“Certificación energética de los edificios”

Por Redacción

El consumo de energía para calefacción, agua sanitaria caliente y acondicionamiento frío en verano de los edificios representa un porcentaje muy grande, que puede llegar a rondar entre el 30% al 40% del consumo energético total de un país. En Europa, para la sola calefacción invernal se estima un consumo medio entre los 140 y 170 kWh/m² por año. Para comprender la importancia de estos datos basta pensar que existen hoy en día tecnologías constructivas que admiten bajar el consumo de energía para calefacción a menos de 15 kWh/m² al año. Por cuestiones climáticas y por el deseo de incrementar los estándares de confort tanto en los lugares de trabajo como en el interior de las viviendas, se asiste en nuestro país a un continuo incremento del gasto energético, ligado especialmente al aumento de aparatos eléctricos, con el creciente incremento del pico estival debido al uso residencial. El consumo eléctrico de verano ha registrado un aumento notable en estos últimos años, a causa del boom de los acondicionadores de aire frío. Ocurre considerar además que la gran parte de energía necesaria para nuestras viviendas es producida en base a combustibles fósiles, cuyas emisiones de anhídrido carbónico contribuyen a aumentar el efecto invernadero. El calentamiento del planeta, debido sea a causas naturales como a la actividad humana, produce efectos preocupantes, los cuales con el tiempo podrían alcanzar reales niveles de catástrofe (desertificación, nuevos flujos migratorios de población, fusión de los glaciares con el consecuente aumento del nivel del mar). También el precio de la energía, salvando las actuales circunstancias, será progresivamente creciente y el pago de la factura energética resultará cada día más onerosa. Por este motivo, es urgente intervenir para alcanzar un nuevo equilibrio energético, en armonía con el ambiente y respetuoso del derecho de las futuras generaciones de vivir en un lugar conservado, rico en reservas naturales y dirigido a la reducción de los pesados costos energéticos latentes sobre las familias y sobre el sistema productivo. Sin desvalorizar el aporte de las fuentes renovables de energía (sol, viento, agua, etc.), sino más bien incrementando el esfuerzo para su desarrollo, en el horizonte temporal de los próximos años serán las medidas de eficiencia energética las que generarán los mayores beneficios al menor costo. La atención que se dispensa al ahorro energético de los edificios tiene su motivación en el verificar y reducir los consumos, desarrollando un mecanismo virtuoso de demanda y oferta de edificios cada vez más eficientes. En la fase de selección de la vivienda a adquirir, el interés del comprador no debería limitarse solamente a la estética, terminaciones, materiales, comodidad, sino también lo referente al nivel de aislación térmica que posee. El rol del ciudadano es particularmente importante. Si no se crea una demanda exigente de edificios bien proyectados desde el punto de vista energético la oferta de viviendas y departamento eficientes quedará siempre sin manifestarse, y la mayoría de los generadores de emprendimientos edilicios no se encontrarán estimulados para mejorar sus propios estándares cualitativos. Por este motivo es deseable propiciar la obligación de la Certificación Energética para las nuevas edificaciones y para las refacciones y/o ampliaciones importantes de los edificios ya existentes, previendo de esta forma que en el caso de una transferencia a título oneroso (compraventa), y de locación del íntegro inmueble o de la singular unidad inmobiliaria nueva o reestructurada radicalmente, deba estar prevista la confección de un certificado energético que resuma el valor total de los consumos de energía demandada anualmente para su funcionamiento. En este contexto es necesario constituir el mecanismo legal pertinente para anexar este documento a los actos de compraventa y locación, y la sanción de nulidad relativa de dicho contrato en caso de falta de la prevista Certificación. La Unión Europea ya desde el 2002, a través de la Directiva 2002/91 CE relativa a la eficiencia energética, ha reglamentado el sector edilicio con el objetivo de contener los efectos del impacto ambiental de las nuevas edificaciones y de tener bajo su control el de las construcciones ya existentes. Las Directivas son los instrumentos con los cuales la Unión Europea encausa la política de los singulares estados miembros, los cuales son comprometidos a recepcionar y cumplimentar lo dispuesto por el Parlamento europeo, a través de sus propias acciones legislativas. Los países europeos en respuesta a esta Directiva se encuentran ejerciendo medidas de supervisión con metas al 2020 y 2030 de cero desperdicio energético. Asimismo muchos países del mundo han implementado ya metodologías de certificación que responden al interés no sólo ambiental sino también económico. Por último, ante expresadas aspiraciones que pregonan una revisión y cambio en el contexto de una nueva política de gobierno provincial, una toma de decisiones pertinentes respecto del tema planteado podría convertirse por su importancia en una acción a no desmerecer. Mario Carosanti DI 7.871.420 Ingeniero Civil Roca

Mario Carosanti DI 7.871.420 Ingeniero Civil Roca