Consultorios en jaque

Por Carta de lector

Por siglos nos hicieron creer que la salud no tiene precio y quizás sea así, pero lo que sí tiene precio es nuestro trabajo. Somos médicos que hicimos un juramento de preservar la vida y salud de nuestros pacientes, pero el mismo juramento hipocrático nos obliga a asistir a los colegas y recoger “los frutos de nuestro arte”.

Hoy día encontramos que estos frutos son magros, y que otros colegas le ponen precio a nuestros servicios. Este arancel pone en peligro nuestra forma de vida, atenta contra el desarrollo de nuestra vocación y, por lo tanto, la atención de nuestros pacientes.

La asimetría de poderes nos impide discutir el costo del mismo, llevando a imponer precios arbitrarios y lejanos a la realidad, a nuestra realidad.

Para colmo los médicos estamos algo alejados de las normas administrativas que rigen cualquier empresa, y hoy día un consultorio oftalmológico tiene una inversión superior a las de muchas pymes.

En este marco, a diferencia de otras especialidades que necesitan un estetoscopio y un martillo, nosotros tenemos una inversión inicial de, por lo menos 10.000 dólares para abrir la puerta de la consulta. Esos 10.000 subirán a X decenas de miles de dólares de acuerdo a la complejidad.

Con la llegada de la pandemia y el brutal freno, los oftalmólogos mantuvimos una infraestructura muy pesada y pagamos esos costos con nuestros ahorros.

Hubo un tiempo donde el precio era superior al costo, pero en la actualidad nuestros costos están por arriba de lo que nos están pagando.

Los consultorios corren peligro. Necesitamos que los aranceles estén acordes con nuestras inversiones, costos y servicios.

Omar López Mato,

(MN 59216) médico oftalmólogo

Juan Manuel Ibarguren, Magister en Administración de Servicios de Salud

BUENOS AIRES


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