Con el premio a Meryl Streep, Hollywood resuelve una gran paradoja

La actriz estadounidense se impuso como “mejor actriz” por su personaje de Margaret Thatcher. No ganaba un Oscar desde los 80.

Por Redacción

Por Astrid Riehn (dpa) Hollywood logró finalmente resolver una de sus grandes paradojas: Meryl Streep, “la” actriz estadounidense de los últimos 30 años y para algunos, la mejor de todos los tiempos, la que contaba con más nominaciones al Oscar en toda la historia -17- pero que sin embargo no se lo llevaba a casa desde los 80, logró este domingo alzarse con la estatuilla por su personificación de la primera ministra británica Margaret Thatcher en “The Iron Lady”, de Phyllida Lloyd.

Hace casi 30 años que Streep no se quedaba con el Oscar, y eso que, desde 1980, cuando lo ganó por primera vez como actriz de reparto por “Kramer vs Kramer” -el segundo y último había sido en 1983 como actriz protagónica por “Sophie’s Choice”-, no pasaron hasta la fecha más de cinco años sin que estuviera nominada.

Si bien Streep había ganado unas semanas antes el Bafta y el Globo de Oro por su interpretación de la “dama de hierro” -en este último premio también detenta un récord de nominaciones, 25 en total-, el hecho de haberse quedado con la distinción de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood no era garantía de nada. En el pasado, la actriz de “Julie & Julia” había ganado siete veces el Globo de Oro y sólo dos veces éste coincidió con el Oscar.

Streep se dio el lujo de personificar todo tipo de mujeres en más de 60 películas: frías, confundidas, valientes, sufridas, frívolas, enamoradas, sin escrúpulos. Sin embargo, fue su interpretación de la controvertida dama que condujo con mano de hierro el destino de los británicos durante la década del 80 la que le valió el tercer Oscar de su carrera.

Trabajó junto a otros “grandes” del cine como Robert Redford, Clint Eastwood y Robert De Niro y actuó bajo las órdenes de directores como Woody Allen (”Manhattan”), Sydney Pollack (”Out of Africa”), Robert Zemeckis (”Death Becomes Her”), Spike Jonze (”Adaptation”) y Robert Altman (”A Prairie Home Companion”). Y sin embargo, sigue sin poder explicar el secreto de su éxito. “La actuación es un misterio”, confiesa. Para ella, los actores son simplemente “personas que pueden despertar fácilmente cosas que están en todos nosotros”.

A lo largo de su carrera entregó actuaciones memorables, como la Sophie de “Sophie’s Choice”, una madre polaca que debe decidir en un campo de concentración cuál de sus dos hijos ha de morir; la atribulada Francesca de “The Bridges of Madison County”, un ama de casa tironeada entre un matrimonio abúlico y la pasión que despierta en ella la breve visita de un fotógrafo al pueblo o la matriarca de “La casa de los espíritus”, Clara Trueba.

Sorprendió, una vez más, con su personificación de Miranda Priestley, la implacable editora de una importante revista de moda, en “Devil Wears Prada”, con su protagónico en el musical “Mamma Mia!”, donde se dio el gusto de saltar, cantar y bailar los éxitos de Abba enfundada en pantalones de spandex o como la severa hermana Aloysius en “Doubt”.

En pareja desde hace más de 30 años con el escultor Don Gummer, con quien tuvo cuatro hijos que hoy día oscilan entre los 20 y los 30 años, se mudó con su familia a Connecticut, en la costa este de Estados Unidos, la acera de enfrente de la industria cinematográfica.