¿Hay que hacerse un análisis de vitamina D cada año?
Un comité del Ministerio de Salud de Neuquén revisó lo que dice la ciencia sobre esa práctica cada vez más habitual. Cómo la respuesta contradice una costumbre que crece en los laboratorios.
La vitamina D ayuda al cuerpo a absorber el calcio y es clave para los huesos
La vitamina D es una hormona esteroidea que la piel fabríca y que el hígado y el riñón activan. Cada vez más personas sanas o sus médicos piden un análisis de vitamina D en la sangre, aunque no tengan síntomas de ninguna enfermedad. En Neuquén, ese pedido se duplicó año tras año en los laboratorios públicos.
Ante ese aumento, el Comité de Evaluación de Tecnología Sanitaria del Ministerio de Salud decidió actuar. Revisaron la evidencia científica que ya publicada en el mundo y difundieron una recomendación clara para los médicos.
La pieza central de esa evidencia es un trabajo realizado en los Estados Unidos. Un equipo liderado por la investigadora Leila Kahwati llevó adelante la revisión sistemática, por encargo del Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos y con la coordinación de la Agencia para la Investigación y la Calidad de la Atención Médica. El resultado se había publicado en la revista JAMA.
Durante años nadie sabía con certeza qué nivel de vitamina D en sangre se considera sano o anormal. Esa falta de acuerdo abrió la puerta a pedidos innecesarios en los consultorios de distintos países. Tampoco estaba claro si detectar un valor bajo en alguien sano cambia algo en su futuro. La duda alcanzaba también a las mujeres embarazadas, otro grupo con pedidos frecuentes.
Por eso, el equipo de Kahwati se propuso revisar toda la evidencia científica disponible sobre el rastreo de vitamina D en población adulta. Revisaron por separado cada estudio disponible. Consultaron bases de datos como MEDLINE, Embase y la Biblioteca Cochrane, entre marzo y noviembre de 2020.
Analizaron ensayos clínicos que midieron mortalidad, caídas, diabetes, enfermedad cardiovascular y cáncer. Compararon a personas que tomaron suplementos de vitamina D con personas que no los tomaron.
En mortalidad, participaron 2006 personas en ocho ensayos. El resultado no mostró diferencia real entre un grupo y otro: tomar el suplemento no evitó más muertes. En caídas, participaron 2633 personas en seis ensayos, y pasó lo mismo: el suplemento no redujo las caídas de forma clara ni segura.

En diabetes, participaron 3356 personas en cinco ensayos. Otra vez el resultado fue igual: no hubo ningún beneficio comprobado con la suplementación. En enfermedad
cardiovascular y cáncer, los números también salieron parejos entre ambos grupos. La conclusión se repitió en cada uno de los problemas de salud estudiados.
Otras organizaciones de salud, en distintos países, habían revisado el tema por su cuenta y llegaron a la misma conclusión. Entre ellas están la Organización Mundial de la Salud, el propio Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos, el NICE del Reino Unido y la CONETEC, el organismo nacional de evaluación de tecnologías sanitarias de Argentina, que se expresó en contra de dosar vitamina D en población sana.
Con toda esa evidencia reunida, el Comité de Neuquén redactó su boletín y lo resumió sin rodeos: «No se justifica pedir el dosaje ni indicar suplemento de vitamina D» en personas sanas y sin síntomas. Rotular a alguien como «deficiente» sin motivo trae más problemas que soluciones. Los integrantes del Comité también aclararon que, si existe un motivo médico válido para pedirlo, «no se debe solicitar más de una determinación por año».
La vitamina D es una hormona esteroidea que la piel fabríca y que el hígado y el riñón activan. Cada vez más personas sanas o sus médicos piden un análisis de vitamina D en la sangre, aunque no tengan síntomas de ninguna enfermedad. En Neuquén, ese pedido se duplicó año tras año en los laboratorios públicos.
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