Cómo viven los pobladores de uno de los pocos pueblos de Río Negro donde aún no llega el coronavirus

Pilcaniyeu está a solo 60 kilómetros de Bariloche. Tiene un millar de habitantes que tuvieron que modificar hábitos y costumbres por la pandemia. La mayor preocupación está en la zona rural, donde viven más de 400 personas y es muy difícil controlar.



Los habitantes de Pilcaniyeu tuvieron que adaptarse a vivir con la cuarentena. (Foto Alfredo Leiva)

Los habitantes de Pilcaniyeu tuvieron que adaptarse a vivir con la cuarentena. (Foto Alfredo Leiva)

El silencio sorprende a cualquier visitante en Pilcaniyeu. En este pequeño pueblo conformado por un puñado de manzanas, que está rodeado de una imponente meseta, no existe la rutina bulliciosa y agitada de la ciudad. Las pocas personas que caminan estos días de cuarentena por las calles amplias de esta localidad saludan de manera espontánea. Miran a los ojos. En este rincón de la Patagonia, donde vive un millar de habitantes, todos se conocen.

Pilcaniyeu está ubicado a unos 64 kilómetros de Bariloche. La serpenteante ruta nacional 23 comunica la ciudad cordillerana y el pueblo. Es un vínculo muy fuerte construido en décadas de historia.

Casi todas las familias tienen parientes en Bariloche. Sin embargo, la pandemia causada por el coronavirus obligó a tomar distancia. Y las autoridades del municipio resolvieron que la mejor manera de cuidarse era bajar la barrera para prevenir posibles contagios.

Cualquier persona que viaja a Bariloche, donde hay circulación comunitaria del virus, cuando regresa a la localidad debe cumplir con un aislamiento preventivo de dos semanas. Pilcaniyeu no tiene aún personas contagiadas.

El coronavirus cambió hábitos y costumbres muy arraigadas en la población. Sergio Marín asegura que lo que más extraña son las salidas al campo, con su esposa, sus dos hijos y su madre.

“Lo emocional es lo que más afecta”, sostiene, en el acceso al pueblo, donde hay un puesto de control. Allí, los camiones que arriban desde Bariloche dejan las mercaderías para los pequeños comerciantes locales. No pueden entrar al pueblo desde que comenzó la cuarentena.

Marín tiene un comercio y llegó a ese punto a retirar su pedido. Explica que los productos se desinfectan en su domicilio. Cuenta con nostalgia aquellas salidas que hacía con su familia los domingos a un campo, que tienen distante a solo 14 kilómetros. Era un esparcimiento necesario.

Nazael Cañumil extraña su programa en la FM Hueney, que está cerrada desde que comenzó el aislamiento obligatorio, porque se encuentra en el predio de la única escuela secundaria (ESRN 41) del pueblo. Desde hace semanas solo puede programar música.

El 10 de junio, la emisora comunitaria cumplirá 20 años y teme que si se mantienen las restricciones no podrán festejar aniversario. “En los tiempos normales trabajamos con alumnos del secundario y profesores que van a leer a la radio”, comenta. Y destaca el apoyo del director del colegio René Barriga.

Asegura que la gente le pide música. “Están cansados de las noticias porque es todo lo mismo o peleas”, explica. “Para el 25 de Mayo programé todo música folclórica para festejar en la casa”, cuenta.

Nazael Cañumil desde que empezó la cuarentena no pudo volver a hacer su programa de radio. (Foto Gentileza)

“Acá en Pilca, la gente no elige música extranjera”, aclara. “Tampoco vas a poner un tema de Damas Gratis”, advierte. A veces se cruza con algún abuelo o abuela que salió de su casa para ir a cobrar su jubilación o pensión y le agradecen la rancherita o la milonga que puso en la radio. Afirma que eso lo llena de satisfacción. “Porque dicen que les hizo recordar los viejos tiempos”, añade.

Fabian Pino camina de regreso a su casa, mientras sostiene con su mano derecha su bicicleta. “Extraño las salidas a Bariloche”, asegura. En esa ciudad tiene un hermano. “Antes de la cuarenta no paraba en mi casa”, sostiene. Y se marcha sonriendo. “Estamos bien acá porque no hay casos”, manifiesta.

Fabián Pino de retorno a su domicilio en Pilcaniyeu. (Foto Alfredo Leiva)

El intendente Néstor Ayuelef explica que no ha sido fácil el tema de controlar los viajes a Bariloche. Una de las excusas principales era ir a comprar mercaderías. Otra, viajar para adquirir los medicamentos. En Pilcaniyeu hay solo una farmacia que tiene lo básico.

El Concejo Deliberante sancionó la ordenanza que restringió los viajes a Bariloche. Prorrogó varias veces esa norma. Al tema de los medicamentos le encontraron la vuelta.

Ayuelef lleva cinco gestiones consecutivas como intendente. En tantos años sumó adherentes como detractores. Asegura que en lo que va de la pandemia pudieron trabajar bien con los gobiernos nacional y provincial. Pero advierte un problema. “Las normativas que hicieron están armadas para las grandes ciudades”, opina.

El intendente Néstor Ayuelef destaca el trabajo conjunto con las instituciones para enfrentar la pandemia. (Foto Alfredo Leiva)

Valora que en el pueblo no hay contagiados, pero admite que en la zona rural la situación “es incontrolable”. “Van a Bariloche y no sabemos con quién se juntan y regresan a sus casas sin cumplir ningún aislamiento y, después, vienen al pueblo y no le podemos impedir que ingresen a abastecerse”, explica.

