China vs. EE. UU.: la cara geopolítica de una rivalidad
En términos geopolíticos, el tema de la rivalidad entre EE. UU. y China por el liderazgo del mundo no es menor. En un planeta que definitivamente ya no es “unipolar”, la cuestión es central. La economía china es sólo un poco mayor que la japonesa y aún algo así como la mitad de la norteamericana o la de la Unión Europea. Pero también está claro que a China la perciben –muchos– como uno de los dos principales líderes del mundo actual. Una encuesta reciente del “Pew Research Center”, que fue realizada en 39 países, sugiere –no obstante– que todavía un 47% de los norteamericanos cree que su país continuará siendo el líder del globo. Esto es, el principal país en términos de gravitación internacional. Pero también muestra que el 66% de los chinos ya considera que su país está efectivamente “desplazando” a Estados Unidos de esa posición. Ahora mismo. China es, además, el único país no islámico donde la mayoría de sus habitantes (un 53% de ellos) tiene una opinión desfavorable acerca de los norteamericanos. Un 23% de su gente cree, además, que Estados Unidos le es hostil. En contrapartida, apenas un 37% de los norteamericanos expresa una opinión favorable de China. La desconfianza entre ambas sociedades resulta importante. Y ciertamente luce evidente. Si miramos al mundo en su conjunto, un 63% de los entrevistados expresa todavía una opinión favorable de Estados Unidos. En cambio tan sólo un 50% de los consultados exterioriza una opinión similar de China. La mejor “imagen externa” de China aparece entre los países africanos, con un impactante 72% de imagen positiva en el “Continente negro”. Seguidos por los latinoamericanos y por los asiáticos, ambos con un 58% de respuestas favorables. Los europeos –en cambio– son bastante más escépticos, desde que tan sólo un 43% de ellos tiene una opinión favorable de China. La diferencia global de imagen, todavía claramente a favor de Estados Unidos, se centra en la preocupación de muchos sobre la difícil situación de las libertades individuales en el gigante asiático, situación que está ciertamente muy lejos de ser la ideal. Por todo esto, el impacto de lo que –de pronto– pueda eventualmente suceder con la marcha de la economía china va bastante más allá de lo económico. Ocurre que hablamos ya de uno de los dos grandes líderes del mundo. Nada de lo que allí suceda resulta –por ello– indiferente para quienes miran de cerca el complejo tablero internacional. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)