Copacabana fue como una torre de Babel
clima de fiesta
Con la llegada de Francisco en la mañana de ayer a Copacabana, el campamento playero se transformó en un inmenso templo a cielo abierto, con oleadas de fieles y peregrinos que llegaron desde todas las direcciones para incorporarse a la festividad religiosa, alcanzando más de tres millones de personas, según el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi. Indicó que fue la segunda jornada de la juventud más grande desde la de Filipinas en 1995, que logró juntar a cinco millones de personas. Fue una fiesta como nunca ha visto la célebre playa, de la que los cariocas se jactan de tener la mayor celebración de año nuevo del mundo, con entre 1 y 1,5 millones de personas cada vez. Como en la torre de Babel, en sus arenas se escuchaba cantar en portugués, rezar en polaco, las conversaciones iban y venían en inglés, francés, árabe o chino. La falta de preparación para tal multitud se hizo evidente en la cantidad de basura producida, que desbordó los depósitos de desechos y dejó las calles y aceras llenas de botellas plásticas, envolturas y restos de comida. Hasta los baños portátiles distribuidos a lo largo de la playa estaban colapsados, obligando a muchos peregrinos a caminar grandes distancias en busca de un sanitario utilizable. Nada de eso desanimó a una juventud entusiasmada de encontrarse con su pastor, quien los sedujo con sus gestos simples, su hablar suave y su deseo de salir a su encuentro. (AP)