Chichén Itzá, mágica y misteriosa
La pirámide de Kukulcán se ha convertido en uno de los atractivos turísticos más visitados del mundo.
MÉXICO
Todos los caminos que conducen al viajero a Chichén Itzá tienen una letra en común, la E: Energía, Espiritualidad, Estudios arqueológicos y hasta Encuentros con otros mundos. Son todas cuestiones que cautivan a diferentes turistas de alrededor del globo: atraídos por la Pirámide de Kukulcán, llegan día a día para rendirle culto al gran legado de la civilización maya.
ÉRICA SÁNCHEZ
erica @tiempopatagonico.com
Fui también por unos días una de esas viajeras incansables y no pude resistirme a los encantos de esta pirámide. Ubicada en México, al oriente de Yucatán, a tan sólo 2 horas de viaje desde Cancún, esta ciudad sagrada se impone y surge mágica, entre la selva.
Dentro del complejo turístico, una larga fila para entrar y el calor tropical le quitan tal vez su encanto al momento. Sin embargo, basta con caminar unos pocos metros para encontrarse con ella; majestuosa y sagrada, acelera el corazón de quienes la admiran y se paran frente a ella para hacerse preguntas: cómo fue construida, con qué otros mundos conectará su energía, qué secretos guardará…
Chichén Itzá es una ciudad maya legendaria, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988 y Maravilla del Mundo en 2007 y hoy un gran centro de atención.
Millones de personas buscarán este 2012 concentrarse alrededor de la Pirámide de Kukulcán el 21 de diciembre para presenciar un evento mágico e histórico: el fin de la cuenta larga del calendario maya y el inicio de una nueva era.
Ese día habrá una alineación astronómica con el centro de la galaxia. Las teorías alrededor de qué es lo que realmente ocurrirá son muchas y hablan del fin del mundo, del comienzo de una mentalidad diferente para la humanidad, de un mundo más armonioso, de invasiones extraterrestres y más.
¿Cuál es la cierta? Según don Ildelfonso Aké y Cocom, fundador del Consejo de Ancianos y Sacerdotes Mayas, con quien tuve la oportunidad de dialogar, “es simplemente el cierre de un ciclo y de la cuenta larga. No es el fin del mundo. Sólo acaba la era, pero la humanidad continúa, tal vez con una mentalidad diferente”.
DE DIOSES Y MISTERIOS
Un efecto sonoro mágicamente creado por la antigua civilización maya se reproduce segundo a segundo frente a la Pirámide. Cuando uno se para en un punto determinado a cierta distancia de los muros de este gran monumento y aplaude, se genera un efecto acústico que reproduce el sonido que emite el Quetzal, el gran pájaro de las alas de jade para los mayas.
Este complejo turístico presenta también otros interesantes atractivos, por tratarse de un importante templo maya: el Observatorio Astronómico, el Cenote Sagrado, el Juego de Pelota y el Templo de las Mil Columnas. Lo que hoy conocemos es simplemente el 20 por ciento de lo que era Chichén Itzá en su esplendor, tan sólo 17 monumentos.
El Cenote Sagrado es, ni más ni menos, que un río subterráneo o pozo de agua natural de 60 centímetros de diámetro con acantilados de 27 metros que descienden hasta el agua. Este lugar era utilizado por los mayas para realizar sacrificios a Chaac, el Dios de la lluvia, durante las épocas de sequía. Los arqueólogos especialistas han encontrado en el fondo del Cenote, objetos de oro, jade, esqueletos y obsidiana. Esta última, una piedra de origen volcánico, que para los mayas además de ahuyentar los malos espíritus, tenía incluso usos quirúrgicos.
En el Cenote pueden observarse grupos de personas meditando y sin dudas, es un espacio que llama a la reflexión, incluso para los más incrédulos, por su extraña formación natural. Aquí, sacian sus ansias meditativas aquellos que llegan a la Pirámide de la Serpiente emplumada con la intención de subir a buscar energías, por un sencillo motivo: la Pirámide se encuentra cerrada y ya no se puede subir hasta la cima por una ley de conservación arqueológica.
Así entonces, misteriosa y mágica Chichén Itzá es junto a otros puntos del planeta un lugar que todo ser humano desea conocer y que representa, sin dudas, mucho más que lo que nuestros sentidos pueden percibir.