“Como si tuviera movilidad propia”
Los hechos delictivos contra la propiedad se han convertido en un lugar común, en noticias cotidianas que no generan mayor atención de la población. Sin embargo, cada tanto ocurre algún episodio que contradice esta monotonía y pasa a ser “noticia”, como es el caso del reciente robo de un misil TOW 2 del Escuadrón de Caballería Blindado 1 del Ejército Argentino en La Plata. El comunicado del Ministerio de Defensa para anunciar el hecho no habla de robo sino de “ausencia” del misil, utilizando una terminología eufemista y confusa que más parece destinada a disimular la gravedad de la circunstancia que a informar claramente a la población sobre lo ocurrido. Es cierto que esas expresiones elípticas y cerradas, que asemejan a códigos, son de práctica entre los militares, acostumbrados al ocultamiento y al camuflaje, pero injustificables en un caso como éste, respecto del cual están obligados a brindar información seria y veraz. Presentar la falta como una “ausencia” es tanto como decir que el misil se ausentó solo, como si tuviera voluntad y movilidad propia… se volatilizó, se fue, no se sabe. No es que alguien se haya tentado a llevárselo como si se tratara de un souvenir o un recuerdo; es un arma, por más que el comunicado diga que es “inoperable”. Además, es bueno recordar que ese aparato mide más de un metro, pesa 21 kilos, tiene un costo de 50.000 dólares y estaba en un cuartel, custodiado por guardias armados, lo que hace difícil –si no imposible– el acceso de particulares para sustraerlo, así como complejo su traslado y utilización o comercialización. Por esas circunstancias, más bien parece un trabajo de “cacos” internos y por encargo. No es la primera vez que desaparecen armas de los cuarteles: es válido tener presente el antecedente del robo de los cañones de 105 mm y los fusiles FAL durante el gobierno del presidente Menem (actual senador nacional) y la jefatura del general Balza (actual embajador en Costa Rica), legalmente negociados a Ecuador y a Croacia, sin olvidar la explosión de la fábrica militar de Río Tercero. Además, no se puede obviar que este hecho se produce en un momento especial del Ejército, cuando a su frente se encuentra un especialista en inteligencia como el general Milani, lo que hace más llamativa y sospechosa “la ausencia” del misil. Por la gravedad que el caso implica, resulta necesario su esclarecimiento de modo de impedir la tradicional impunidad que, en general, ha protegido los episodios mencionados y otros similares de robo de armas. Carlos Segovia, LE 7.304.065 Cipolletti
Carlos Segovia, LE 7.304.065 Cipolletti
Los hechos delictivos contra la propiedad se han convertido en un lugar común, en noticias cotidianas que no generan mayor atención de la población. Sin embargo, cada tanto ocurre algún episodio que contradice esta monotonía y pasa a ser “noticia”, como es el caso del reciente robo de un misil TOW 2 del Escuadrón de Caballería Blindado 1 del Ejército Argentino en La Plata. El comunicado del Ministerio de Defensa para anunciar el hecho no habla de robo sino de “ausencia” del misil, utilizando una terminología eufemista y confusa que más parece destinada a disimular la gravedad de la circunstancia que a informar claramente a la población sobre lo ocurrido. Es cierto que esas expresiones elípticas y cerradas, que asemejan a códigos, son de práctica entre los militares, acostumbrados al ocultamiento y al camuflaje, pero injustificables en un caso como éste, respecto del cual están obligados a brindar información seria y veraz. Presentar la falta como una “ausencia” es tanto como decir que el misil se ausentó solo, como si tuviera voluntad y movilidad propia... se volatilizó, se fue, no se sabe. No es que alguien se haya tentado a llevárselo como si se tratara de un souvenir o un recuerdo; es un arma, por más que el comunicado diga que es “inoperable”. Además, es bueno recordar que ese aparato mide más de un metro, pesa 21 kilos, tiene un costo de 50.000 dólares y estaba en un cuartel, custodiado por guardias armados, lo que hace difícil –si no imposible– el acceso de particulares para sustraerlo, así como complejo su traslado y utilización o comercialización. Por esas circunstancias, más bien parece un trabajo de “cacos” internos y por encargo. No es la primera vez que desaparecen armas de los cuarteles: es válido tener presente el antecedente del robo de los cañones de 105 mm y los fusiles FAL durante el gobierno del presidente Menem (actual senador nacional) y la jefatura del general Balza (actual embajador en Costa Rica), legalmente negociados a Ecuador y a Croacia, sin olvidar la explosión de la fábrica militar de Río Tercero. Además, no se puede obviar que este hecho se produce en un momento especial del Ejército, cuando a su frente se encuentra un especialista en inteligencia como el general Milani, lo que hace más llamativa y sospechosa “la ausencia” del misil. Por la gravedad que el caso implica, resulta necesario su esclarecimiento de modo de impedir la tradicional impunidad que, en general, ha protegido los episodios mencionados y otros similares de robo de armas. Carlos Segovia, LE 7.304.065 Cipolletti
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