiento para todos los que amamos leer el periódico en papel. La historia personal de Roberto es una historia de superación, de esfuerzo y recompensa, y pudo, junto a su esposa, darle educación a su hijo, quien hoy es un joven historiador con mucho futuro por delante, autor de estas memorias en reconocimiento a la labor de su joven padre en su carrera de ascenso económico y social.


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