Clarice Lispector, la gran tejedora de escrituras

Redacción

Por Redacción

“Cerca del corazón salvaje” y “Un soplo de vida”, una novela que intenta olvidar la muerte y otra escrita en agonía por Clarice Lispector, se reincorporan a las librerías locales con cuidadas reediciones presentadas por el especialista en literatura brasileña Basilio Losada y por Olga Borelli, amiga de la autora. Se trata de la primera y última novela de Lispector, principio y término de un proceso en su escritura que signó a la literatura latinoamericana contemporánea y que en su intimidad tuvo que ver con una búsqueda de sentido más allá de la palabra. La propuesta de Grupal-Siruela deja seguir a una escritora que va metiéndose cada vez más hondo en su propia piel, pasando de un relato íntimo y personal a textos intravenosos, que convocan la más universal sensibilidad femenina. Si las primeras obras de Lispector fueron originales porque imponían la voz y subjetividades de los personajes a la trama, mientras avanzaba, la autora fue liberando su escritura hasta debilitar tanto las estructuras narrativas que sus últimos libros “no pueden definirse como novelas en el sentido taxativo del género, sino por lo que no son”, dice a Télam la traductora Florencia Garramuño. Éstas “no tienen una estructura clara ni una trama definida, no hay intriga, los personajes se confunden entre unos con otros y si aparece la trama es interrumpida constantemente por la voz del narrador para reconstruirla”, describe Garramuño sobre la autora de “La pasión según GH”, obra cúlmine que se lanzará en septiembre en Argentina. Y si “Cerca del corazón salvaje” es el intento por construir una biografía, “Un soplo de vida” es la obra definitiva de Lispector, escrita mientras convalecía del cáncer que le provocó la muerte en 1977 y “nacida de un impulso doloroso que no podía detener”, señala Borelli al comienzo de la coedición. Estos títulos se suman a otros 14 de la cuidada colección de tapas duras y gruesas páginas de papel ecológico, compuesta por novelas, crónicas, cuentos y correspondencia privada . “Hacer una literatura sin literatura”, escribe Lispector, “tejer escritura, bordear lo indescriptible –dice la psicoanalista y poeta Laura Hana, especialista en la escritora ucraniana responsable de poner de cabeza buena parte las nociones sobre lo literario en el Brasil de los 70–, su escritura nos da el danzar y la musicalidad sin ninguna representación”: “Sólo me interesa lo que no se puede pensar: lo que se puede pensar es demasiado poco para mí”, transcribe una de las páginas de “Un soplo de Vida”. Lispector escapó a convenciones y etiquetas, su escritura guardó la cadencia ancestral nordestina de la tierra de infancia –su familia se instaló en Recife cuando ella tenía dos años– y su vida el quiebre y ritmo de la modernidad; con 40 años educó a sus hijos Paulo y Pedro, dejó un marido diplomático en Europa y los mantuvo con traducciones y crónicas que escribía para periódicos cariocas. Nacida el 10 de diciembre de 1920 en Ucrania –murió un día antes de su cumpleaños número 57 en Río de Janeiro–, es una de las pocas escritoras reconocidas en vida por sus pares de manera bastante colectiva –especialmente generaciones jóvenes y feministas–, aunque no disfrutaba mucho esa exposición. La recuperación planteada por Siruela-Grupal en Argentina incluye “Queridas mías”, correspondencia con sus hermanas Tania y Elisa; las novelas “Aguaviva”, “La lámpara”, “La hora de la estrella”, “La ciudad sitiada”, “Aprendizaje o el libro de los placeres” y “La manzana en la oscuridad”; así como “Cuentos reunidos”, la parte más variada de su obra. (Télam)


“Cerca del corazón salvaje” y “Un soplo de vida”, una novela que intenta olvidar la muerte y otra escrita en agonía por Clarice Lispector, se reincorporan a las librerías locales con cuidadas reediciones presentadas por el especialista en literatura brasileña Basilio Losada y por Olga Borelli, amiga de la autora. Se trata de la primera y última novela de Lispector, principio y término de un proceso en su escritura que signó a la literatura latinoamericana contemporánea y que en su intimidad tuvo que ver con una búsqueda de sentido más allá de la palabra. La propuesta de Grupal-Siruela deja seguir a una escritora que va metiéndose cada vez más hondo en su propia piel, pasando de un relato íntimo y personal a textos intravenosos, que convocan la más universal sensibilidad femenina. Si las primeras obras de Lispector fueron originales porque imponían la voz y subjetividades de los personajes a la trama, mientras avanzaba, la autora fue liberando su escritura hasta debilitar tanto las estructuras narrativas que sus últimos libros “no pueden definirse como novelas en el sentido taxativo del género, sino por lo que no son”, dice a Télam la traductora Florencia Garramuño. Éstas “no tienen una estructura clara ni una trama definida, no hay intriga, los personajes se confunden entre unos con otros y si aparece la trama es interrumpida constantemente por la voz del narrador para reconstruirla”, describe Garramuño sobre la autora de “La pasión según GH”, obra cúlmine que se lanzará en septiembre en Argentina. Y si “Cerca del corazón salvaje” es el intento por construir una biografía, “Un soplo de vida” es la obra definitiva de Lispector, escrita mientras convalecía del cáncer que le provocó la muerte en 1977 y “nacida de un impulso doloroso que no podía detener”, señala Borelli al comienzo de la coedición. Estos títulos se suman a otros 14 de la cuidada colección de tapas duras y gruesas páginas de papel ecológico, compuesta por novelas, crónicas, cuentos y correspondencia privada . “Hacer una literatura sin literatura”, escribe Lispector, “tejer escritura, bordear lo indescriptible –dice la psicoanalista y poeta Laura Hana, especialista en la escritora ucraniana responsable de poner de cabeza buena parte las nociones sobre lo literario en el Brasil de los 70–, su escritura nos da el danzar y la musicalidad sin ninguna representación”: “Sólo me interesa lo que no se puede pensar: lo que se puede pensar es demasiado poco para mí”, transcribe una de las páginas de “Un soplo de Vida”. Lispector escapó a convenciones y etiquetas, su escritura guardó la cadencia ancestral nordestina de la tierra de infancia –su familia se instaló en Recife cuando ella tenía dos años– y su vida el quiebre y ritmo de la modernidad; con 40 años educó a sus hijos Paulo y Pedro, dejó un marido diplomático en Europa y los mantuvo con traducciones y crónicas que escribía para periódicos cariocas. Nacida el 10 de diciembre de 1920 en Ucrania –murió un día antes de su cumpleaños número 57 en Río de Janeiro–, es una de las pocas escritoras reconocidas en vida por sus pares de manera bastante colectiva –especialmente generaciones jóvenes y feministas–, aunque no disfrutaba mucho esa exposición. La recuperación planteada por Siruela-Grupal en Argentina incluye “Queridas mías”, correspondencia con sus hermanas Tania y Elisa; las novelas “Aguaviva”, “La lámpara”, “La hora de la estrella”, “La ciudad sitiada”, “Aprendizaje o el libro de los placeres” y “La manzana en la oscuridad”; así como “Cuentos reunidos”, la parte más variada de su obra. (Télam)

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