Copa América de la educación
educación superior gratuita
Miles de profesores y estudiantes chilenos marcharon el día previo al inicio de la Copa América en reclamo de una mayor participación en la reforma educativa impulsada por Michelle Bachelet.
Bajo el lema “Ganar el partido por la educación”, una extensa columna de manifestantes marchó por la avenida Alameda, al fragor de tambores, gritos y carteles característicos del movimiento estudiantil chileno.
La marcha concluyó con incidentes entre los manifestantes y la policía, que usó carros hidrantes y gases lacrimógenos para dispersar a los peticionantes. Como respuesta, los carabineros recibieron pelotas de colores, en obvia alusión al torneo continental de fútbol que se juega en el país trasandino.
La protesta reaviva los masivos reclamos que la presidenta comenzó a recibir en el año 2006 durante su primera gestión.
El tema educativo pasó así a ser parte sustancial de la plataforma de gobierno que la mandataria utilizó para volver a la Moneda.
Pues bien, la comunidad universitaria no está dispuesta a ceder al pedido de recuperación de aquellos derechos que les fueron arrancados por la dictadura de Augusto Pinochet.
En 1981 el régimen militar eliminó la educación superior gratuita. A partir de allí, los alumnos que no tienen recursos económicos debieron pedir créditos al Estado o a los bancos para poder estudiar.
En 1990 Pinochet promulgó la denominada Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), que redujo el rol del Estado en la educación al de un mero regulador y promovió el lucro, de la mano de la enseñanza privada.
Las escuelas públicas pasaron a la órbita de las municipalidades, disminuyendo su calidad de enseñanza. Así el 25% del sistema educativo pasó a ser financiado por el Estado, mientras que el 75% restante provino de los aportes de los estudiantes.
La gratuidad educativa sólo está garantizada en el nivel básico. A partir del secundario, las escuelas pueden cobrar cuotas. En tanto, todas las universidades -tanto las públicas como las privadas- cobran aranceles.
Tal realidad provocó que en el nivel superior surgieran una treintena de universidades privadas, que al día de hoy captan alrededor del 60% del alumnado.
La necesidad de recurrir al crédito universitario por parte de buena parte de la juventud chilena, llevó a que ésta quede endeudada una vez titulada, ya que se debe devolver lo prestado a partir del primer empleo.
La desigualdad que a la postre genera el sistema fue causa de numerosas protestas estudiantiles durante el gobierno de Sebastián Piñera, quien resistió los embates, fiel a su lógica neoliberal.
Un costado interesante del fenómeno es que quienes reclaman son, en su mayoría, hijos de la democracia. Sin cicatrices de represión y con una mirada mucho más desprejuiciada que la de las generaciones anteriores, confían en poder conquistar definitivamente dos viejos anhelos: la educación superior gratuita y una carrera docente digna.
Es de esperar que durante la Copa América se repitan nuevas manifestaciones para que la comunidad internacional tome conocimiento de la problemática chilena. Mecanismo que busca, a su vez, generar la presión suficiente para que las promesas preelectorales del socialismo se transformen de una buena vez en realidad.
De tal modo el movimiento estudiantil machaca sobre la mandataria chilena, quien quiere una Copa América impecable, sin sospechas de corrupción, tras el escándalo del “FIFAgate” y la denuncia de tráfico de influencias que pesó sobre su propio hijo.
Mancha que ha pesado gravosamente sobre su nivel de popularidad y que la ha condicionado a recuperar credibilidad pública. Prueba evidente de ello fue su contundente orden de votar contra Joseph Blatter en la bochornosa elección de la FIFA.
La sociedad chilena da así una muestra más de su madurez. No sólo al elegir sucesivas gestiones de diferentes signos políticos, sino al controlar a sus gobernantes y obligarlos a actuar responsable y honestamente.
La juventud en este aspecto ocupa un rol esencial para proyectar el futuro, sin olvidar el doloroso pasado. Como símbolo de ello hay una tribuna del Estadio Nacional de Santiago de Chile que permanecerá vacía durante todo el desarrollo de la Copa América.
Tal homenaje será en memoria de las víctimas de la dictadura, en un lugar que fue utilizado como campo de tortura y de muerte. En el acceso a dicho sector una frase reza: “Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro”.
La universidad chilena atraviesa, así, su más convulsionada adolescencia. Su sociedad, en cambio, una saludable adultez, de la que debiéramos aprender a la hora de “marcar la cancha” a los gobernantes.
Marcelo Antonio Angriman
Abogado. Profesor nacional de Educación Física
marceloangriman@ciudad.com.ar
Marcelo Antonio Angriman