Al país le falta mucho tiempo para ser una economía seria

22 ago 2018 - 00:00

Los efectos nocivos y muy duros que ha provocado la megadevaluación del peso sobre la población, con errores de política monetaria del Banco Central sumados a un frente externo muy complicado, hacen que en este momento la tormenta tenga turbulencias mucho más duras de las que se presumían hace dos meses atrás.

La Argentina es un país donde la economía trastabilla constantemente. A veces pueden pasar dos años, a veces cinco, incluso diez, pero siempre termina estrellándose contra la pared, y cada estruendo de esos son más pobres y menos desarrollo en el país.

En estos momentos hay números macroeconómicos que vuelven a alarmar: una caída del consumo, del poder adquisitivo, nula generación de empleo, más un balance fiscal y comercial que sigue siendo deficitario.

Este “cóctel explosivo” que padece nuestra economía se repite década tras década, desembocando siempre en un aumento de la inflación y mayores niveles de pobreza e indigencia en el país.

Cada gobierno, en las últimas décadas, le echa la culpa a la “herencia recibida”.

Y sí, esta herencia es parte de la tragedia diaria de nuestro país, en donde en la política local se mezclan idealismo y populismo por un lado y, por otro, lo que algunos llaman la “magia liberal”, es decir, que en función de la expansión económica el mercado se encarga automáticamente de “desparramar los beneficios de esa mejora”.

Mucho se ha hablado y se sigue mencionando el tema de la “grieta” en la sociedad y particularmente en la economía argentina. Y es verdad, esa fisura política e ideológica existe cada vez en forma más marcada.

Pero cuidado, la “grieta” en la Argentina se arrastra desde hace muchas décadas y quizás en estos últimos años se fue profundizando porque los discursos de los gobiernos de turno no respondieron en número concretos a lo que pregonaron.

La experiencia más reciente uno la puede ver con toda la gestión kirchnerista que, al margen de los cuadernos y todos los hechos de corrupción que se están comprobando, no fue capaz de responder en números concretos a lo que pregonaba “el manual” de ese gobierno.

Ficciones

Por eso se mintió durante muchos años en las cifras de inflación, de actividad económica, de consumo, hasta que finalmente en el 2013 se dejó de difundir los números de la pobreza, porque, según comentó un ex ministro del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, “Era estigmatizante”.

Pero también hay que ser sinceros y admitir que este gobierno tampoco ha podido responder en números concretos en la macroeconomía las promesas electorales y los presagios de sus funcionarios.

Fallos a la hora de trazar la política monetaria, errores de estimación de aumento de tarifas sobre la inflación y falta de previsión para lo que se venía desde el exterior, como es el aumento de la tasa de interés en los Estados Unidos y un mayor enfrentamiento comercial entre potencias económicas, hicieron desembocar a la economía argentina en otra gran devaluación y recurrir al salvataje del FMI.

Lamentablemente, los “vicios” de la política argentina están muy arraigados en los dirigentes, que siempre miran más el cortoplacismo de las elecciones que lograr una visión de mediano y largo plazo para desarrollar de a poco un modelo productivo y competitivo del país.

A pesar de los años de historia que ya tiene la Argentina, de las crisis recurrentes, las peleas y conflictos, el país sigue sin poder consensuar sobre aspectos básicos que hacen a su desarrollo. Acuerdos que sí pudieron lograr otras naciones, incluso países de la propia región latinoamericana.

Una menor emisión monetaria, equilibrio fiscal, tipo de cambio competitivo, baja inflación, con políticas de Estado orientadas para mejorar la salud, la educación y el sector productivo deberían ser las bases esenciales para un desarrollo sustentable y duradero.

Sin dudas, aún estamos muy lejos de poder acercarnos a un punto cardinal que pinte ese horizonte. Demasiado lejos.

A pesar de sus años de historia, de las crisis recurrentes, las peleas y conflictos, Argentina sigue sin poder consensuar aspectos básicos que hacen al desarrollo del país.

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