Ayuelef aclara que la ordenanza no prohíbe que viajen a Bariloche, pero si van al regresar deben aislarse 14 días. Y destaca el trabajo conjunto con las instituciones locales para enfrentar la pandemia.

El Concejo Deliberante tiene 3 miembros. Sin embargo, solo dos están en la localidad, porque una concejala está varada desde marzo pasado en Mendoza. Pero participa de la actividad legislativa con la ayuda de la tecnología.

“Uno de los reclamos que recibimos es por el tema de los precios excesivos”, cuenta la concejala oficialista Carla Britos. Destaca que con el concejal de la oposición Carlos Navarrete (Frente de Todos) “hemos podido trabajar bien y en conjunto. No hemos tenido diferencias de partidos”.

Pilcaniyeu está a unos 60 kilómetros de Bariloche en plena meseta patagónica. (Foto Alfredo Leiva)

Ayuelef afirma que hay situaciones inesperadas que el municipio tuvo que afrontar estos días. Pagaron 52 mil pesos por el traslado de una persona que murió en Bariloche hasta el cementerio local. No hubo velatorio. Algo inédito en este lugar.

Es consciente que lo que viene será difícil. La mayor fuente de ingresos del municipio es la coparticipación que recibe desde la Provincia, que le enviaba unos 5 millones de pesos mensuales. Pero a partir de la pandemia, bajó 1,5 millón.

Dice que 120 personas dependen del municipio, entre el personal de planta permanente, política y contratados. Casi la totalidad de las viviendas de Pilcaniyeu tienen gas natural de red para enfrentar el crudo invierno patagónico. También luz y agua potable. Y las calles asfaltadas superan a las de ripio. Todo indica que este invierno será más duro en Pilcaniyeu.

“La época de las cenizas del volcán fue terrible para la zona”, recordó Ayuelef, en referencia a la erupción del complejo volcánico Cordón Caulle-Puyehue, el 4 de junio de 2011 y cuyas consecuencias se extendieron por muchos meses, sobre todo, la matanza de animales en los campos. “Pero no estaba en juego la salud como ahora”, advierte.

Daniela Cornejo se encarga de viajar a Dina Huapi a comprar los medicamentos para casi 60 personas. (Foto Alfredo Leiva)

Un trabajo silencioso y necesario

Durante los primeros días de la cuarentena obligatoria, varias familias viajaban a Bariloche a comprar medicamentos. Pero cuando las autoridades de Salud de la provincia advirtieron que había circulación comunitaria del virus en esa ciudad, creció la preocupación entre los pobladores y autoridades de Pilcaniyeu.

Daniela Cornejo es asistente social y secretaria de Desarrollo Social del municipio. Comenzó con la tarea de recolectar las recetas de las personas de Pilcaniyeu, para evitar que viajaran a Bariloche a comprar los medicamentos por el riesgo de contagio.

“Cuando ya no se pudo ir a Bariloche, opté por hacerlo en una farmacia de Dina Huapi”, explica. “Estoy yendo con recetas de 57 o 58 personas a comprarle su medicación”, afirma.

Al principio, recorría los domicilios en busca de las recetas. Ahora, las retira en el hospital local para ahorrar tiempo. “En la farmacia son cuatro o cinco horas que estoy, me quieren colgar porque llevo muchas recetas”, comenta.

No es un trámite sencillo. Hay que coordinar ademas con Pami y con otras obras sociales para no encontrarse con sorpresas. Cornejo hace esa gestión cada 15 días. Asevera que es una tarea que se debe hacer porque hay personas solas, discapacitados, jubilados o pensionados en el pueblo.

“Es más un médico que asistente social”, ironiza el intendente Néstor Ayuelef. “Me gusta mucho poder ayudar a la gente”, responde Cornejo.

También, coordina con los agentes sanitarios para llevarles la medicación que ellos entregarán a las personas de la zona rural. Son unos 11 parajes los que dependen de Pilcaniyeu. Están ubicados en zonas alejadas. Para llegar a algunos de esos lugares hay que cruzar mallines y caminos en mal estado.

Marcelo Graemiger es uno de los médicos del hospital de Pilcaniyeu. (Foto Alfredo Leiva)

La preocupación por la zona rural

Marcelo Graemiger es uno de los médicos del hospital de Pilcaniyeu. Y extraña las salidas a la zona rural. Está preocupado por lo que pueda ocurrir en esos parajes aislados, donde hay casi 500 personas.

“Hoy más que nunca los agentes sanitarios son los ojos nuestros”, destaca. Recuerda que todas las semanas salían para visitar a alguno de los pacientes en esos sitios. Pero la pandemia “nos cambió todo”. “Ahora, las salidas solo son por urgencias”, aclara Graemiger. “Para ver a un paciente ahora nos disfrazamos de astronautas”, sostiene, y larga una carcajada.

“Lo que tiene la zona rural es que vive mucha gente mayor y muchos no saben leer”, comenta. Admite que uno de los riesgos es la confusión de los medicamentos que deben tomar. Por eso, Graemiger valora el trabajo silencioso de losa gentes sanitarios que están en la primera línea.

Esa mañana de miércoles, personal del hospital había salido a primera hora en una ambulancia hacia el paraje Paso de los Molles, distante a unos 40 kilómetros, aunque por las condiciones de la ruta se demora algo más de una hora en llegar al lugar. Fueron a ver a Felisa Millapi, que es ciega y vive sola. El aviso alertaba que la mujer había sufrido un accidente. Cuando llegaron, Felisa estaba bien. Había sido una falsa alarma.


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