Cinco años sin justicia para el médico Neumann
Fue asesinado en El Bolsón, delante de sus hijos. No hay imputados. Dura carta abierta de su hermana.
EL BOLSÓN
EL BOLSÓN (AEB). Al cumplirse ayer 5 años del asesinato del médico policial Guillermo Neumann, su hermana, Verónica Vergara Neumann sostuvo que “lo más triste y terrible es la indiferencia y la ausencia de las instituciones”. “A mi hermano lo fusilaron ante sus dos hijitos y su esposa, en la puerta de su casa, en pleno centro de El Bolsón, y desde entonces hasta el día de hoy mi cuñada no recibió jamás ningún tipo de ayuda o amparo de absolutamente nadie. Hoy logra sobrevivir con sus hijitos gracias a pequeños trabajos de costura o repostería que le da la gente -más ayuda económica de parte nuestra-, porque la verdad que la pensión que le quedó es una vergüenza, una estafa y una falta de respeto, no sólo a ella y sus hijos, sino también al nombre de mi hermano. Tengo tanta indignación, descreimiento, dolor que destruye el alma”, lamentó la mujer en una carta pública.
La investigación en la justicia rionegrina se encuentra estancada y no hay detenidos ni imputados por el caso, pese a que horas después del crimen las autoridades del Gobierno y los jefes de la Policía lo habían dado prácticamente por esclarecido.
Empleados del Ipross de El Bolsón que trabajaban con Neumann lo recordaron como un “compañero y amigo”. “Seguimos preguntándonos ¿qué pasó? ¿Por qué? ¿Quién fue? Sólo interrogantes y un año más en el que seguimos exigiendo justicia”, sostuvieron. Y le señalaron “a quienes quieren que esto quede en el olvido, que somos muchos los que esperamos conocer la verdad”.
En su dolorosa carta, la hermana del médico sostuvo: “A sus asesinos les deseo una vida larga llena de tristezas, desoladas noches de frío y de insomnio escuchando en su conciencia los gritos de mis sobrinos, de mi cuñada, (…) deseo que el tiempo les de salud para que puedan penosamente ver las consecuencias de sus actos reflejadas en sus descendencias y vean morir a los que aman, y ansío que, cuando la muerte los encuentre, se retuerzan de miedo, vergüenza y desesperación”.
Recordó a su hermano como “un laburante” y destacó que sus sobrinos “fueron abandonados por un sistema que se suponía los tenía que proteger”, pese a lo cual “son brillantes como personas, como estudiantes, sin rencores, recuerdan a su papá con sonrisas y conservan algunas de sus pertenencias como grandes tesoros”.
Cuestionó que el “el juez Calcagno y el fiscal Lista brillan en ausencia” y que “al final todo se constituye en una especie de pantomima donde nos toman a todos el pelo, nos mienten y se nos ríen, burocracia penosa y hasta a veces insultante. Lo verán todos los días y en Río Negro la situación es alarmante”.
Verónica termina afirmando que “mi hermano no va a volver, está enterrado en el lugar que tanto amó. Pero no debería estar ahí, tendría que hoy llevar a sus hijos a la escuela, besar a su esposa, realizar algún chiste con la familia, llamar a mamá y ejercer la profesión que tanto amaba”.
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