Cecilia Todd, los sonidos de Caracas

Se presenta este jueves y el sábado, respectivamente.

Redacción

Por Redacción

Eduardo Rouillet

eduardorouillet@gmail.com

El jueves, en el Teatro Español de Neuquén y el sábado en el Salón de eventos Hotel Patagonia Sur, Elflein 340, San Carlos de Bariloche, a las 21. Dos recitales que marcan el regreso a la región de una artista fundamental e inigualable de Latinoamérica, Cecilia Todd, con “En solitario” y Mora Martínez, bella voz de Aymama, invitada.

Todd llega coincidentemente con la edición de su último disco “Niño Jesús de Merey”, dedicado a canciones navideñas de su Venezuela.

Cecilia Todd (Caracas, 4/3/51) celebra la vida cantando desde hace más de cuarenta años, en los que ha grabado y compartido escenarios con Henry Martínez, Simón Díaz, Otilio Galíndez, Mercedes Sosa , Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, Chico Buarque, Astor Piazzolla, Pablo Milanés, Carlos Cruz-Diez, Joan Isaac, Rodolfo Mederos, entre otros.

Debutó integrando el grupo Música Experimental Venezolana y su primera presentación solista ocurrió en el programa de televisión “El show de Renny”. En 1972 fue invitada al encuentro de música latinoamericana en la Universidad de Carlton, Canadá, y llegó a Buenos Aires impulsada por quienes luego fueron sus grandes amigos, Mercedes y Buenos Aires 8.

Permaneció en Argentina tres años, durante los cuales estudió técnica vocal con Susana Naidich y grabó su primer LD “Pajarillo verde” (74), acompañada por Cacho Tirao, Domingo Cura y Horacio Corral. A comienzos del 76 junto a Buenos Aires 8. compartieron temporada en Villa Gesell, en un boliche al que se accedía desde la playa. Viajó luego a Caracas donde nuevamente se radicó.

Son muchos sus años de siembra… “Yo no me propongo hacer las cosas como las hago, salen. Claro, uno tiene que dejarse llevar por la música, básicamente por mi música que llevo en la sangre, pues. Caso raro, en mi casa de niña no había tocadiscos, fíjate, y se oía muy poca radio. No sé cómo pasó. Televisión sí. Pero, en ese entonces, se daba un buen momento musical para las melodías llaneras, de una zona de Venezuela, el llano. Fueron las que primero llegaron a la ciudad con muy buenos intérpretes… Recuerdo a Magdalena Sánchez, que me encantó desde que la conocí, con una gracia y una forma de cantar cautivante. Esa manera, esa espontaneidad, es bien venezolana. Allá se canta de ese modo, así como el tango argentino es más hacia adentro, más profundo, más dramático; lo que se relaciona con el paisaje porteño.

–Acabás de decir gracia… Palabra que define también tu manera de cantar.

–Así somos los caribeños, nuestra mezcla de culturas y el Caribe. Cubanos, puertorriqueños, dominicanos, todos tienen esa picardía, por decirlo de alguna forma. Yo sí me propuse defender la música venezolana, representar a mi país cantando. Aquí, en particular, se me identifica así, porque cuando grabé mi primer disco y estuve cantando, nada se conocía de mi tierra, absolutamente nada. Entonces, fue como un golpe de suerte, no tenía a nadie en el camino y un poco di a conocer en algún nivel, lo venezolano y el cuatro. También influyó que no había otras referencias. Y quedó.

Me fui por ese lado porque es lo que siento. No es que no canté o deseche otros géneros, pero esa es mi música, la que me identifica. Encima, por fortuna, es riquísima, con una variedad enorme y puedes ir por diferentes géneros. Sí tuve apoyo, además… Cuando vine para acá, ya conocí a Mercedes, a Buenos Aires 8, a Don Ata. A través de ellos llegó la música argentina a Venezuela. La folclórica, porque allá hay mucha tradición tanguera. Muchísima. Siempre la ha habido y sigue habiendo. Desde (Carlos) Gardel para acá. Hay programas de radio dedicados solamente al tango que muchos fanáticos siguen, pues. Lo primero que oí folclórico fue de Mercedes y de Atahualpa Yupanqui. También llegaba música chilena, Chabuca Granda de Perú. Un momento interesante.

– También éste lo es, para América Latina toda.

-Sí… Si bien Latinoamérica, política y económicamente está más unida que nunca antes, hay que reconocerlo, no hay el mismo intercambio en lo cultural, todavía. Por ejemplo, nosotros que somos vecinos de Colombia, no sabemos otra cosa que no sea cumbia y ballenato. Muy, además, de lo híper comercial. Y allí, también tienen una variedad maravillosa de ritmos que no se conocen.

–Desconocemos del vecino de al lado, pero no del de más arriba.

–Exacto. Por eso es que cada vez debemos unirnos más los latinoamericanos. Pero hay que hacer algo además. Aprovechar la Unasur, la Celac, para alentar, agilizar el intercambio cultural. Argentina es un país, sobre todo Buenos Aires, con una actividad en ese sentido, impresionante. Y la conocemos. Pero de Perú, casi nada; con Brasil nos separa la selva amazónica, algunos cantantes se oyen pero no masivamente. Tampoco de Bolivia, Paraguay. De Uruguay muy poco. De Méjico, sí a los mariachis que se han regado por el mundo entero, algo de su música romántica… Es responsabilidad nuestra, de los países y sus gobiernos, aprovechar el momento para unirnos también a ese nivel. Debe ser una política de Estado, juntarnos y difundir nuestras culturas. Pero todos debemos interesarnos por ello.


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