Concha García: la reivindicación de la poesía

La escritora y poetisa española, que participará del encuentro literario en Roca, defiende el lugar de los versos en la vida cotidiana y también para hacerles frente a los horrores del mundo.

Por Redacción

Concha García visitará nuevamente Roca para participar en la 4ª Feria Patagónica del Libro, organizada por Fundación Cultural Patagonia, que comienza mañana.

Nacida en 1956 en La Rambla, pequeño municipio español de Córdoba, Andalucía, es más que escritora y poetisa. Actualmente reside en Barcelona, donde llegó de niña junto a su familia y se licenció en Filología Hispánica por la universidad local, colaboró con diarios, es fundadora del Aula de Poesía barcelonesa y de la Asociación Mujeres y Letras. Es autora de “Árboles que ya florecerán”, “Cuántas llaves” y las antologías “Poesía de la Patagonia” y “En el revés del cielo – poesía española y argentina contemporánea”, “Noreste, Extremos Sur – poesía catalana contemporánea”, editada en Comodoro Rivadavia; el diario de viaje “La lejanía. Cuaderno de Montevideo”; y co-traductora de la obra de la austríaca Ingeborg Bachmann.

“Me interesó siempre el territorio de Patagonia porque en España, al menos para mí, era la metáfora de la lejanía, un lugar donde nunca se llega, dónde intriga qué puede haber. Pues eso, una metáfora… La metáfora se fue convirtiendo en algo muy real, por empatía y un gran afecto que llegó a través de los poetas, pero también de las personas que fui encontrando en los diversos territorios que he ido conociendo, desde Bariloche hasta Ushuaia, Río Gallegos, Río Grande, Puerto Madryn, Neuquén. Siempre que he podido, he cruzado para allá”, dice Concha a “Río Negro”, pantallas de computadoras mediante, desde su casa barcelonesa.

–Revisando el cronograma de actividades que vas a realizar en la 4ª Feria, es mucha tu actividad y diversa: dos talleres, dialogarás con lectores, vas a presentar el documental “Entre dos orillas”.

–Creo que las ocasiones son únicas y no rechazo nada que me apetezca tanto como dar un taller de poesía, una conferencia sobre la huella en la escritura poética, donde interrelaciono mi poesía con la de poetas de Patagonia. Y habrá además un documental que trata de seis poetisas del Río de la Plata, del Cono Sur entre Uruguay y Argentina. Y hay dos de Patagonia muy interesantes y muy queridas, Graciela Cros y Niní Bernardello.

En Argentina y en España, las noticias, los malos presagios de índole político-económica abruman, y abundan en los medios de comunicación los lenguajes técnicos, agresivos, dolorosos… La poesía, cargada de metáforas, de sutilezas, es la contracara de todo eso.

–Sí, siempre será un contradiscurso y un lugar donde el lenguaje nos lleva a ámbitos que ni sospechábamos, íbamos a encontrar. Es totalmente alérgico a los discursos de poder cada vez más instaurados en nuestras vidas, desde la misma televisión hasta los sermones políticos. Es una gran suerte que todavía haya festivales de poesía y que ésta circule.

Recorté un poema tuyo publicado en el 2008. Te lo leo: Una especie de mí que no soy yo / deja perpleja la estela de la tarde / en esos extraños recorridos / donde el labio estanca su decir. ¿Los recordás?

–Perfectamente. El labio estanca su decir porque la palabra no puede expresarlo todo, no? Ya desde el psicoanálisis hasta la filosofía alemana de principios de siglo pasado, por ejemplo Wittgenstein, ya lo dice. A mí me da un poco lo mismo que lo digan los filósofos. Yo creo que no es posible decir todo y en ese intersticio en el que no se puede decirlo y algo se dice, encontramos el poema.

–Me parece que esos cuatro versos definen la manera en que te expresás.

–Mmm… Sí hoy me definen. Solo que las definiciones son cambiantes y además recorren varias intensidades en nuestra vida. Evidentemente, no somos aquellos que fuimos, con veinte, treinta años, y mi poética subraya el paso del tiempo y el cambio de almas, por decirlo de alguna forma. No desde el punto de vista religioso ni mucho menos, sino en lo que nos vamos trasformando, Y eso es la punzada de mi poética. La poesía va llevando a sitios donde nunca has estado, pero al visitarlos, forman parte ya de ti. Y no solo lugares geográficos, como la Patagonia porque ahora mismo esa metáfora es casi absurda, por los aviones y los medios de comunicación, sino los ámbitos donde una se siente próxima.

–Hablaste del tiempo, omnipresente en tu obra….

–El tiempo es una invención, como todos sabemos, notamos y notamos que pasa, pero en realidad su contabilización está relacionada, según creo, con la contabilización del trabajo y del dinero, de lo que se puede ganar y perder. Entonces, cuando el tiempo es solo una secuencia de nuestra realidad que, me parece, abarca más aún, redunda en todo lo que hacemos. Fíjate, no hay un tiempo progresivo ni regresivo. Como podría decir la filosofía zen, que después retomaron (Gilles) Deleuze y (Félix) Guattari en “Mil mesetas”, es una conjunción, una totalidad. Y en ese todo, no místico ni religioso, sí una especie de misterio hermoso, ya no es una metáfora de la lejanía sino de lo real.

–Tiempo es dinero, dice una difundida frase, más impuesta que otras que lo definen de manera más bella, sensible, amorosa…

–Buscar esto último es parte del trabajo de quienes construyen o hilan poemas. Es la tarea de los poetas y no solo de la poesía escrita… También está en la calle, allí donde una se plantea concienzudamente si lo que estamos viviendo es lo que queremos vivir. Está donde no entra el horror. Por ejemplo, el que se está viviendo en Europa con la llegada de todos los inmigrantes, y desde hace muchos años, pero de estas oleadas grandes de Siria, de Medio Oriente, a causa de las guerras, o quienes vienen de África. Ahí me pregunto ¿dónde está la poesía? ¿Qué poesía se puede percibir desde esos ámbitos? Entonces, vamos a desmitificarla un poco: No es el lugar de la belleza y del todo está bien, si no que también recoge esos momentos, como hizo Mandelshtám cuando fue deportado. Se suicidó por culpa de la prisión que sufrió con Stalin… O sea, hay una poética que reivindica la esencia humana, aparte totalmente de esa idea de belleza. Ahí podríamos plantearnos cuando Adorno dijo después de Auschwitz, no se puede escribir poesía. Pues, hay que seguir escribiéndola porque es una forma de percibir el mundo. Sí, tenemos un tiempo limitado que debemos gozar y una forma de hacerlo es la poesía en sus poliédricas miradas. (ER)

4ª Feria Patagónica del Libro de Fundación Cultural patagonia


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