Consultorio trans y el valor terapéutico de la sala de espera

El dispositivo funciona en el hospital viejo de Cipolletti desde 2017. Usuarios y equipo de trabajo describen su importancia de contar con un espacio privado.



Actualmente la espera para la atención es un espacio público.  Para el dispositivo la privacidad es esencial.

Actualmente la espera para la atención es un espacio público. Para el dispositivo la privacidad es esencial.

“Tengo 43 años, llevó tres de changüí”, bromea Adriana y suelta una sonrisa para maquillar la realidad que vive el colectivo trans. La expectativa de vida ronda las cuatro décadas producto de la mala calidad de vida como consecuencia de la falta de acceso a casi todas las esferas de la sociedad; trabajo, educación, salud y especialmente la sociabilización. El estigma social los margina, los excluye, los mata.

Hace un par de años Cipolletti abrió un consultorio inclusivo integral. Allí, dos horas por semana, un equipo interdisciplinario trabaja con usuarios de la región para que tengan acceso a la salud “sin discriminación”.

Pero el dispositivo no se limita a la atención médica, también se pone el foco en aspectos sociales. Hace meses que reclaman un espacio privado para la sala de espera. Se trata de un lugar más importante de lo que parece. Allí se tejen vínculos, historias y se crea un ámbito amigable, especialmente con las personas trans que tienen su primera experiencia con la salud. Muchos llegan al consultorio sin haber pisado un hospital en toda su vida.

“Es un espacio re lindo, porque te encontrás con tu pares, con personas con las que te identificás. Podés contar las mismas historias, hacés catarsis. Contás tu experiencia y no estás tan sola. En este espacio se puede prologan la expectativa de vida de las personas trans”, relata Adriana que vive en Cipolletti y es una de las pocas trans de la región que tiene un trabajo registrado, es empleada municipal. El municipio de Cipolletti tiene un cupo trans pero tiene vacantes.

El consultorio funciona los miércoles de 14 a 16 en el hospital viejo de Cipolletti. Hace meses, por refacciones, perdieron la privacidad de la sala de espera. Después de varios meses consiguieron un espacio que están acomodando para volver a contar con ese lugar que los usuarios definen como “terapéutico”.

“Realmente es así. Es un lugar donde compartimos nuestras experiencias, nos sentimos más acompañados. Te sentás con personas que se encuentran con la misma situación, te orientan y te ayudan a sentirte mejor. Hablamos de lo que nos pasa a diario”, explica Luca, que tiene 21 años, vive en Neuquén y es usuario desde hace cuatro meses. Se enteró del consultorio amigable en Cipolletti, como tantos otros, por un amigo. Así se promociona el espacio de salud pública que recibe consultas de toda la región; desde Catriel hasta Huergo y Cutral Co.

“Es un lugar seguro, te tratan como vos querés que te traten. Hay personas muy informadas en muchos sentidos”, cuenta Luca que asegura que son pocos los lugares donde puede sentirse “seguro”. Ayuda a su hermana con el cuidando a sus sobrinos y dice que acceder a un trabajo formal “es muy complejo”.

Este lugar ayuda a prologar la expectativa de vida de las personas trans. Es un espacio importante para nosotras”.

Adriana, usuaria del consultorio amigable hace dos años.

“El proceso que estoy atravesando hizo que tuviera que relegar otras cosas como el estudio y el trabajo porque no quiero exponerse a situaciones de discriminación”, dijo. Además del consultorio inclusivo Luca encontró en un coro de Neuquén un lugar para expresarse y poder sociabilizar. “Ahí también me siento cómodo y puedo participar”, relata.


El rol de la sala de espera no fue azaroso, se copió de un dispositivo de Chivilcoy. El equipo captó rápidamente la importancia de contar con ese espacio para contener, generar lazos y confianza, algo que los usuarios aseguran no encontrar en los centros públicos y privados convencionales.
Sin la sala privada se perdió intimidad y un lugar de interacción que hoy reclaman.

Actualmente cuentan con una sala de espera compartida, abierta y las conversaciones, con mate de por medio, se fueron diluyendo. “Las charlas ahora son mas individuales, hay otras personas no allegadas. O tenemos que hablar en voz baja. Es muy importante ese espacio”, detalla Matheo de 24 años. El joven de Centenario es cocinero en una pizzería y se está por recibir de ingeniero en la UNC.

Las charlas ahora son más individuales o tenemos que hablar en voz baja. Es muy importante ese espacio para nosotros”.

Matheo, lleva más de un año y medio asistiendo al consultorio.

“Es un lugar donde compartimos nuestras experiencias. Hay personas que te orienta y te ayudan a sentirte mejor”.

Luca, conoció el dispositivo por un amigo y comenzó hace cuatro meses.


Al consultorio llegan muchos adolescentes con sus padres, la sala da espera también es importante para el entorno de los usuarios que llegan por primera vez a la consulta. “Siempre compartimos en ese espacio con los menores el acompañamiento con los padres, para que pregunten, es un lugar de consulta. Los padres se empiezan a sentir más tranquilo cuando otros relatan sus experiencias”, agrega Matheo.


El dispositivo está integrado por un equipo interdisciplinario que lo conforman tres médicos, una psicóloga, una trabajadora social, una comunicadora social y estudiantes de Medicina.


El consultorio es un proyecto de la UNC que integran la Facultad de Medicina y el hospital. La demanda supera ampliamente la oferta por lo que es necesario la creación de otros espacios en la provincia. A fines del año pasado se inauguró uno en Roca.

“La demanda es mucha y creciente. Van surgiendo usuarios nuevos. Llegan varios adolescentes, y personas que nunca se habían acercado al sistema de salud. Es importante que se abran otros espacios”, detalla Victoria Alfonso, integrante del dispositivo.


“En la sala de espera común todos están con sus celulares, es otra cosa. En este espacio podíamos sociablizar, se preguntaban cosas, como el trámite de DNI. Era un espacio rico par compartir que tiene que ver con la transición, ahora es un lugar muy expuesto”, describe Natalia Fernández, médica del consultorio.

El Municipio tiene cupos vacantes

El municipio de Cipolletti cuenta con una ordenanza de cupo trans. Según la norma, que se puso en vigencia el año pasado, el 1% de la planta está reservado para personas trans.

Sin embargo hay solo dos empleadas y hay más de 13 vacantes. Desde el área de Recursos Humanos indicaron que trabajan a demanda, es decir que las personas trans pueden solicitar empleo.


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